
|
Monumento
de
“La Gordita” fue esculpida por Teresita Velásquez, como ofrenda a las vivanderas del Mercado Oriental Amaneció en su lugar. “La Gordita” representará
el trabajo de las vivanderas del Mercado Oriental, en el Gancho de Caminos.
Wilder Pérez R. Las ocho mil vivanderas del Mercado Oriental tendrán su propio símbolo a partir de hoy, cuando “La Gordita” sea desvelada en honor a ellas, en el Gancho de Caminos. De marmolina y con dos metros de altura, la escultura de la artesana Teresita Velásquez está inspirada en las ya famosas mujeres gorditas de San Juan de Limay, próximas al estilo de Fernando Botero, pero ésta traerá consigo los canastos llenos de frutas, sus hijos, pelo largo de trenzas y su infaltable delantal típico con ribetes de vuelitos. Según Idalia Mendoza, directora de la Corporación Municipal de Mercados de Managua, que regenta el Oriental, el costo del proyecto es de 35 mil córdobas, y está dirigido a representar el trabajo de las aproximadamente 27 mil vendedoras de este mercado. “Son mujeres que además de ser madres,
son padres, están a cargo de sus hijos, pero también de sus
nietos, ellas son dueñas de ocho mil de los 9,375 tramos del Oriental;
las mujeres promueven el 52 por ciento de la economía de este país,
entonces vimos que era necesario rendirles este homenaje”, comentó
Mendoza.
JUBILACIÓN Durante el acto de desvelización de la estatua, a las 10:00 a.m., un total de 175 vivanderas mayores de 65 años y con al menos diez de ellos dedicados a la venta, serán exoneradas de impuestos de forma vitalicia. Al respecto, la funcionaria indicó que
es una manera de “jubilar” a quienes han dado buena parte de su vida a
este quehacer, ya que no son sujeto de beneficios del Seguro Social.
LA CREADORA Velásquez ganó entre un total de cinco propuestas, por exponer de forma sencilla y con un acabado fino, el trabajo de las mercaderas. La artesana aprendió su oficio mientras era empleada doméstica del escultor nicaragüense Fernando Saravia, Premio Nacional de Humanidades. 17 de Julio de 2004 El Nuevo Diario Escultura emblemática y exención
a 141 locatarias
El alcalde Lewites encabezó el acto donde
se develó la escultura de la vivandera, en honor a las más
de 27 mil vendedoras del populoso Mercado Oriental. La escultura fue obra
de la artesana Teresita Velásquez.
"La gorda", como han comenzado a llamarla las vendedoras fue develada por el alcalde Herty Lewites, la administración del mercado, la representante de Commema y miembros del Concejo, acompañados por el candidato del Frente Sandinista Dionisio Marenco, en un acto en el cual ondearon banderas rojinegras y consignas a la Revolución. "Y si no hubo otros candidatos y banderas "fue por que no quisieron venir", dijo Herty. Junto a la develización de la escultura de dos metros elaborada de marmolina se entregaron 141 certificados de exención de impuestos a locatarias del mercado con más de 60 años de edad y diez años de laborar en ese centro de compras. "Yo soy un defensor de las mujeres, por eso sólo le entregamos exenciones de impuesto a tres hombres y el resto se lo entregamos a mis novias", manifestó Herty Lewites, quien manifestó que no estaba haciendo proselitismo político y que siempre invita a sus actividades a todos los candidatos a alcaldes "para que sepan a la que se están metiendo". Buena intención No podemos quitarle importancia al hecho que por primera vez alguien se haya acordado de nosotras, señaló la vendedora Ana Rosa Vásquez, pero más que la buena intención me hubiese gustado que fuera una india bonita, hermosa con chavalos bonitos y no así. "Nosotras venimos a vender, es cierto, es un trabajo duro bajo el sol con los canastos, pero nos arreglamos, andamos sencillas; pero yo no siento que me parezca a esa gorda o que mis cipotes sean así de feos", afirmo la señora Vásquez. La vendedora Julia Baquedano trabaja hace trece años en el Oriental, y aunque reconoce que no es una "modelo" de revista por sus más de 180 libras, considera que debieron poner a una mujer delgada representándolas. "La nueva generación de vivanderas es muy diferente a esa gorda, si usted se fija bien las muchachas que lucen el delantal ahora son delgadas y vanidosas, siempre se cuidan mucho, además que los hijos de esa escultura también son gordos, y de dónde, si los chavalos del mercado son flacos", añadió la señora Baquedano. Sin embargo, Melba Espinoza, también vendedora, señaló que a ella le parece muy acertada la idea de haber puesto la obesa figura de la escultura. "Mi mamá vendía aquí en el mercado y era gordita. Las gorditas son protectoras, y esa es la sensación que da ver esa escultura la mujer que trabaja y no se anda preocupando por cómo se ve, sino por salir adelante", enfatizo. El costo La escultura tuvo un costo de 35 mil córdobas que fueron donados, según la señora Idalia Mendoza, Gerente del Mercado Oriental, por vendedores mayoristas."Ni la alcaldía ni Commema pusieron un solo centavo. Todo fue donado". La exención de impuestos que se hizo atendiendo al Decreto 5-94 hará que las vivanderas se ahorren los 120 córdobas de impuesto que pagan mensualmente, y representa para Commema 141 mil córdobas menos en recaudación. La escultora La escultura fue elaborada por la artesana Teresita Velásquez y está inspirada en las gorditas de San Juan de Limay, tiene delante de ella tres canastos con verduras y frutas y a cada extremo de sus brazos dos niños igual de obesos. El diseño de la escultora Velásquez --que es autodidacta y seguidora de los pasos del escultor nicaragüense Fernando Saravia--, ganó entre un total de cinco propuestas, por exponer de forma sencilla y con un acabado fino, el trabajo de las vivanderas. De mil mujeres Doña Ana Rosa Gutiérrez, de 66 años, es una anciana delgada que tiene 40 años de trabajar en el mercado donde crió a sus tres hijos, que también laboran en él, y fue una de las beneficiadas con la exención de impuesto. "Yo estoy muy contenta con Herty, él se
ha preocupado por nosotras. Es el hombre de las miles de mujeres que trabajamos
aquí. Estoy muy agradecida, y si fuese candidato a presidente arrasa
en el Oriental", concluyo la señora.
Teresa Vega fue la creadora
del monumento en honor a las vivanderas del oriental
Auxiliadora Rosales El nombre de Teresa Vega González era desconocido hasta hace pocos días que ocupó espacios en los diarios y telenoticieros al convertirse en la escultora de “la gordita del Mercado Oriental”, pieza monumental de dos metros que rinde homenaje a las vivanderas y que se encuentra ubicada en el Gancho de Caminos de esta capital. Como la mayoría de nuestros artistas Teresa vive humildemente en una casita de Nueva Vida junto a sus siete hijos, pero muy orgullosa de su arte. La boaqueña de menuda figura se fajó como los grandes. En tan sólo un mes finalizó su primera obra monumental, la gordita del Mercado Oriental, que no es una obra, sino un conjunto de ellas, compuesta por una pieza de dos metros que figura a la vivandera, acompañada de dos niños y tres canastos repletos de todo tipo de frutas y verduras. Con esto, Teresa Vega también alcanzó su mayor sueño: elaborar una escultura monumental que fuera admirada por todos. “Yo sabía que mis piezas andan por el mundo
como un recuerdo de Nicaragua apreciado por los turistas pero deseaba cumplir
mi mayor sueño: elaborar una pieza monumental que fuera admirada
por todos y que perpetuara mi nombre”.
¿Cómo se inicia en el arte de esculpir? Mi vida ha sido muy difícil. Un día
mi hermano de padre, el reconocido escultor, Erasmo Moya, me dijo que su
maestro Fernando Saravia necesitaba una doméstica y entré
ahí como empleada. Por mi modo de ser sencillo me gané a
don Fernando a quien, en mis ratos libres, me ponía a ayudar en
el taller. Así me inicié.
¿Qué ha sido Fernando Saravia para usted? A ese señor le debo mucho. Más que
un padre o un hermano, ha sido mi ángel, me enseñó
este oficio fascinante. Una vez que dejé de trabajar como doméstica
en su casa, me regaló un terrenito en el bario Las Torres que lo
perdí todo con el Huracán Mitch.
¿Cómo fue tu experiencia con este gran personaje de la plástica Nacional? Cuando lo conocí yo era una campesina de
apenas 22 años y trabajé en su casa durante 12 años.
Cuando él miró que yo me quedaba viéndolo trabajar
me invitó a que le ayudara. Recuerdo que en esa ocasión le
dije: ¿será que pueda? Y él me contestó “cuando
uno se propone algo, siempre lo logra”.
¿Cuándo hizo su primera escultura? Fue en los años ochenta. Recuerdo que don
Fernando me regaló una piedra de marmolina con la que elaboré
una silueta de mujer. Él mismo se la llevó a doña
Juanita Bermúdez (directora de Galería Códice) para
que me la vendiera. Por ella recibí 80 dólares, yo estaba
emocionada y con ese dinerito resolví alguna cosas.
¿De dónde te vino la inspiración de las gorditas? La verdad que de mi hermano, Erasmo. Pero aunque
se parecen tienen sus diferencias. Eso de que me la copié me trajo
un poquito de discordia con él, pero yo soy una mujer sola que tengo
que mantener a mis hijos. Esa es la competencia que le hago a mi pobre
hermano, porque él fue hasta a Italia a estudiar.
¿Qué satisfacción te dejó la obra de la gordita del mercado? Eso era mi mayor sueño. Yo sabía
que mis piezas andaban por el mundo con los turistas como un recuerdo preciado
de Nicaragua, pero mi mayor sueño era realizar una obra monumental
que todo el mundo la viera. Gracias a Dios he logrado cumplir mi sueño
a los 43 años.
¿Cómo lograste hacer el monumento a las vivanderas del oriental? Mis piezas no sólo se venden en galería,
sino que también en los mercados y el oriental es uno de ellos,
por eso Commema conocía mi trabajo, me preguntaron si podría
hacer algo grande, me preguntaron el precio y después me llamaron.
¿Cuanto cobró por esa pieza? Quince mil córdobas. Yo quería cumplir
mi sueño aunque para ello tuviera que cobrar barato.
¿Y en qué los va a invertir? Pues fijate que no sé, porque todavía
no me terminan de cancelar. Me dieron el 50 por ciento hace un mes cuando
inicié el proyecto, pero hasta hoy (anteayer) no me dan el resto.
¿Tuvo miedo de hacer algo tan grande? Sinceramente, sí. Cuando estuve en la Mina
Limón buscando la piedra y la tuve de frente tan inmensa, sentí
miedo. Pensaba ¿Cómo voy a hacer?, pero a la vez recordaba
las palabras del maestro Saravia “cuando uno se propone algo, lo hace”
y eso me dio valor y coraje para terminar la escultura.
¿En cuánto tiempo la hizo? Un mes, pero en ocho días la tenía
completamente esculpida, pasé trabajando día y noche casi
sin dormir. Lo más dilatado fue la lijada. En ese proceso conté
con el apoyo de mi hijo Héctor Ariel y otro muchacho.
¿Qué fue lo más difícil? La formada. Esa es la parte más dura, donde
tenés que trabajar con hachas, machetes y mucho cincel, para darle
forma a las trenzas, rostros, delantal y otros detalles. Todo mi vecindario
se quedó asombrado de ver cómo la inmensa piedra se convirtió
en esa obra que rinde tributo a las vivanderas.
¿Usted vive de las esculturas? Fijate que sí, aunque ahora se ha puesto
muy difícil. No contamos con financiamientos, ni apoyo de ningún
tipo. A veces logro préstamos en un banquito y compro una camionada
de piedras de marmolina para trabajarlas. Pero cuando todo esta muy malo
tengo que regalar mis piezas hasta por 25 córdobas.
¿Y que otro tipo de escultura hace? Pues yo hago de todo. Sólo veo una figura
en un papel y la dibujo en la piedra, la verdad no sé como hago,
pero yo hago todo lo que me traigan. Yo trabajo muchas piezas pequeñas
porque es lo que más se vende, desde siluetas de mujeres, animalitos,
santos, tazas...
¿Se considera artista? Pues.... creo que un poquito.
DE DOMÉSTICA A ESCULTORA Teresa Vega desde pequeña quiso ser pintora y escultora, pero la pobreza de su familia sólo le permitió llegar hasta quinto grado. “Me gustaba moldear figuras con el lodo del patio de mi casa, allá... adelante de Boaco. A los 12 años me vine con mi madre para Managua con los deseos de ingresar a la escuela de artes, pero no pude”. Aunque se casó y tuvo sus tres primeros hijos siendo muy joven, eso no le impidió que aprendiera el oficio de esculpir. "También me divorcié muy joven por lo que tuve que trabajar lavando y planchando ajeno para mantener a mis hijos. Hasta que un buen día entré de empleada doméstica en la casa del maestro Fernando Saravia". Saravia notó en la joven su interés por el arte y en sus ratos libres la invitó a que le ayudara en el taller. Después de 12 años de trabajar en la casa de Fernando Saravia, Teresa no volvió a planchar y lavar ajeno, sino que se dedicó por completo a esculpir la marmolina con la que ha criado a sus hijos siete hijos. Ahora dice que en la vida le queda otro sueño
por cumplir y es montar un taller donde pueda transmitir su arte con otras
personas. "Si yo pudiera montar un taller para darle trabajo a unas 10
personas y abrirme otros mercados estoy segura que otro gallo me cantara".
16 DE JULIO DEL 2004 / La Prensa |