Colecciones NiKa-CyberMunicipio
Ubicado en la Iglesia del Corazón de Jesús 
en el Barrio Monseñor Lezcano 
 Monumento
a Monseñór José Antonio Lezcano y Ortega
 Escultura expresionista
Retrato Escultórico de cuerpo entero
200 cms. de alto por 60 cms. de ancho por 60 cms. de largo.
Promotor: Iglesia Católica
Escultor: Ernesto Brown

A pesar de que en Managua para el año 1954 existian dos estatuas de Monseñor Lezcano, una ubicada en las hornacinas de la antigua Catedral y otra sobre la cripta, el pueblo católico queria colocar en un lugar visible y centrico una imagen de aquel prelado orgullo del catolicismo de Nicaragua, cuyas acciones beneficas llegaron a infiltrarse en lo mas intimo de los corazones de la feligresia.
Por tal motivo, el 6 de Enero de 1958 se inauguro una nueva imagen de este santo hombre en el Barrio que hoy lleva su nombre.

24 DE AGOSTO DEL 2003 /  La Prensa
Cosas Veredes Sancho Amigo
Las Bodas de Oro de Monseñor Lezcano y las tribulaciones del padre Argüello 

    A los sacerdotes de la Arquidiócesis y Diócesis Sufragáneas: Managua 2 de marzo de 1933. Excmo. Sr. Pbro. El día 4 del corriente se cumplirán cincuenta años de haber vestido la santa sotana el Excmo. Sr. Arzobispo Monseñor Lezcano. Para los homenajes que con ese motivo se le tributarán, tenemos gusto de invitar a Ud. - J. Manuel Argüello, Pbro. Srio. del Comité de Sacerdotes 

Mons. José Antonio Lezcano y Ortega 

Mario Fulvio Espinosa
Mariofulvio.espinoza@laprensa.com.ni

Con pulso firme y elegante trazo caligráfico, el presbítero Juan Manuel Argüello escribió su rúbrica sobre el fino papel de lino, con un gesto de severa complacencia dio a la firma el toque final al colocar con precisión y maestría las diéresis que lleva su apellido. “Nil obstat” (Nadie se opone) dijo en voz baja. 

Era el último lote de cartas que firmaba. Desde las cinco de la mañana se había entregado a la tarea de redactar esas misivas para destinatarios diferentes, entre éstos los obispos centroamericanos y los sacerdotes de la Arquidiócesis y Diócesis de Nicaragua. Sofocado por el calor se arrellanó en la silla del escritorio, tomo el abanico de palma, hecho en Masaya, y mientras se airaba satisfecho llamó a su amanuense Feliciano, un chavalito albino que a la sazón podría tener diez años, delgadito, chele, ojos rojizos, con el cabello, las cejas y pestañas platinadas. 

“Te vas al Correo y a la Radio Nacional, ponés las cartas y los telegramas y me traés los comprobantes”, le dijo. Dócil y callado Feliciano tomó el legajo y salió del Palacio Arzobispal que, después del terremoto de 1931, estaba instalado en una esquina del Instituto Pedagógico de Managua, la opuesta al torreón norte del Campo de Marte. 

Al presbítero Argüello le tocó en su calidad de Secretario del Comité de Sacerdotes enviar las invitaciones al alto y bajo clero, en tanto las dirigidas a los Poderes de la Nación, a los notables y a los fieles, fueron responsabilidad de las matronas Josefa Toledo de Aguerri, Ángela García, Inés Bravo, María Josefa de Lacayo, Josefa de Aguado y Angelina de Salvatierra que formaban el Comité de Festejos. 

Inserto en la invitación iba el Programa de los homenajes que tendrían lugar el sábado 4 y el domingo 5 de marzo. 
 

LOS 50 AÑOS DE MONSEÑOR LEZCANO 

José Antonio Lezcano nació en Granada el 10 de abril de 1865, sus padres fueron don Juan José Lezcano y doña Isabel Ortega, que murió a los 25 días de haberlo parido. Año y medio después murió su padre; quedó el tierno Antonio bajo el cuidado de su tío, el austero y anciano sacerdote monseñor José Antonio Lezcano, canónigo de la Catedral de León, quien le proporcionó una educación esmerada dentro de los estrictos marcos del misticismo cristiano. 

Con una vocación anunciada, el joven Antonio entró a estudiar al Seminario San José, en Costa Rica, donde vistió la sotana de seminarista el 4 de marzo de 1883, recibiendo de manos del obispo costarricense Augusto Thiel la primera tonsura, el 29 de julio de ese mismo año. 

La carrera religiosa de José Antonio fue meteórica. El 9 de marzo de 1886 recibió el subdiaconado; el 17 de abril de 1887 el diaconado; el 15 de abril de 1888 fue ordenado presbítero y cantó su primera misa el domingo 22 de abril de ese mismo año. Cinco meses después fue nombrado rector del Seminario de León, cargo que desempeñó durante 25 años. En 1897 es elevado al cargo de canónigo arcediano y luego protonotario apostólico en 1909. 
 

DIPUTADO Y PRESIDENTE DEL CONGRESO 

Al proclamarse la Constituyente de 1912, José Antonio fue electo diputado y luego, durante cuatro años, presidente del Congreso Pleno. El 10 de diciembre de 1913 fue preconizado primer Arzobispo de Managua y consagrado el 3 de mayo de 1914. 

Tenía, pues, José Antonio 68 años, cuando los católicos nicaragüenses decidieron celebrar con gran pompa los cincuenta años de haber vestido la sotana su querido Arzobispo y éste con humildad aceptó los homenajes. 
 

PROGRAMA DE CAMPANILLAS 

Por eso el 4 de marzo de 1933, una hora antes de la salida del sol, la ciudad despertó bajo el embrujo de los aires marciales ejecutados por la Banda de los Supremos Poderes que recorría las calles centrales, mientras desde distintos barrios de la ciudad se disparaban cohetes y morteros. 

A las cinco y media de la mañana la feligresía y los invitados comenzaron a llenar las tres pequeñas naves de la iglesia del Perpetuo Socorro donde Monseñor Lezcano oficiaría la misa y repartiría la comunión. Llamó la atención de los presentes la entrada al templo del Coro de la Inmaculada, integrado por catorce señoras y señoritas que llegaron de vestido blanco y corbatas celestes. 

Con el acompañamiento de la orquesta del maestro Carlos A. Urroz y bajo la dirección del citado músico, el coro mereció “a sotto voche”, comentarios de admiración de los presentes, sobre todo cuando entonaron el “Himno a Monseñor Lezcano” y obras sacras famosas, como la Obertura “La Embajadora” de Adams, “Lirios y Azahares” del maestro Carlos Ramírez, el Terceto de Rossini y el “Tantum Ergo” de Mozart. 

Por su parte el diario LA PRENSA, en edición especial, trajo en su primera plana un escrito del doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya donde el Director del periódico señala que de 1886 a 1893 Monseñor Lezcano dirigió la publicación de la revista “Sentimiento Católico”, que en sus principios fue mensual, después quincenal y finalmente bisemanal. “Lo mató (al periódico), el liberalismo del 93, porque los buhos odian la luz, sobre todo la luz de Dios” puntualiza el artículo que agrega: 

“Fue arrojado del país por el horrendo delito de usar la sotana, y por el descarado atrevimiento de haber protestado contra la ley que prohibía a los sacerdotes usar el traje talar. 

“Pero aunque lo despojaron del hábito, siguió siendo un sacerdote modelo; y aunque le arrebataron la pluma siguió siendo un escritor de combate. LA PRENSA se enorgullece de contarlo entre sus colaboradores”, señala entre otras cosas el Editorial. 
 

BANQUETE CON MÚSICA CLÁSICA 

Durante el resto de la mañana, el festejado recibió la visita del alto clero, presidido por el Vicario General, monseñor Cipriano Vélez, también acogió con beneplácito a las delegaciones de las comunidades religiosas y congregaciones católicas. 

A las doce del día se ofreció al prelado un banquete que estuvo amenizado por la afamada “Orquesta Urroz” integrada por músicos notables, que conducidos por la batuta del profesor Carlos Urroz interpretaron, entre otras, las siguientes piezas clásicas: Orbertura “Pique Dame” de Franz Von Suppé; “En un mercado persa”, de Albert Ketelby; Serenata “Pagliacci”, de Leoncavallo; “Sibyl”, de Víctor Jacobi, y la mazurca “La Giavanesse”, de Carlos Lombardo. 

Entre los nombres de los miembros de esa orquesta que este cronista recuerda, están los de Víctor, Fernando, Humberto, Jesús, Tomás y Luis, todos de apellido Urroz y miembros de una misma familia, a ellos se deben agregar don Juan Paiz, Víctor M. Zúñiga, Luis Andino, Nicolás Arróliga y Raúl Obregón. 

Que los managuas de los años 30 eran amantes de la música clásica queda plenamente comprobado con el Magno Concierto que, a las cuatro de la tarde, le fue ofrecido a Lezcano y Ortega en el Salón de Recepciones del Instituto Pedagógico. 

Este era el acto oficial y el principal del día, por tanto correspondió al Vicepresidente de la Republica, doctor Rodolfo Espinosa R., fogoso orador de la época, ofrecer el discurso inicial. Comenzó destacando la abnegación cristiana de Monseñor Lezcano durante el terremoto de 1931, “cuando en escombros primero y en pavesas después, sus moradores huían con ese sentimiento innato al ser humano, de su propia conservación”. 

“Como Jesús sobre el Tiberiades, Monseñor Lezcano desafió la tempestad, desafió las llamas, se quedó aquí, gritando con la voz suave de un Pastor de Almas, cuando comisiones de todas partes de Nicaragua venían a llevárselo: “Nadie me arrancará de Managua, mientras haya una alma cristiana que socorrer”. 

Según lo registró el periódico “Los Hechos” en una crónica firmada por la periodista “Nubia”, tomaron parte en el concierto “El Lizst nicaragüense Arturo José Medal, Carlos Tünnermann López, pianista y compositor conocidísimo que prestigia el bello arte de Beethoven, Humberto y Luis Urroz, don Jesús Cano y Sra., la pianista Justina Huezo de Espinosa, el maestro y genial compositor Luis Abraham Delgadillo, el flautista Rafael Huezo y el violinista Tucho Montealegre. 

Entre la exquisita selección de las piezas presentadas, se encuentran “Sueño de amor”, de Listz; “Preludio de la suite”, Melodía de la danza” y la “Danza de Kukulkán” del maestro Luis A. Delgadillo. 

En aquella vorágine de bellas notas y arpegios, el padre más feo de Managua, monseñor Cipriano Vélez, cantó con voz de tenor el tema “Música Prohibida”, de Gastaldon, acompañado al piano por el profesor Carlos Tünnerman López. 

El día terminó en el Instituto Pedagógico con la exhibición de una película “de alta fuerza moral” proporcionada por los Hermanos Cristianos. 

La fiesta continuó el domingo 5 de marzo a las cuatro de la tarde en el Salón de Recepciones del Instituto Pedagógico, con un homenaje social organizado por las señoritas de la alta sociedad de Managua y la salutación estuvo a cargo de la señorita Isabel Maltés. En este evento tuvo destacada participación el “Orfeón Nicaragüense” integrado por 13 señoritas y 53 jóvenes caballeros bajo la conducción del maestro Francisco P. Barbat. 

Al margen de la libreta nos quedaron por falta de espacio otras cosas que consignar, entre ellas la preciosa melopea que interpretaron las señoritas Rosa Argentina Lacayo y Dora Cantón, y el poema “Pastor Blanco” que declamó el presbítero y doctor Isidro Augusto Oviedo y Reyes. 
 

MEDITACIÓN DESPUÉS DE 48 HORAS DE HOMENAJE 

Cansado, desvelado y con cierto dolorcillo de cabeza regresó esa noche al Palacio Arzobispal monseñor Juan Manuel Argüello, con deleite sumergió sus pies adoloridos en la palangana de agua tibia que le tenía preparada Feliciano. Comenzó a meditar en los acontecimientos ocurridos durante las 48 horas de homenajes y musitó una de sus frases preferidas: “Ars loga, vita brevis” (El arte es largo, la vida breve), quizá se acordó de otra que no dijo porque se quedó dormido. 
 

PASION Y CALMA 

“Quizá el turbión político del partido al que yo pertenezco puede haber hecho verter lágrimas del fondo de su corazón al Prelado virtuoso, pero hoy, serenadas las pasiones de nuestra vida política, todos corremos presurosos a besar la mano de Monseñor Lezcano”, dijo en su discurso el vicepresidente, doctor Rodolfo Espinosa R. 
 

HIMNO DEL ARZOBISPADO 

(Fragmentos)
Ya de Roma se escucha el acento
de la voz del Pontífice Santo,
y el primer Arzobispo entre tanto
surge lleno de gracia y virtud.
De la Iglesia del País de los Lagos
sois jefe abnegado y piadoso
vuestro nombre de padre amoroso
en nuestra alma grabada estará 
es por eso que aquí vuestros hijos
hoy entonan un himno ferviente
y le piden a Dios reverentes
que Él os colme de dicha y de luz.
Luis A. Delgadillo 

(Agradezco los aportes informativos y gráficos proporcionados a este servidor por el ingeniero Bayardo Cuadra. Mario Fulvio Espinosa) 
 
 
 
 

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