

BATALLA DE LA FORTALEZA DEL COYOTEPE BATALLA DE OCOTAL MINA SAN ALBINO BATALLA DE EL CHIPOTE 1 2 3 4 5 6 7 8 9 AVIONES DE GUERRA USADO PARA ATACAR AL GENERAL SANDINO Barcos de Guerra Marines en ocupaciones a Nicaragua www.manfut.org Museos de Nicaragua
Se les habían arrimado otras muchachas y algunos hombres. Sobre un cuero de res que estirado con estacas se habia secado al sol. Sandino se echó, envuelto en una frazada de lana roja por un lado y negra por el revés. Como a la media noche ya habían recogido a todos los heridos. Cirujanos improvisados, de filoso machete, emparejaban piernas o brazos destrozados. el golpe tenia que ser recio y dado con el miesmo miembro que le apuntaba colocado sobre una laja. Asi se cortaba con nitidez el huezo, sin astilarse. El machete, al caer, hacia brotar chispas. Las mujeres se despojaban de fustanes, o se desamarraban rebozos, para vendajes. Lavaban las heridas con agua tibia y les aplicaban trementina.
La fiebre hacia delirar a unos.
![]() El santo y seña de esa noche lo habia tomado de la arenga de Sandino: Santa Segovia. Sandino dormia. En un grupo que aún tenía ánimo para hablar, se comentaba lo pesado de la jornada, se repasaban incidentes aislados. Guebos de hombre, los de mi General. Al primer claror de oriente los centinelas sandinistas no vieron desde sus escondites mas que niebla en la vastedad del mundo, un mar de perla, de gris lucio, Arriba, en cambio, el cielo se cubria de tiernisimos colores. De entre la niebla salio el sol como un regalo de oro relumbroso que se exhibiese en algodones de joyería. Tras el sol la niebla fue subiendo, subiendo
y desleyéndose, volviendose finita como un humillo y evaporandose
Después de frio de la noche el sol picaba en carne humana, por sobre ropa y todo. La ropa humeaba con el calor y humeaban las greñas. El aire despejado se caldeaba pronto. Y con el aire calido los ruidos familiares del dia cobraban forma.
Los pájarracos negros de vuelo sereno graznaban por encima de mas de medio centenar de cadáveres entre los destrozos del Fortín. Alli llegaron los zopilotes, despues de largos revoloteos en circulos cada vez mas estrechos, cada vez mas bajos, hasta descender, cobardones, cautelosos y posarse en tierra cerca de los muertos. Con paso lento, torpe, moviendo estrafaliariamente el horrible pescuezo de moronga, un sonchinche se acercó a uno de los cadáveres . De un brinco le saltó al pecho. Con el impacto del pesado gallinazo el cadáver se movió, y el animal, asustado, alzó estruendoso vuelo. Otro zopilote ensayó el ataque. Uno
más, en ruedo le seguia. El nuevo zapador se detuvo junto a la cabeza
del muerto, examinandolo, De repentino picotazo le reventó un ojo.
Como ebrio, el asqueroso bicho picó otra vez y
Los que le seguían intentaron desalojarlo a empellones de hombros. De cobardones se volvieron feroces. Era una furia demoniaca la de esas aves. A ratos algo volvía a amedrentarlos y todos a un tiempo se echaban a volar dejando ver a los sobrevivientes que miaraban desde la enramada, los estragos horribles de su voracidad. A cada instante llegaban mas zopilotes. éran centenares y centenares. a picotazos deshacían las pobres ropas. A picotazos abrían los vientres turgidos con gases de muerto, inflados como globos. A picotazos arrancaban engrañas. A ratos un zopilote se alzaba con un largo trozo de tripa. Una bandada le seguia, peleándole en el aire la carroña. Asi se arrbataban unos a otros el bocado, haciendo largo el macabro festin. Mi General: Yo no puedo ver que los zopilotes se coman a mi hermano !.
Era un joven el que hablaba. La locura le brillaba en los ojos. Habia tomado de la enramada un rifle, y apuntaba a los zopilotes. Antes de que pudiera disparar, la cutacha de Sandino le rajó la nuca. El muchacho cayó de cara, como partido por un rayo. La sangre le borbotaba. Con un temblor de canillas agonizó mas aprisa que un pollo al que le han dado tortol. Ya sobre El Chipote volaban los aviones enemigos. Quien mas no aguanta seguir viendo ? pregunto fieramente el General. Nadie respondió. Si no hago lo que hice explicó ese jefe
de hombres, ya los asesinos rubios se hubieran dado cuenta por el disparo
de ese pobre hermanito enloquecido de que estamos vivos. Nos liquidan a
todos y adios Nicaragua !
Yo siempre se lo que hago Coronel Estrada, apunte este otro nombre en el Libro de los Inmortales. Los aviones hicieron señas a los marinos de tierra, significativas de que no quedaban rastros de vida en la dificil cumbre. La zopilotera en las laderas del cerro lo confirmaba. Entre los yanquis no se habia registrado ni una baja. Algunos marinos se divertian disparando al blanco sobre los zopilotes. El enorme número de los pájaros les sorprendía a todos. ![]() Preguntámelo a mí buddy ! le respondió el camarada. Vienen desde Tejas! exclamó otro. Yo les mandé aviso a Dallas de lo que ibamos a hacer con estos hijos de perra. Pues ya que acabamos a los bandidos que nos regresen a casa pronto, comento el que primero habia hablado, pues mi madre no me crio para prepararles de cenar a esos pájaros feos. Los oficiales invasores andaban atareados dando órdenes. Pronto levantaron las tiendas que habían tendido la noche anterior y en columnas de hombres fatigados se pusieron en marcha de regreso. En grupos saludaban a los aviones al divisarlos por, algún claro de la montaña que iban atravesando. Los oficiales iban montados. El coronel Hatfield, jefe de la expedición, se había apropiado ya de la mulita parda de Sandino y un ayudante suyo la montaba muy tranquilo. Por el mediodía hicieron un alto los marinos en pleno bosque. El calor era insoportable. Los más se habían despojado la chaqueta y hacían aspavientos de asfixia. Los aviones se habían retirado definitivamente.
A su llegada a Managua los aviadores informaron que de Sandino y sus ciento
cincuenta "bandidos" ya no quedaba ni uno.
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