Nicaragua ...en cada lugar...algo especial....
 

 

EL "TERROCARRIL" DE MATAGALPA
(El primer vehículo automotor de Matagalpa. Año 1905) Por: Eddy Kühl

A fines del siglo pasado, a partir de 1854, inmigrantes europeos y norteamericanos fundaron las primeras haciendas de café en Matagalpa y Jinotega.

Muchos de estos pioneros , así como nicaragüenses recibieron tierras del gobierno con la condición de sembrar café. Ellos escogieron los montañas mas altas porque sabían que a mas de 1,000 metros de altura el café se desarrollaba de mejor calidad, nombraron muchas veces a estas haciendas con nombres de su lugar de origen, así todavía vemos nombres sugestivos en los picos mas altos de la cordillera Dariense e Isabelia.

Al comienzo acarreaban el café desde sus fincas a Matagalpa a lomo de mula, y en carreta de bueyes desde Matagalpa hasta la ciudad de León, donde transbordaban la carga al Ferrocarril del Pacifico, ya existente en esa época, para llevarlo al puerto de Corinto.

Fundan la Compañía de Transportes de Matagalpa.

A iniciativa del americano William De Savigny se reunió un grupo de accionistas nicaragüenses de inmigrantes europeos y norteamericanos para fundar una sociedad que llamaron " Compañía de Transportes de Matagalpa". Ampliaron y mejoraron parte de la trocha que ocupaban las carretas de bueyes entre Matagalpa y León e hicieron un desvío que lleva directamente a La Paz Centro. Importaron de los Estados Unidos una máquina locomotora a vapor con seis vagones . Trajeron las piezas hasta La Paz Centro donde don Otto Kühl, Gus Frauenberger y Nicolás Delaney armaron la maquinaria con los vagones, y la trajeron en Triunfo a Matagalpa.

Un vagón era para llevar leña necesaria para la caldera, y el resto para llevar la carga.

Fué en una memorable ocasión del 5 de Abril de 1905 cuando la máquina entró triunfante en la ciudad de Matagalpa, por sus propios medios. Llevaba la banderas de Nicaragua, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Contaban los testigos que la ciudad de Matagalpa se vistió de gala ese día para recibir a estos pioneros que trajeron la primera máquina automotora en la historia de Matagalpa.

" Terrocarril", lo llamaban porque era como un ferrocarril pero que rodaba sobre la tierra en vez de rieles de acero, viajaba de Matagalpa hasta La Paz Centro donde se conectaba con el Ferrocarril del Pacífico de Nicaragua que habían comenzado los gobiernos conservadores del periodo "de los treinta años". El gobierno liberal del Gral. Zelaya, de 1893 a 1909 continuó el ferrocarril y lo conectó hasta Corinto, de allí el café era embarcado a puertos de Europa.

Como no existía el canal de Panamá, el cual no fue terminado sino hasta 1914, los barcos salían del puerto de Corinto por el Océano Pacífico iban hasta el Cabo de Hornos en Sur América, donde pasaban al Océano Atlántico hasta llegar a los puertos de Nueva York, Londres, Hamburgo, Rotterdam, y Trieste.

El "Terrocarril" hacía su viaje de Matagalpa a La Paz en cinco días en verano, y en ocho días en invierno

La empresa tuvo poca duración porque la pesada máquina se hundía en los arcillosos caminos de entonces, mulas cargadas de carbón y agua le tenían que asistir para que prosiguiera su aventurado camino. Por un tiempo el administrador fue don Jorge Schmidt y después Franz Puschendorf.

Cuando la aventura fracasó la locomotora y algunos vagones fueron traídos a Matagalpa y estuvieron guardados en el patio de la compañía "Matagalpa Power" de John Willey localizada en la entrada a Matagalpa, cerca del puente de la salida a León ( Ahora le llaman salida a Managua). Don Humberto Aráuz quien falleció en 1997 a los 94 años de edad contaba que cuando él era un niño había jugado encima de los vagones del Terrocarril en ese patio, a las ruedas posteriormente les quitaron los rayos de madera y los usaron los aros para forrar paredes de pozo de agua. Don Jaime Castro Cano , padre del actual alcalde recuerda haber visto restos del Terrocarril en la Cuesta de La Tinajas cerca de la Mina La India cuando el viajaba de Matagalpa a León montado a Caballo en 1936.

DOMINGO 10 DE JUNIO DEL 2001 /  La Prensa

Gente Nuestra — Cosas Veredes Sancho Amigo
El “Terrocarril”, la odisea del café nicaragüense 

    Sobre los acontecimientos que vamos a narrar se prepara la edición de un álbum histórico que incluirá 62 fotografías de distintos lugares de la Nicaragua del siglo pasado, tomadas por el alemán Jorge Schmidt 

El famoso “TERROCARRIL” que en 1903 efectuaba el tráfico de carga y pasajeros entre Matagalpa y La Paz Centro. (Colección E. Kühl).

Mario Fulvio Espinosa 
 Hace algunos años se presentó en Managua la película “Fitz Carraldo”, en la que se presentaba con ribetes espectaculares la odisea de un iluminado colono alemán de Manaos, Brasil, que amante del “bel canto” cumplió la odisea de construir en plena selva amazónica un teatro de ópera igual o mejor que los de Europa. 

El episodio central de la cinta muestra a miles de indígenas abriendo un camino entre selvas y montañas, para halar después con gruesos mecates el barco en el que llegaría la Compañía Lírica Italiana que inauguraría el famoso local. 

Fantasía o realidad, lo cierto es que el Teatro de Ópera Amazonas, de Manaos, fue construido con las contribuciones de los Cien Barones de la Goma Elástica (Hule), que controlaban entre 1890 y 1920 la economía del área. Ellos, con aires de “nuevos ricos”, se regalaron este antojo que todavía asombra a la humanidad.

“Fue admirable la hazaña de Fitz Carraldo al atravesar parte de la selva amazónica arrastrando un barco... Pero los alemanes que vivían aquí en el siglo pasado, llevaron a cabo otra mejor: armaron un ferrocarril de ocho vagones, lo trajeron halando desde la Paz Centro, y atravesando selvas y montañas lo subieron hasta Matagalpa, a 1,300 metros sobre el nivel del mar”. 

En el Hotel Selva Negra hemos tocado uno de los temas más sensibles para el ingeniero Eddy Kühl, la hazaña del TERROCARRIL. “Tan grande, que algunos dicen que fue un capricho de excéntricos, pero tan real que todavía quedan por ahí reliquias de aquel artefacto que vino a impulsar la industria del café en Nicaragua”. 

LUIS ELSTER, LA HISTORIA DEL CAFÉ 

Según el ingeniero Kühl, hasta 1858 en Matagalpa no había café. Las montañas y picos de las cordilleras Isabelia y Dariense estaban cubiertas de selvas vírgenes habitadas en sus partes bajas por indígenas que cultivaban maíz, frijol y verduras. 

Sin embargo, a raíz del descubrimiento de oro en California (1848), y de la apertura de la Compañía de Tránsito de Mr. Vanderbilt, ya desde 1852 pasaban por nuestro país muchos europeos, en su mayoría alemanes, que buscaban mejorar su suerte en los yacimientos auríferos californianos. 

Por ese tiempo se apareció por aquí un alemán llamado Luis Elster, quien al darse cuenta de que en California se estaba agotando el oro, preguntó si aquí había yacimientos de ese metal, le dijeron que había uno allá por San Ramón. Ni corto ni perezoso alistó su carreta de bueyes y en ella entró a Matagalpa junto con su esposa, doña Catherine Brown, logrando fundar en 1858 la hacienda La Lima. 

Parece que Elster encontró algunas pepitas del preciado metal, así que alistó su mula y bajó a venderlas a León, de regreso trajo algunas frutas del café que ya se cultivaba en Las Sierras de Managua, y se las regaló a su esposa que en lugar de bebérselas las sembró en su huerto. 

Fue exitoso el ensayo de doña Catherine, y al poco tiempo otros inmigrantes alemanes, ingleses y norteamericanos empezaron a fincarse en Matagalpa para sembrar café, entre ellos don Alberto Fogel, William De Savigny, Gus Frauenberger, Otto Kühl, Luis Elster, Alex Potter, Alejos Sullivan, los Kraudy, los Travers, los Bolt y los nicaragüenses Francisco Amador, Cosme Pineda y Nazario Vega, entre otros. También fue por influencia europea que las fincas recibieron nombres como Bavaria, Alsacia, Sajonia, Germania y Algovia. 

Llegaron a vivir a Matagalpa alrededor de 35 familias, que sacaban el café a lomo de mulas en “recuas”, decía Tomas Gage-, hasta León donde se almacenaba en las bodegas de don León Leiva. De León, salía el grano en ferrocarril hasta Corinto. 

Sin embargo, durante la estación lluviosa las mulas se pegaban en el barro, así que una alternativa fueron las carretas de bueyes, animales que por tener cascos más abiertos no se hunden en el suampo y se cansan menos que las mulas. 

LA ODISEA DEL TERROCARRIL 

En 1902 los cafetaleros organizaron la Compañía de Transporte de Matagalpa para solucionar de alguna manera el problema del traslado del café. Compraron una locomotora en Alemania la cual trajeron en barco hasta Corinto, esa nave tuvo que dar la vuelta por el Cabo de Hornos, ya que en ese tiempo no existía el Canal de Panamá. 

“Le tocó a mi abuelo, que era mecánico, y a don Gus Frauenberger, viajar a Corinto para desembarcar y armar la locomotora y los ocho vagones que integraban lo que ellos llamaron el TERROCARRIL o Ferrocarril sin Rieles”, explica Kühl. 

“A la máquina de vapor se le adaptaron ruedas tractoras, detrás del convoy siempre venían mulas que cargaban agua y leña para la caldera de la máquina. 

De previo, centenares de trabajadores e indios, en un trabajo ciclópeo, habían abierto a punta de pico y pala un largo camino de trocha para que pasara el convoy, colocando en las partes muy sonsocuitosas troncos de madera a manera de durmientes y también gran cantidad de balastre. 

La ruta del Terrocarril era la de carretas de la época colonial, la que viene de La Paz Centro, pasa cerca de Telica, Mina La India, San Isidro y desemboca en Sébaco, Chagüitillo y Matagalpa. 

Don Alberto Fogel, hijo, refiere que él tenía siete años cuando vio entrar el Terrocarril a Matagalpa. Eso fue un cinco de abril de 1903, que se convirtió en un día de fiesta memorable. Todos los matagalpinos, las autoridades del departamento y los miembros de la Compañía de Transporte esperaban con música y cohetes la llegada del convoy en la salida sur de la ciudad. 

Se apareció el “Terrocarril” echando bocanadas de humo y llevando en la parte delantera de la locomotora cuatro banderas: la de Nicaragua, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. “Iba manejada por mi abuelo Otto Kühl, y entre las curiosidades que llevaba a bordo estaban unas marquetas de hielo envueltas en aserrín. En Matagalpa no se conocía el hielo y la gente se extrañaba de ver “comer vidrio” a los invitados y miembros de la Compañía de Transporte. 

EL SONSOCUITE SE TRAGÓ AL “TERROCARRIL” 

El “Terrocarril” realizó dos viajes exitosos a La Paz Centro. Al regreso traía muebles europeos, artículos para el hogar, instrumentos quirúrgicos, medicinas, un piano, cuadros al óleo, materiales para pintar, vestidos de moda, catálogos, libros y revistas. 

Al regresar de su tercer viaje vino la debacle cuando el pesado armatoste quedó entrampado en los suampos elásticos del Valle de Sébaco, cerca de Chagüitillo. Hasta 1907 se hicieron arduos esfuerzos para recuperarlo, pero al fin se abandonó el intento y ahí murió la empresa. 

Quedan restos de algunos vagones en el lugar llamado La Power, en Matagalpa, y una rueda de la máquina en Selva Negra, me han contado que otros restos están en la Mina La India, en el Barrial. 
 
De la misma época del “Terrocarril” fue un proyecto de hacer un ferrocarril que conectara Matagalpa con La Cruz de Río Grande, y de ahí salir en barco hasta el Atlántico. Yo guardo una carta que habla de ese proyecto que cien años después no hemos podido realizar. 

Después, por mucho tiempo, el café siguió saliendo de Matagalpa en recuas, hasta que en 1938 entró a Matagalpa el primer camión. Ya para 1945 estaba semiconstruida la carretera a Managua, que se terminó en 1948. 

¿No cree estimado amigo –me dice Eddy Kühl–, que la odisea del “Terrocarril” fue igual, o quizás superior a la emprendida por el alemán Fitz Carraldo, y que en parte, gracias a ella, nos estamos tomando ese delicioso café gourmet calientito, cultivado en Selva Negra? 

BREVES DEL CAFÉ 

El café se descubrió en África, los holandeses lo llevaron a Java, de aquí pasó a París y, por supuesto, a Los Martinica. 

Los jesuitas lo introdujeron en Guatemala y Costa Rica. Para 1838 el cónsul inglés habla de la existencia del café en Nicaragua. 

Rubén Darío cita que don Manuel Matus, de Diriamba. y don Leandro Zelaya, de Las Sierras de Managua, cultivaban el grano en 1845.
 
 

  24 DE MARZO DE 2001 La Prensa Literaria

Eddy Kühl 

George Friedrich Schmidt nació en Stuttgart (1875), Alemania. Era hijo del presidente de la Caja Suprema de finanzas de Württemberg. Después de terminar sus estudios de bachillerato cruzó el Atlántico como grumete en un barco de carga. Llegó a Estados Unidos y lo cruzó de Este a Oeste. Poco después de terminar el siglo apareció en Nicaragua procedente de California como fotógrafo ambulante. 

Montando una mula blanca viajó prácticamente por todo el territorio de Nicaragua, tomando fotografías. En 1903 publicó sus mejores fotografías por medio de la librería de Karl Heuberger en Managua en un cuaderno-álbum que denominó: “Souvenir de Nicaragua, retratado y publicado por George Schmidt, Matagalpa, Nic.” 

Finalmente se estableció en Matagalpa en 1905 donde trabajó como gerente del famoso “Terrocarril” de Matagalpa (Ferrocarril sin Rieles). Cuando éste fracasó en 1907, fue contador de la Casa Potter & Hnos., hasta que en 1915 adquirió con la herencia de su padre la firma de Heinrich (Enrique) Dorn en Matagalpa, la que manejó hasta 1925. 

Hasta 1935 fue gerente de la casa de cambios primera agencia del Banco Nacional en Matagalpa. Este banco era controlado por el gobierno americano y su sede estaba en Nueva York. Ese año don Vicente Vita, economista, nacido en San Ramón, ayudó a nacionalizarlo y lo reorganizó como el primer banco netamente nacional. 

Don Jorge tenía al menos dos propiedades, una casa al frente de lo que es ahora el Banco de la Producción, contiguo a la sastrería del Maestro Vicente Morales, o sea, enfrente del almacén de Francisco Carazo que era donde estaba la llamada Ventanilla y la otra propiedad era un patio grande con casa por donde vivió don Julio y Aydalina Castellón, la primera propiedad la heredó a Carlos Hayn Goldberg, la segunda a Ernesto Hayn. 

Después de Schmidt siguió don Carlos Hayn como gerente del Banco Nacional, posteriormente aprendió el oficio su yerno Carlos Baca y más tarde le tocó el turno a la nieta de don Carlos Hayn quien prosiguió su tradición como banquera, ella es Lily Baca-Hayn de Serrano, quien es la actual gerente de la sucursal de uno de los bancos privados que se han establecido en Matagalpa. 

Doña Amelia Oliú cuenta que ella era la encargada del correo en tiempo de los conservadores, allá por 1925 en Matagalpa. Dice que el alemán llegaba al correo a dejar los paquetes de dinero envueltos en papel kraft que enviaban hacia la oficina central del Banco Nacional en Managua, estos los enviaban en mula o en carreta, y que a nadie se les ocurría robárselos. 

Dijo que una vez entró don Francisco Reyes Aráuz buscando a don Jorge y le dice: “Don Jorge, le anduve buscando para decirle que el dinero que me prestó ya lo he contado de nuevo, y me salieron cien pesos de más”. Con su acento alemán, le contestó: “No don Francisco, el Banco nunca se equivoca”, y don Francisco no tuvo más remedio que quedarse con la diferencia porque don Jorge no la aceptó. 

Recuerda doña Lula Hayn de Baca que don Jorge era alto, delgado, elegantemente vestido, y con el pelo cortado corto como militar y andaba usualmente fumando un gran puro. 

Tenía una cara serena y sana y le llevaba cajas de chocolates y confites a los niños y niñas de la casa. Siempre pregonaba que se debía ahorrar y no comprar a plazos, solamente cuando tuvieran al contado. 

Cuentan testigos de la época que Schmidt cuando cerraba el banco a las 5:00 pm, salía a visitar a amigos antes de irse a su casa y siempre caminaba con una lámpara de gas colgando de una mano. La gente en Matagalpa le hacía chistes y algunos creían que era excéntrico pues andaba como Diógenes, en la historia de la antigua Grecia, con una lámpara cuando aún era de día. Pero era muy organizado y precavido, y sabía que la planta hidroeléctrica Pelton la apagaban a las 8:30 pm y si él estaba de visita, no quería quedarse a oscuras cuando regresaba a su casa. 

Viajaba de vacaciones a Alemania cada dos años. En una de esas vacaciones, falleció en Tübingen, Alemania, a la edad de 60 años en 1935. Se dice que escribió una carta y la metió en un sobre sellado, pidiendo que la abrieran cuando muriera. 

Luego de su fallecimiento, se abrió la carta y decía que había dejado dos cajas de oro escondidas, una en su casa de alquiler y otra en su casa de habitación en Matagalpa. Dicen que ellos buscaron y encontraron la de la casa de alquiler, pero nunca encontraron la caja de su habitación, a pesar de que levantaron todos los ladrillos. 

Sin embargo, se cree que solamente existió la primer caja y que la otra era solamente una treta para que preservaran la segunda propiedad y que no la vendieran. El libro será presentado al público a finales de marzo en el Auditorio de la Biblioteca Roberto Incer Barquero del Banco Central, así como el libro de 500 páginas “Matagalpa y sus Gentes” en el que se publica de forma más extensa la vida de Schmidt en Nicaragua. 
 

selvanegra@tmx.com.ni. 
 
 



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TERROCARRIL DE MATAGALPA

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Versión y recopilación para internet: Eduardo Manfut P.

 
 
 
 

 

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www.manfut.org
Diseño y recopilación de datos por Eduardo Manfut P. (mayo - 2001).