JUAN RAMÓN AVILÉS
Y SU LEGITIMIDAD LIBERAL
Jorgue Eduardo Arellano
Si hubo un periodista que mantendría,
a lo largo de su existencia, la legitimidad de los, principios liberales,
ese fue Juan Ramón Avilés. Fiel a la causa de su partido,
desde joven abordó asuntos históricos, sociales y económicos,
influyendo notablemente en la opinión pública del país.
De ahí que se le haya reconocido como uno de los más altos
valores de su generación.
Nació en el barrio San Juan de Masaya el
7 de junio de 1886. Estudió en su ciudad natal, donde hizo circular
un periódico manuscrito: «El alfiler». En 1905 pensaba
editar una revista literaria y establecer una biblioteca pública.
Pero no logra sus propósitos y se dedica a diversos oficios como
carpintería, hojalatería y tipografía, sin reprimir
sus impulsos literarios, firmando versos y prosas con el seudónimo
de El Duque de Alba.
A los veinte años se traslada a Managua
para empeñarse «en la cimentación de la concordia,
intelectual y sincera, de la juventud», como lo escribía a
Rubén Darío el 21 de enero de 1907. Y esa labor la realiza
con la fundación de importantes publicaciones periódicas:
Letras (1914) y La Noticia ilustrada
(1915). Desde el primero de julio de este año
hasta su muertedirige La Noticia, diario que mantuvo la hegemonía
-durante varias décadas- en el periodismo nicaragüense.
Según su biógrafo Humberto Osorno
Fonseca: «...de todas partes le llegaban mensajes de felicitaciones
por sus artículos; en todas las ciudades y pueblos por donde pasaba
lo saludaban con aplausos; era el invitado de honor de las fiestas de los
obreros; las muchachas bellas de la sociedad gustaban tener en sus álbumes
un pensamiento de oro y rosa con su autógrafo; era también
el más entusiasta amigo de los deportistas». En un editorial,
escribió Avilés:« Los primeros años de La Noticia
los consagramos a cooperar con la mayoría del pueblo a dos objetivos
determinados: liberar a la Patria de la intervención militar extranjera
y liberar al pueblo de la dominación de una oligarquía reaccionaria
que se conservaba en el poder contra la voluntad en potencia de la mayoría
por la complicidad de esa intervención ...».
Liberal doctrinario, Juan Ramón Avilés
justificó el pacto Stimson-Moncada e incomprendió la lucha
de Sandino; pero no dejó de expresar un franco pensamiento anti-intervencionista.
Así lo refleja su ensayo «El caso de Nicaragua ante la conciencia
de América», aparecido en Repertorio Americano (14 de Enero,
1928) de Joaquín García Monge, quien le tenía alta
estima intelectual. En cuanto a su labor de difusión cultural, fue
uno de los impulsores fundamentales de las promociones modernistas durante
las tres primeras décadas del siglo XX. Como creador se le conoció
calidades de prosista literario; incluso Rubén Darío, en
El Viaje a Nicaragua, advirtió el decoro bizarro de sus prosas.
«El desorden, la amenaza contra el ciudadano,
la guerra desatada por la ambición, es lo que ha formado el cuadro
e¡que la vida nicaragüense se ha movido. Y desde este punto
de vista, el ciudadano debe luchar contra toda opresión, vIrilmente,
hasta lograr que las libertades públicas sean consagradas, porque
mientras el despotismo no se elimine, no podrán organizarse las
fuerzas ciudadanas para la nueva independencia». Pero Avilés,
al mismo tiempo, creía en otro deber: la defensa de la patria en
la paz, con el trabajo, la posesión y el cultivo de la tierra.
Sólo ellos, para él, eran «prenda
de nacionalismo y promesa de prosperidad».
Fundador en México del movimiento «Acción
Iberoamericana», nacido para contrarrestar el panamericanismo que
promovían los Estados Unidos, Avilés fue testigo del interés
norteamericano por la explotación de nuestros recursos naturales
y por la intervención misma. Pero aceptó su cooperación
para establecer en Nicaragua la paz y el sufragio, base de la democracia.
Finalmente, Juan Ramón Avilés resumió su pensamiento
en estas líneas:«Para acometer la obra de libertad de la patria
tenemos antes que lograr la libertad individual y para la soberanía
nacional lograr antes la garantía humana». Y Osorno Fonseca
afirmó: «No se hizo rico, pero tampoco vivía pobre,
así tenían que ser las cosas, porque su alma, su trabajo
y su dinero los había consagrado para el culto del liberalismo»...
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