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Cementerio de Matagalpa En
Matagalpa también existen, en sus cementerios, algunas familias
que han construido mausoleos y grandes monumentos dedicados a la memoria
de sus difuntos, pero en esta ciudad hay varios que por el estilo de su
construcción llaman poderosamente la atención de los que
por una u otra razón llegan de visita
23
DE JUNIO DEL 2002 / La Prensa
En Matagalpa, la capilla de la familia Cuadra se puede catalogar como una obra moderna por su estilo, que hace uso de las formas geométricas, y por su poca ornamentación. . En esta ciudad existen dos cementerios, uno para los nicaragüenses y otro llamado de los “extranjeros”, el cual por cierto se encuentra semiabandonado, pues muchos de sus monumentos han sufrido destrucción por efectos de personas desconocidas y por el mismo paso del tiempo. En el Cementerio General, enclavado en las laderas de una rocosa colina, se pueden apreciar desde lejos, las construcciones de mausoleos que parecen auténticas urbanizaciones modernas, pues sus diseños audaces contrastan con los tradicionales monumentos mortuorios que estamos acostumbrados a ver en los camposantos. Uno de estos conjuntos es la cripta de la familia López-Ocampo, que para algunos se semeja a una nave espacial en la que se viaja al Más Allá. Es una especie de edificio moderno que, igualmente, sugiere la forma de un diamante, construido de cemento, hierro y vidrio, pero adornado con el elemento simbólico del cristianismo: Jesús en la cruz. Otra obra moderna en este cementerio es la capilla de la familia Cuadra, la más alta de todas, que sigue las normas platónicas, ya que se basa en la belleza de las formas puras, que en la antigüedad eran los cubos, las pirámides, cuadrados y demás formas geométricas conocidas. En este caso, el monumento incluye un trabajo en relieve donde aparecen tres cruces, y se ve que no hay mucha referencia a elementos decorativos porque éstas están como disimuladas, y para no cargar mucho el conjunto tiene una imagen de La Piedad a un costado de la estructura. Algunos monumentos de santos son construidos sobre las tumbas de personas que llevaban el nombre de éstos, como es el caso de San Sebastián, dedicado a la memoria de Sebastián Amador Aráuz, que reposa bajo esta imagen desde su fallecimiento en 1941. También se destacan los monumentos de las familias Cisne, Navarro, Bermúdez y otras, que aunque no hacen gran uso del mármol, con el cemento logran muy buenas construcciones para lograr el mismo objetivo de todos: rendir homenaje y perpetuar el recuerdo de sus deudos.
4 DE ABRIL DEL 2004 / La Prensa
A Juan Mendiola se le vio preparando brebajes con hierbas extrañas, en sesiones espiritistas para la cura de males y hasta invocando a la Sangre de Cristo para ayudar a sus pacientes En
el cementerio de Matagalpa descansan los restos de “El Brujo” Juan Mendiola.
Jehú Hernández Sandoval Desde antes que amaneciera y hasta muy avanzada la noche, los matagalpinos de la primera mitad del siglo pasado miraron a Juan Mendiola en su interminable ir y venir, tratando de curar con diferentes métodos a la gente que padecía males que no encontraban remedio en la medicina tradicional. Su fama llegó tan lejos que recibía pacientes de toda Matagalpa, Jinotega, Nueva Segovia, la Costa Atlántica y hasta de Managua, incluyendo al general Anastasio Somoza García, quien de vez en cuando lo mandaba a traer en un helicóptero para que le curara a sus hijos y familiares. Juan Mendiola nació en 1898 en Matagalpa. Era un hombre bien parecido y de muy buenos sentimientos. Se casó con Rafaela Buchting con la que procreó siete hijos, de los que aún cuatro quedan con vida. Muy joven estudió en Francia los secretos curativos de las plantas, y su vinculación con esa ciencia lo llevó a incursionar en la masonería, a través de la logia de los Rosacruces, siendo, según sus descendientes, el primero en el país con esa filosofía de pensamiento. “Él era Rosacruz desde antes que esa corriente llegara a Nicaragua. Estando en el extranjero él se hizo Rosacruz”, expresó su sobrino-nieto Víctor Hugo González. “El Brujo” Juan Mendiola, como se le llegó a conocer después de algún tiempo curando gente, adquirió esa fama por hacer uso de algunas hierbas curativas e inducir a sus pacientes a que realizaran sesiones de meditación, “porque la verdad es que él creía que la mejor forma de curar a una persona, era haciendo uso del poder de la mente, del espíritu, y por eso la gente decía que era brujo, pero no, él era curandero. Además, era un ferviente creyente de la Sangre de Cristo”, dijo González. Y esa enorme fe lo llevó hasta Guatemala en la segunda mitad de los años cuarenta, para verificar por él mismo que la imagen de la Sangre de Cristo que había encargado al escultor Luis Dobois, de origen italiano, quedara según sus requerimientos. La imagen tendría unos dos metros de alto, un tamaño poco común para uso domiciliar. “Cuando casi estaba lista, Juan y yo viajamos a Guatemala para darle los últimos retoques. Nos estuvimos algunos días y Juan le decía al artista cómo la quería. Al final le quedó linda, tal y como la quería Juan”, recuerda sin mucho esfuerzo para su edad, Adelina Mendiola, hermana de “El Brujo”, quien lleva acumulados 91 años de vida. La llegada de la imagen fue todo un acontecimiento en aquella ciudad. La trajeron de Guatemala a bordo de un avión que aterrizó en la pista de Waswalí. “Llegaron multitudes a recibirla, acompañados por músicos y fuegos pirotécnicos. La llevaron en procesión por toda la ciudad y después la trajeron a una capilla especial que Juan le había preparado en su casa”, recuerda la anciana. Aseguró que sacaban la imagen en procesión en julio de cada año, y que en algunas ocasiones, la Iglesia Católica se la solicitaba para hacer lo mismo. Tinajas de chicha y nacatamales salían a relucir, dando el toque tradicional a una celebración que duraba hasta el amanecer del día siguiente. Pero las prácticas curativas de “El Brujo” entraron en contradicción con la fe católica. “Los masones no reconocen a Jesús como un Dios, sino que lo ven como un maestro”, expresa el padre Róger García, al tiempo que señala: “Creo que sí, que en algún momento tuvieron contradicciones, pero como Juan Mendiola era un hombre tranquilo, que vivía en comunión con la Iglesia, no trascendió. Era más un espiritista que un brujo. Brujo no era”. Algunos que vivieron en esa época aseguran que la fama de “brujo” se la dieron a Juan Mendiola los médicos. “Juan se les estaba llevando a todos los pacientes. El hospital estaba vacío, mientras que la casa de él siempre estaba llena y más bien su casa parecía el hospital con tanta gente”, afirma su descendiente. MUERTE PREMATURA La vida de Juan Mendiola fue relativamente corta. Murió a los 56 años, en 1954. Meses antes de su muerte fue llevado a una isla del Caribe, donde la logia de los Rosacruces lo trasladaron para que le realizaran una intervención quirúrgica en el hígado, que le daba problemas desde su juventud. Contra su enfermedad Juan Mendiola no pudo hacer nada. Ni sus plantas medicinales, ni sus prácticas espiritistas, ni tampoco su fe en la Sangre de Cristo lo salvaron de la muerte temprana. Convencido
de que su fin estaba cerca, hizo algo que sus familiares consideran fue
para congraciarse de una vez por todas con la Iglesia Católica.
Con un brazo medio desprendido y daños superficiales en diferentes
partes del cuerpo, descansa colgada en una de las paredes de la sacristía
de la Catedral, la imagen de la Sangre de Cristo que una vez perteneció
a Juan Mendiola, “El Brujo” católico de Matagalpa. Sus familiares
y algunos devotos, se arrodillan con frecuencia a pedirle milagros. Muy
pocos saben o recuerdan su origen.
8 DE
ABRIL DEL 2004 / La Prensa
El
Santo Sepulcro de Matagalpa
La imagen del Cristo Yaciente, mejor conocida como el Santo Sepulcro, es una imagen de Cristo crucificado traída de España por don Nazario Vega allá por el año 1864. Dos ataúdes de vidrio fueron enviados a traer de Guatemala por don Nazario Vega; en uno reposaría la imagen del Cristo Yaciente para completar la solemnidad y así poder exponerlo en la iglesia y cargarlo en procesión. El segundo ataúd de vidrio similar fue destinado para sepultar a su suegra Aureliana Tinoco de Cantarero, por una promesa que él había hecho como muestra de arrepentimiento de un acto pasado. Este segundo sepelio de cristal fue descubierto cuando sus familiares fueron a retirar en 1950 los restos de la familia Vega-Cantarero, en el antiguo cementerio de la ciudad localizado detrás del lote que ocupa la Estación Esso de Calero. Allí encontraron el ataúd de vidrio ya quebrado por raíces de los árboles circundantes al mausoleo. Don
Nazario Vega (1820-1911) yace enterrado en el interior de la Catedral,
fue uno de los ciudadanos matagalpinos que más contribuyó
para construir ese hermoso templo dedicado a San Pedro, elevado a Catedral
en 1924.
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TOUR CEMENTERIOS DE NICARAGUA