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Miembros del Club Alemán de Matagalpa en 1901. FOTO CORTESIA: E. Kühl.
MIéRCOLES 26 DE JULIO DEL 2000 - La Prensa Allá por el año 1852, la comunidad alemana, compuesta inicial y mayoritariamente por hombres solteros, empezó a asentarse en el Norte de Nicaragua con el propósito de cultivar 200 manzanas de tierras por persona que fueron otorgadas por el Gobierno. La condición para ser beneficiario del programa era cultivar las tierras y tener un capital inicial equivalente a unos US$2,500 por persona. La suerte les abrazó al darles la oportunidad de edificar los beneficios y fincas que montaron gracias a su tesón, iniciativa y disciplina laboral. Nicaragua se convirtió, entonces, en una potencia cafetera y el Norte de Nicaragua en el epicentro de esa prosperidad económica. Las ciudades de Bavaria, Alsacia, Sajonia, Germania, Hammonia y la zona de Selva Negra dejaron de ser parte de la geografía alemana para representar los nombres de las fincas de los alemanes que se convirtieron en fuentes de trabajo para cientos de campesinos lugareños.
Los alemanes vinieron en barco hasta Granada y cabalgaron hasta llegar
a las zonas donde se iban a establecer. Otros llegaron a León y
comenzaron su travesía hacia a Matagalpa. “Mi abuelo fue uno de
ellos. Vino de Granada a Matagalpa a caballo”, cuenta Eddy Kühl, radicado
en Matagalpa. “Y lo curioso del caso es que a pesar de haber inmigrado
ya hace más de un siglo, los descendientes conservamos el espíritu
y la cultura en nuestras familias y nuestros hogares. Para muestra, este
caso: “Vivimos en las montañas, a 1,300 metros de altura; nuestros
hijos y nietos se han educado al estilo que lo hacían aquellos inmigrantes,
en sus fincas”.
MATAGALPA Se descubren yacimientos de oro cerca del poblado de San Ramón, a pocas leguas de Matagalpa. —1850. Visita Nicaragua el naturalista alemán Julius Froebel, reporta al leonés Nazario Escoto como dueño de unas minas al Norte de Matagalpa. (Mina La Leonesa?).
—1852 El inmigrante alemán Ludwig Elster y su esposa Katharina Braun fundan La Lima cerca de San Ramón, Matagalpa, la primera finca de café en el Norte de Nicaragua. —1853. Dr. Scherzer junto con Maurice Wagner visitan Matagalpa, sus publicaciones en Alemania en 1856. “Travel in the Free States de Central América. London 1857” 1856.12 de Julio. Walker se proclama Presidente de Nicaragua. —Pretende vender Matagalpa en la suma de dos millones de dólares a una firma norteamericana. Esfuerzo económico de Walker, llegan inversionista americanos con ese propósito, entre ellos Eliseo Ruperto Macy, primo de E. Macy, fundador de Macy's Department Stores. — agosto de 1856. El General Tomas Martínez el Gobierno Provisional de Nicaragua organiza el Ejército del Septentrión en Matagalpa con el cual derrota a los filibusteros, entre ellos van 1,000 indios matagalpinos armados con arcos, flechas y lanzas. para combatir a los filibusteros de William Walker, quien para entonces ya se había proclamado Presidente de Nicaragua. —1856. Mes de Agosto. Fuerzas patriotas instalan Gobierno Provisional de Nicaragua en Matagalpa para combatir a los filibusteros con Nicasio del Castillo como presidente.
1856.
![]() En el Hotel Selva Negra hemos tocado uno de los temas más sensibles para el ingeniero Eddy Kühl, la hazaña del TERROCARRIL. “Tan grande, que algunos dicen que fue un capricho de excéntricos, pero tan real que todavía quedan por ahí reliquias de aquel artefacto que vino a impulsar la industria del café en Nicaragua”. LUIS ELSTER, LA HISTORIA DEL CAFÉ Según el ingeniero Kühl, hasta 1858 en Matagalpa no había café. Las montañas y picos de las cordilleras Isabelia y Dariense estaban cubiertas de selvas vírgenes habitadas en sus partes bajas por indígenas que cultivaban maíz, frijol y verduras. Sin embargo, a raíz del descubrimiento de oro en California (1848), y de la apertura de la Compañía de Tránsito de Mr. Vanderbilt, ya desde 1852 pasaban por nuestro país muchos europeos, en su mayoría alemanes, que buscaban mejorar su suerte en los yacimientos auríferos californianos. Por ese tiempo se apareció por aquí un alemán llamado Luis Elster, quien al darse cuenta de que en California se estaba agotando el oro, preguntó si aquí había yacimientos de ese metal, le dijeron que había uno allá por San Ramón. Ni corto ni perezoso alistó su carreta de bueyes y en ella entró a Matagalpa junto con su esposa, doña Catherine Brown, logrando fundar en 1858 la hacienda La Lima. Parece que Elster encontró algunas pepitas del preciado metal, así que alistó su mula y bajó a venderlas a León, de regreso trajo algunas frutas del café que ya se cultivaba en Las Sierras de Managua, y se las regaló a su esposa que en lugar de bebérselas las sembró en su huerto. Fue exitoso el ensayo de doña Catherine, y al poco tiempo otros inmigrantes alemanes, ingleses y norteamericanos empezaron a fincarse en Matagalpa para sembrar café, entre ellos don Alberto Fogel, William De Savigny, Gus Frauenberger, Otto Kühl, Luis Elster, Alex Potter, Alejos Sullivan, los Kraudy, los Travers, los Bolt y los nicaragüenses Francisco Amador, Cosme Pineda y Nazario Vega, entre otros. También fue por influencia europea que las fincas recibieron nombres como Bavaria, Alsacia, Sajonia, Germania y Algovia. Llegaron a vivir a Matagalpa alrededor de 35 familias, que sacaban el café a lomo de mulas en “recuas”, decía Tomas Gage-, hasta León donde se almacenaba en las bodegas de don León Leiva. De León, salía el grano en ferrocarril hasta Corinto. Sin embargo, durante la estación lluviosa las mulas se pegaban en el barro, así que una alternativa fueron las carretas de bueyes, animales que por tener cascos más abiertos no se hunden en el suampo y se cansan menos que las mulas. LA ODISEA DEL TERROCARRIL En 1902 los cafetaleros organizaron la Compañía de Transporte de Matagalpa para solucionar de alguna manera el problema del traslado del café. Compraron una locomotora en Alemania la cual trajeron en barco hasta Corinto, esa nave tuvo que dar la vuelta por el Cabo de Hornos, ya que en ese tiempo no existía el Canal de Panamá. “Le tocó a mi abuelo, que era mecánico, y a don Gus Frauenberger, viajar a Corinto para desembarcar y armar la locomotora y los ocho vagones que integraban lo que ellos llamaron el TERROCARRIL o Ferrocarril sin Rieles”, explica Kühl. “A la máquina de vapor se le adaptaron ruedas tractoras, detrás del convoy siempre venían mulas que cargaban agua y leña para la caldera de la máquina. De previo, centenares de trabajadores e indios, en un trabajo ciclópeo, habían abierto a punta de pico y pala un largo camino de trocha para que pasara el convoy, colocando en las partes muy sonsocuitosas troncos de madera a manera de durmientes y también gran cantidad de balastre. La ruta del Terrocarril era la de carretas de la época colonial, la que viene de La Paz Centro, pasa cerca de Telica, Mina La India, San Isidro y desemboca en Sébaco, Chagüitillo y Matagalpa. Don Alberto Fogel, hijo, refiere que él tenía siete años cuando vio entrar el Terrocarril a Matagalpa. Eso fue un cinco de abril de 1903, que se convirtió en un día de fiesta memorable. Todos los matagalpinos, las autoridades del departamento y los miembros de la Compañía de Transporte esperaban con música y cohetes la llegada del convoy en la salida sur de la ciudad. Se apareció el “Terrocarril” echando bocanadas de humo y llevando en la parte delantera de la locomotora cuatro banderas: la de Nicaragua, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. “Iba manejada por mi abuelo Otto Kühl, y entre las curiosidades que llevaba a bordo estaban unas marquetas de hielo envueltas en aserrín. En Matagalpa no se conocía el hielo y la gente se extrañaba de ver “comer vidrio” a los invitados y miembros de la Compañía de Transporte. EL SONSOCUITE SE TRAGÓ AL “TERROCARRIL” El “Terrocarril” realizó dos viajes exitosos a La Paz Centro. Al regreso traía muebles europeos, artículos para el hogar, instrumentos quirúrgicos, medicinas, un piano, cuadros al óleo, materiales para pintar, vestidos de moda, catálogos, libros y revistas. Al regresar de su tercer viaje vino la debacle cuando el pesado armatoste quedó entrampado en los suampos elásticos del Valle de Sébaco, cerca de Chagüitillo. Hasta 1907 se hicieron arduos esfuerzos para recuperarlo, pero al fin se abandonó el intento y ahí murió la empresa. Quedan restos de algunos vagones en el lugar llamado La Power, en Matagalpa, y una rueda de la máquina en Selva Negra, me han contado que otros restos están en la Mina La India, en el Barrial. De la misma época del “Terrocarril” fue un proyecto de hacer un ferrocarril que conectara Matagalpa con La Cruz de Río Grande, y de ahí salir en barco hasta el Atlántico. Yo guardo una carta que habla de ese proyecto que cien años después no hemos podido realizar. Después, por mucho tiempo, el café siguió saliendo de Matagalpa en recuas, hasta que en 1938 entró a Matagalpa el primer camión. Ya para 1945 estaba semiconstruida la carretera a Managua, que se terminó en 1948. ¿No cree estimado amigo –me dice Eddy Kühl–, que la odisea del “Terrocarril” fue igual, o quizás superior a la emprendida por el alemán Fitz Carraldo, y que en parte, gracias a ella, nos estamos tomando ese delicioso café gourmet calientito, cultivado en Selva Negra? BREVES DEL CAFÉ El café se descubrió en África, los holandeses lo llevaron a Java, de aquí pasó a París y, por supuesto, a Los Martinica. Los jesuitas lo introdujeron en Guatemala y Costa Rica. Para 1838 el cónsul inglés habla de la existencia del café en Nicaragua. Rubén Darío cita que don Manuel Matus, de Diriamba. y don Leandro Zelaya, de Las Sierras de Managua, cultivaban el grano en 1845. George Friedrich Schmidt nació en Stuttgart (1875), Alemania. Era hijo del presidente de la Caja Suprema de finanzas de Württemberg. Después de terminar sus estudios de bachillerato cruzó el Atlántico como grumete en un barco de carga. Llegó a Estados Unidos y lo cruzó de Este a Oeste. Poco después de terminar el siglo apareció en Nicaragua procedente de California como fotógrafo ambulante. Montando una mula blanca viajó prácticamente por todo el territorio de Nicaragua, tomando fotografías. En 1903 publicó sus mejores fotografías por medio de la librería de Karl Heuberger en Managua en un cuaderno-álbum que denominó: “Souvenir de Nicaragua, retratado y publicado por George Schmidt, Matagalpa, Nic.” Finalmente se estableció en Matagalpa en 1905 donde trabajó como gerente del famoso “Terrocarril” de Matagalpa (Ferrocarril sin Rieles). Cuando éste fracasó en 1907, fue contador de la Casa Potter & Hnos., hasta que en 1915 adquirió con la herencia de su padre la firma de Heinrich (Enrique) Dorn en Matagalpa, la que manejó hasta 1925. Hasta 1935 fue gerente
de la casa de cambios primera agencia del Banco Nacional en Matagalpa.
Este banco era controlado por el gobierno americano y su sede estaba en
Nueva York. Ese año don Vicente Vita, economista, nacido en San
Ramón, ayudó a nacionalizarlo y lo reorganizó como
el primer banco netamente nacional.
Después de Schmidt siguió don Carlos Hayn como gerente del Banco Nacional, posteriormente aprendió el oficio su yerno Carlos Baca y más tarde le tocó el turno a la nieta de don Carlos Hayn quien prosiguió su tradición como banquera, ella es Lily Baca-Hayn de Serrano, quien es la actual gerente de la sucursal de uno de los bancos privados que se han establecido en Matagalpa. Doña Amelia Oliú cuenta que ella era la encargada del correo en tiempo de los conservadores, allá por 1925 en Matagalpa. Dice que el alemán llegaba al correo a dejar los paquetes de dinero envueltos en papel kraft que enviaban hacia la oficina central del Banco Nacional en Managua, estos los enviaban en mula o en carreta, y que a nadie se les ocurría robárselos. Dijo que una vez entró don Francisco Reyes Aráuz buscando a don Jorge y le dice: “Don Jorge, le anduve buscando para decirle que el dinero que me prestó ya lo he contado de nuevo, y me salieron cien pesos de más”. Con su acento alemán, le contestó: “No don Francisco, el Banco nunca se equivoca”, y don Francisco no tuvo más remedio que quedarse con la diferencia porque don Jorge no la aceptó. Recuerda doña Lula Hayn de Baca que don Jorge era alto, delgado, elegantemente vestido, y con el pelo cortado corto como militar y andaba usualmente fumando un gran puro. Tenía una cara serena y sana y le llevaba cajas de chocolates y confites a los niños y niñas de la casa. Siempre pregonaba que se debía ahorrar y no comprar a plazos, solamente cuando tuvieran al contado. Cuentan testigos de la época que Schmidt cuando cerraba el banco a las 5:00 pm, salía a visitar a amigos antes de irse a su casa y siempre caminaba con una lámpara de gas colgando de una mano. La gente en Matagalpa le hacía chistes y algunos creían que era excéntrico pues andaba como Diógenes, en la historia de la antigua Grecia, con una lámpara cuando aún era de día. Pero era muy organizado y precavido, y sabía que la planta hidroeléctrica Pelton la apagaban a las 8:30 pm y si él estaba de visita, no quería quedarse a oscuras cuando regresaba a su casa. Viajaba de vacaciones a Alemania cada dos años. En una de esas vacaciones, falleció en Tübingen, Alemania, a la edad de 60 años en 1935. Se dice que escribió una carta y la metió en un sobre sellado, pidiendo que la abrieran cuando muriera. Luego de su fallecimiento, se abrió la carta y decía que había dejado dos cajas de oro escondidas, una en su casa de alquiler y otra en su casa de habitación en Matagalpa. Dicen que ellos buscaron y encontraron la de la casa de alquiler, pero nunca encontraron la caja de su habitación, a pesar de que levantaron todos los ladrillos. Sin embargo, se cree
que solamente existió la primer caja y que la otra era solamente
una treta para que preservaran la segunda propiedad y que no la vendieran.
El libro será presentado al público a finales de marzo en
el Auditorio de la Biblioteca Roberto Incer Barquero del Banco Central,
así como el libro de 500 páginas “Matagalpa y sus Gentes”
en el que se publica de forma más extensa la vida de Schmidt en
Nicaragua.
selvanegra@tmx.com.ni.
EL ESTIGMA DE UNA NACIONALIDAD Era el principio de la Segunda Guerra Mundial en 1939. Los aliados –Francia, Estados Unidos e Inglaterra– le declararon la guerra a Alemania. La política del Gobierno de Nicaragua de ese entonces, montó una ola de persecución contra los alemanes residentes en Nicaragua. La vaterland (patria) trasladó, entonces, el dolor de su suelo a los descendientes de aquellos cincuenta jóvenes alemanes que habían decidido acogerse al programa de plantación de café ofrecido por los gobiernos conservadores de los Treinta Años (1857-1892) y luego por el gobierno liberal de José Santos Zelaya (1893-1909), quienes con el afán de promover el cultivo de café, otorgaron hasta 200 manzanas de tierra en las zonas vírgenes de Matagalpa y Jinotega, principalmente. Ellos fueron los que iniciaron la promoción, producción, procesamiento, transporte y comercialización del café en el Norte de Nicaragua. Así llegaron las penurias. El Gobierno de Nicaragua en los años cuarenta en las manos de Anastasio Somoza García, declaró la guerra a Alemania en 1941 y los alemanes residentes en Nicaragua, fueron víctimas de esa pugna suscitada en el exterior. Somoza comenzó la “cacería” de alemanes al reunirlos y encarcelarlos; a los más ancianos les impusieron casa por cárcel y los más jóvenes fueron llevados a la Quinta Eitzen, propiedad que Somoza había intervenido al alemán Ulrich Eitzen. Curiosamente la quinta es hoy el edificio donde funciona la Secretaría de Cooperación Externa en Managua. “Ahí, no les daban comida”, relata Hilda Vogl, hija de Alberto Vogl Baldizón, quien fue una de las víctimas de esta ola de perseguidos. Y agrega: “recuerdo que la Guardia Nacional lo sacó con las manos alzadas desde un cafetal, de donde se lo llevaron”. Una vez encarcelados no les daban de comer. Sus familias les llevaban la comida y demás artículos de higiene personal y la guardia registraba todo lo que ahí entraba, pero de una forma espantosa, muy déspota”. Las vivencias de esta familia son igualmente dolorosas para María Elsa Vogl, otra hija de Alberto Vogl, hermana de Hilda. “Era horrible ver a mi padre en esas circunstancias, que también las vivió mi abuelo Alberto Vogl, que era todo un caballero de la alta sociedad alemana encarcelado en la desaparecida cárcel El Hormiguero en Managua. Ahí no habían ni servicios higiénicos”, relata con voz entrecortada. Estos hombres acostumbrados a tomar té y llevar una vida culta, se volvieron una nada. “A tal punto, que mi abuelo y luego mi padre, casi se mueren en la cárcel”. Sin embargo, el calvario apenas comenzaba. A la par de esta vida carcelaria, sus familias y bienes fueron acosados e intervenidos por “Tacho” Somoza. “En la finca, llamada El Carmen, ubicada en Niquinohomo, nombraron un interventor que no sabía nada de fincas y nos daba la comida racionada. No teníamos ropa y entonces mi madre me vestía con los pantalones viejos que ya no les quedaban a mi hermano”, agrega. De eso, queda la satisfacción de haber vivido en el campo; de haber aprendido a amar la naturaleza y el gallinero”, como lo recuerda Hilda. A Vogl Baldizón le impusieron casa por cárcel, pero lo liberaron al comprobar que era legalmente ciudadano nicaragüense. Así “el papá Beto” como cariñosamente llamaban a Alberto Vogl recuperó su finca, con una gran deuda bancaria que tuvo que asumir y de cuyas inversiones no le supieron dar cuenta. La congoja se apoderó de él y tuvo que vender la finca.
Pero los vestigios de una guerra sangrienta entre las grandes potencias
de ese entonces, no dejaron de pisotear a otros miembros de la familia.
Carlos Hayn fue uno de los alemanes que fueron deportados a Estados
Unidos. Lo enviaron a Nueva Orleans, luego a un pueblo de Texas, pero aunque
“los mandaban como prisioneros, los trataban como reyes, pues les pagaban
por las labores asignadas y ese dinero se lo enviaba a mi mamá,
unos US$50
Por otro lado, Hans Ketelhohn fue uno de los alemanes que fue deportado a Alemania y canjeado por un soldado estadounidense. Su esposa, Blanca Rosa Ketelhohn, nos narra su historia: “Recuerdo que los alemanes salían de Nicaragua en tren. A mí me obligaron a acompañarlos. Estaba embarazada de mi hija Helene. El “Coto Vargas”, un oficial de la marina, me llegó a decir que debía tener listo el equipaje a las seis de la tarde del 12 de mayo de 1942. Salimos rumbo a Dallas. El destino era Ellis Island, Nueva York. En Dallas estuvimos un mes, pues el 12 de junio de ese mismo año, nos embarcaron rumbo a Alemania. Anclamos en Lisboa, donde nos canjearon por soldados americanos residentes en Alemania” y agrega: “hasta un huracán nos agarró yendo a Alemania”. “En Lisboa nos llevaron a hoteles de primera, pero todo era racionado y para poder tener acceso a una mejor alimentación, alguien me dijo que me hiciera el examen de embarazo”, prosigue. “Efectivamente, estaba embarazada de mi otra hija”. Seguidamente, nos llevaron a Saarbrücken.
La hoy jubilada educadora del Colegio Bautista, de 85 años, recuerda
que “cuando estábamos en los campos de refugiados no podíamos
llevar ni traer
Aunque la historia señala un capítulo de advenimiento económico,
tal como lo constata la hoy próspera hacienda Selva Negra que conserva
la esencia
Los años han pasado. Las querellas tienden a olvidarse. Hay quienes han asumido esa vivencia como un resentimiento, pero hay otros que admiten el perdón como Eddy Kühl, quien considera que Somoza no era sino un dictador más, típico del resto de América Latina donde pasó igual con los alemanes con excepción de Argentina y Chile, e incluso, hay quienes prefieren dejar a un lado ese pasado con la intención de no suscitar más pugnas ideológicas. La cultura es intrínseca en este legado de vida que se mantiene vivo, pues la herencia de los idiomas se mantiene. “Mi nieto de 12 años, entró al colegio hasta que llegó al quinto grado, las clases las recibía antes en la finca y no tuvo problemas en conectarse con las clases. Habla español, inglés, y un poco de alemán”, cuenta Eddy. Blanca Rosa Ketelhohn, por su parte, también le inculcó a sus hijos lo mismo, pues “todos hablan español, alemán, inglés y francés”, nos cuenta.
No obstante, independientemente de la postura que hoy se asuma, estos alemanes
conservan su estilo de vida que se observa en el gusto por vivir en la
montaña, como en los viejos tiempos cuando vivían en su tierra
natal; con el frío de antaño, una chimenea y un piano
que recuerdan los viejos tiempos, aunque, claro, ya no estén en
las montañas de la vieja Alemania sino en la Nicaragua de hoy.
Martes 30 de Enero de 2001 | El Nuevo Diario
Recordando
mujeres inmigrantes a Matagalpa
1. 1852. Katharina Braun, natural de Baden Baden, en la Selva
El trajo de Alemania su banca de carpintería, y ella sus especies
y
Katharina fue la primera persona en sembrar hortalizas (1853) y
2. 1878. Catalina Jericho, natural de Nordausen, Alemania,
Catalina aparece en una foto de esa época montada a caballo
3. 1888. Bertha, Ida y Anita Zeyss Jericho. Tres hermanas hijas de
4. Nora Buchler de Bosche. 1899. Inmigrante originaria de Trieste
Nora viajó también de faldas largas en monturas tipo Galápago.
Se
5. Eva Dagnall. 1907. Dama inglesa, vino como institutriz de los
Allí estudiaron Gladys Haslam, Lula Hayn, las Rivas Haslam, los
6. Laura Warren. 1920’s. Dama norteamericana, maestra de
7. Charlote Friedersdorf. 1890-1978. Dama alemana.
Vino como institutriz de los Frauenberger. Dio clases en la
* selvanegra@tmx.com.ni
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