BATALLA DE LA FORTALEZA DEL COYOTEPE
BATALLA DE OCOTAL
MINA SAN ALBINO
BATALLA DE EL CHIPOTE 1  3  4  5  8  9
AVIONES DE GUERRA USADO PARA ATACAR AL GENERAL SANDINO
Barcos de Guerra Marines en ocupaciones a Nicaragua
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Museos de Nicaragua


Rowell acabó con el Chipote mandó partido para arriba el trabajo de la infantería [de dieciocho] [blanco ] a mano fosforadas granadas."  desde los Havilland DH4

Orden de parar el fuego ! Orden de parar el fuego! Orden de parar el fuego!

Había que gritar hasta desañitarse para que se pudiera oir.

El fragor de los aviones hubiera sido de por si bastante para ensordecer
toda la tierra.

Añádase a eso el tronar de las bombas.

Bajaban chiflando las malditas y donde caían hacían una explosion de rayo

de centella que se quedaba tamblando el suelo como animal asustado.
Ensanchando el alcance de las operaciones de aire,  Según lo demostrado en LA BATALLA DE OCOTAL, las operaciones conducidas por aeroplanos y asi la importancia de la ayuda de la Fuerza Aerea para las fuerzas de tierra y " realizó las funciones de la artillería con su bombas de ataque concentrado."

En noviembre de 1927, concepto de operaciones de aire ahora ensanchadas no solo a las fuerzas de tierra sino favorables a las acciones de aire independientes. El dia 23 de noviembre, los aviones marinas localizaron el Cuartel Central de Sandino en la montaña del EL Chipote en norteño Departamento de Nicaragua y habia comenzado a bombardearla casi diariamente.




 

Reventaban las condenadas levantando una fuerte de terrones y piedras. -

La pura laja hecha añicos! y sólo dejaban cada una un hueco.

Allí era bueno esconderse y parapetearse y darle recio a la balacera.

Pero por lo mismo era dificil transmitir de hoyo a hoyo la voz de mando: dejar de
disparar y reconcentrarse todos al Cuartel General.

El fuego de los sandinistas se fue callando lentamente del uno al otro sector del campo, en la redondez del monte empinado, hasta hacerse silencio general.

En el Cuartel no serían más de ciento treinta hombres los que al final se reunieron. Era en una hondonada larga sobre la cumbre del cerro El Chipote, en un extremo de la cual había hecho construir el Comandante en

Jefe del Ejército Libertador de Nicaragua una vasta enramada.

En enero, la campaña del bombardeo se convirtió en algo mas más eficaz cuando los aviones de Havilland fueron substituidos por los nuevos corsarios de Vought y los halcones de Curtiss que tienen mayores capacidades para cargar mas bombas.

El corsario de O2U era explorador del biplano de los años 20 de los E.E.U.U. y un avión de la observación. Hecho por Vought Corporation, el O2U fue pedido por la marina de guerra de Estados Unidos (USN) en 1927. Accionado por una maquina Pratt de 400 caballos de fuerza (298 kilovatios);  una estructura de fuselage de acero-tubo. y estructura de madera con la cubierta de la tela. 

Muchos eran hidroaviones o anfibios.
 
 
 

La campaña del bombardeo contra el El Chipote alcanzó etapa concluyente el 14 de enero de 1928 cuando Rowell organizo un importante ataque de aire con cuatro de los nuevos aviones biplazas el corsario de Vought. 

Cada avion fue armado con  ametralladoras, y junto ellos comenzaron el bombardeado de El Chipote y 18 el decargamiento de demolición del Cuartel de Sandino con 18 bombas de cincuenta-libra y otras mas de diecisiete-libra.
 
 







A la altura a que volaban los poderosos aviones de la marina norteamericana no se distinguía el cobertizo con su techo de ramas. Al otro extremo del largo hoyanco habia una inmensa roca natural que muchas lluvias habian pulido y muchos soles habian rajado en cruz.

Allí había mandado colocar Sandino, simulando un tejaván, tejas laboriosamente traídas desde San Rafael. Debajo de las tejas, aqui y allá, el estratega nicaraguense habia hecho poner medianas cargas de dinamita.

Tal era supuesto Fortin.

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Sobre el Fortin enfilaban su punteria los aviones extranjeros. En el afán de clavarle alguna bomba, a veces bajaban temerariamente.

Entonces era cuando la Fosforera y la Pica Pica, las dos ametralladoras antiaéreas de Sandino, lograban horadarle las alas a los formidables pájaros mecánicos.

Toda la mañana fue un diluvio de bombas enemigas. Los sandinistas, alejados de la cumbre y tirados sobre la falda fragosa del cerro abrupto, defendían la posición, listos a dispersarse en caso de que por algun flanco el enemigo los atacáse en número superior.
 

Los quinientos veteranos de Chateau Thierry y del bosque de Argona se mantenian a prudente distancia, sin embargo, en espera de que los aviones dieran buena cuenta del ejército "nativo".

El combate había comenzado depuescito de haber aclarado. Los aviones se habían levantado con la neblina que toda la noche había dormido en el ancho valle del cauce del Segovia. 

En número como de cincuenta, volaban en formacion uno tras otro a gran altura.

Al acercarse a El Chipote se echaban boja abajo disparados, cada uno dejaba caer una bomba, y volvían a
encumbrarse. Allá daban vuelta y formaban un círculo que no había dejado de girar horas y horas. Y sin poderle pegar al Fortin!.

Hasta que por fin le dieron. La dinamita estalló. Las tejas volaron. Las pocas bestias que había en la enramada, entre ellas la mulita parda del General Sandino, ensillada con la montura mexicana que le habían mandado los comunistas de México, salieron en estampida loma abajo y ni quien las atajase. Los yanquis las cogieron. Entonces fue cuando el General dio la orden de parar el fuego y reconcentrarse.

En la Enramada, grande como corredor de casa de Hacienda cafetalera, mujeres encuclilladas molian masa de tortilla en curvas piedras primitivas, excepto un grupo de tres que rodeaban el pequeño cadáver destrozado de un niño para quien el relincho de las bestias habia sido mortal: pata de mula los habia destripado. Las tres mujeres estaban como hipnotizadas viendo el despojo lastimero.

Las demás, que serían como doce, seguían moliendo. Y los yanquis aventando metralla desde sus aviones. 
 
 
 
 

Maldita puta que los parió, exclamó un sandinista, Como nada les cuesta el parque!.

había que gritar para hacerse oir. Sandino se explicó a gritos.

Ni un disparo más hasta que Yo dé la orden ! Al que dispare le cargo la cutacha ! No enciendan ningun fuego, ni me fumen un puro ! Hagan de cuenta que nos mataron a todos ! Arrinconen las armas para que no les venga la tentacion !

Coronel Umanzor pase lista ! Los yanquis no cejaban su bombardeo. Al Fortin le pegaron muchas veces más.

Ya que el sol bajaba se retiraron los aviones. Las ametralladoras de tierra todavia siguieron disparando al azar
sobre la falda del monte.

El Coronel Umanzor rindo parte:

Tenemos veintidós bajas, mi general!
Heridos ?
 Muertos todos.
Pregunto cuantos heridos hay !
Cincuenta y uno mi General.

Vea, coronel Umanzor, que no se nos quede ningun herido en el campo. Mande a recogerlos a todos. Pero vea bien que no me recojan muertos. Repita la orden !.

El interpelado la repitió.

Coronel Umanzor ! Vaya a preparar todo para cumplir esta orden. Ya lo
llamaré para que la ejecute.
Umanzor se fué.

Coronel Estrada !
Presente mi General !
Tome usted los nombres de los muertos de hoy y apúntelos en el " Libro de los Inmortales ".

Si mi General !.

Ejército ! a formar form!

había algunos heridos a quienes se les enfriaban las heridas y comenzaban a quejarse. Apenas unos ochenta hombres estaban ilesos.

Ejercito ! Firm ! Presenten arm !

La voz era de mando. Salía de una boca rasgada a la que le hacían guardia erecta dos hondas arrugas laterales. Salia de la boca pero venia de muy hondo, de más hondo que el cuello, demás hondo que los pulmones de más abajo del estomago. Era una voz que hacia decir a sus soldados: :Guebos de hombre, los de mi General!"

Ejercito Libertador de Nicaragua ! Este día, hermanos, nos hemos cubierto
de gloria. Necesitamos que ,la victoria sea completa. Nos ha atacado el
ejercito mas poderoso del mundo, y lo hemos batido. El plan es éste. Creen
los mercenarios rubios que nos han aniquilado y es necesario que lo crean.
Hoy ha llovido fuego y muerte sobre Segovia Santa. creen los sicarios del
avariento y codicioso Coolidge que nos han ahogado. Creen que ya acabaron
con Sandino y su ejército. Pero aqui estamos, invictos, invencibles!".
"Ejercito ! No hay que dar señal de vida. ala mañanita volveran. Si
dejamos los cadBveres muertos sin recoger, es para que se convenzan de que
todos estamos muertos, Y cuando menos piensen, les caemos sin que esten
prevenidos y que no quede uno con vida. ahora somos la Muerte viva, la
Quirina enfurecida, los angeles del Juicio Final, y esta victoria serBa la
envidia de los Ejércitos del Mundo!.

Ejercito Descansen arm !.
 
 
 
 

El fuego de los sandinistas se fue callando lentamente del uno al otro sector del campo, en la redondez del monte empinado, hasta hacerse silencio general. 

En el "cuartel" no serían más de ciento treinta hombres los que al fin se reunieron. 

Era en una hondonada larga sobre la cumbre del cerro El Chipote, en un extremo de la cual había hecho construir el Comandante en Jefe del Ejército Libertador de Nicaragua una vasta enramada. 

A la altura a que volaban los poderosos aviones de la marina norteamericana no se distinguía el cobertizo con su techo de ramas. 

Al otro extremo del largo hoyanco había una inmensa roca natural que muchas lluvias habían pulido y muchos soles habían rajado en cruz. 

Allí había mandado colocar Sandino, simulando un tejaván, tejas laboriosamente traídas desde San Rafael. Debajo de las tejas, aquí y allá, el estratega nicaragüense había hecho poner medianas cargas de dinamita. 

Tal era el supuesto Fortín.


Sobre el Fortín enfilaban su puntería los aviones extranjeros. 

En el afán de clavarle alguna bomba, a veces bajaban temerariamente. 

Entonces era cuando la Fosforera y la Pica-Pica, las dos ametralladoras antiaéreas de Sandino, lograban horadarle las alas a los formidables pájaros mecánicos. 

Toda la mañana fue un diluvio de bombas enemigas. Los sandinistas, alejados de la cumbre y tirados sobre la falda fragosa del cerro abrupto, defendían la posición, listos a dispersarse en caso de que por algún flanco el enemigo los atacase en número superior. 

Los quinientos veteranos de Chateau Thierry y del bosque de Argona se mantenían a prudente distancia, sin embargo, en espera de que los aviones dieran buena cuenta del ejército "nativo".


 
- El combate había comenzado despuecito de haber aclarado. 

Los aviones se habían levantado con la neblina que toda la noche había dormido en el ancho valle del cauce del Segovia. 

En número como de cincuenta, volaban en formación uno tras otro a gran altura. 
(50 es una exageración del autor).

Al acercarse a El Chipote se echaban boca abajo disparados, cada uno dejaba caer una bomba, y volvían a encumbrarse. 

Allá daban la vuelta y formaban un círculo que no había dejado de girar horas y horas. 

¡Y sin poderle pegar al Fortín!


 
Hasta que por fin le dieron. 

La dinamita estalló. 

Las tejas volaron. 

Unas pocas bestias que había en la enramada, entre ellas la mulita parda del General Sandino,
ensillada con la montura mexicana que le habían mandado los comunistas de México, 
salieron en estampida loma abajo y ni quien las atajase. 

Los yanquis las cogieron. 

Entonces fue cuando el General dio la orden de parar el fuego y de reconcentrarse.


 

EN LA ENRAMADA, grande como corredor de casa hacienda cafetalera, mujeres encuclilladas molían masa de tortilla en curvas piedras primitivas, excepto un grupo de tres que rodeaban el pequeño cadáver destrozado de un niño para quien el relincho de las bestias había sido mortal: 
pata de mula lo había destripado. 
Las tres mujeres estaban como hipnotizadas viendo el despojo lastimero. 
Las demás, que serían como doce, seguían moliendo. 
Y los yanquis aventando metralla desde sus aviones.
¡Maldita puta que los parió! exclamó un sandinista-. 
¡Como nada les cuesta el parque!

 

-
Había que gritar para hacerse oír. Sandino se - explicó a gritos.
-¡Ni un disparo más hasta que yo dé la orden! ¡Al que dispare le cargo la cutacha! No enciendan ni un fuego, ni me fuman un puro! ¡ Hagan de cuenta que nos mataron a todos! ¡Arrinconen las armas para que no les venga la tentación! ¡Coronel Umanzor, pase lista!

 

Los yanquis no cejaban en su bombardeo. Al Fortín le pegaron muchas veces más. Ya que el sol bajaba se retiraron los aviones. 
 

Las ametralladoras de tierra todavía siguieron disparando al azar sobre la falda del monte.
El coronel Umanzor rindió parte: -¡Tenemos veintidós bajas, mi General! -¿Heridos?
-Muertos todos.
-¡Pregunto cuántos heridos hay!-Cincuenta y uno, mi General.
-Vea, coronel Umanzor, que no se nos quede ningún herido en el campo. 
Mande a recogerlos a todos. Pero vea bien que no me recojan muertos.
¡Repita la orden!
El interpelado la repitió.
  ¡Coronel Umanzor! 
Vaya a preparar todo para cumplir esta orden. Ya lo llamaré para que la ejecute.
Umanzor se fue.
-¡Coronel Estrada!
-¡Presente, mi General!
-Tome usted los nombres de los muertos de hoy y apúntelos en el "Libro de los Inmortales."
-Sí, mi General.
-¡Ejército! A formar, ¡form!
Había algunos heridos a quienes ya se les enfriaban las heridas y comenzaban a quejarse. Apenas unos ochenta hombres estaban ilesos.


 

-¡Ejército! ¡Firm! ¡Presenten..., arm!
La voz era de mando. Salía de una boca rasgada a la que le hacían guardia erecta dos hondas arrugas laterales. Salía de boca, pero venía de muy hondo, de más hondo que el cuello, de más hondo que los pulmones, de más abajo del estómago. Era una voz que hacía decir a sus soldados: "¡Güebos de hombre, los de mi General!"

-"¡Ejército Libertador de Nicaragua! Este día, hermanos, nos hemos cubierto de gloria. Necesitamos que la victoria sea completa. Nos ha atacado el ejército más poderoso del mundo, y lo hemos batido. El plan es éste. Creen los mercenarios rubios que nos han aniquilado y es necesario que lo crean. Hoy ha llovido fuego y muerte sobtie~Segovia Santa. Creen los sicarios del avariento y codicioso Coolidge que nos han ahogado.
Creen que ya acabaron con Sandino y su ejército. Pero aquí estamos, invictos, ¡invencibles!"
"¡Ejército! No hay que dar señal de vida. A la mañanita volverán. Si dejamos los cadáveres de nuestros hermanos muertos, sin recoger, es para que se convenzan de que todos estamos muertos. Y cuando menos piensen, les caemos sin que estén prevenidos y que no quede uno con vida. Ahora somos la Muerte viva, la Quirina enfurecida, los ángeles del Juicio Final, y esta victoria será la envidia de los ejércitos del mundo!"
"¡Ejército! ¡Descansen arm!"

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