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El 29 de junio de 1855, en la batalla de Rivas
Museo de Antropología e 
Historia de Rivas
casa hacienda de Santa Ursula, de donde partió Enmanuel Mongalo para la primera batalla de Rivas.
MUSEO HISTORICO DE RIVAS, al maestro Emmanuel Mongalo y Rubio
Emmanuel Mongalo y Rubio
Mireya Pravia Z.*
Las cuatro veces heroica ciudad de Rivas se enorgullece en exaltar al maestro Emmanuel Mongalo y Rubio, que toma relevante lugar en las gloriosas páginas de nuestra historia nacional. Nació en Rivas, un 21 de junio de 1834, en un sitio aledaño a donde antiguamente existió la Radio Mongalo y ahora se levanta un monumento a su gesta heroica.

Sus padres: don Bruno Mongalo y doña Francisca Rubio; sus hermanos: Domitilia, Mercedes y Salvador. Sus estudios, muy joven, los realiza en Estados Unidos. Inclina sus actitudes personales al conocimiento de la cultura, para beneficio de los niños pobres. Les daba enseñanza gratuita y les dedica la primera obra de Geografía elemental escrita en Nicaragua.

Como gran humanista, su vida la consagra al magisterio. La memoria de los grandes hombres es una de las más elevadas formas de la educación de los pueblos. La grandeza de hechos y de ideas. La de los hechos hace brotar pensamientos en las mentes y nobles sentimientos en el corazón.

Las naciones viven por el esfuerzo espiritual de sus mejores hijos. La grandeza de los hechos es material y espiritual, nace en el ama encendida por el fuego sagrado el amor a la Patria, y pone en el brazo el vigor y la sublimidad del heroísmo. Es por eso que Emmanuel Mongalo es de la familia de los héroes.

El 29 de junio de 1855, en la batalla de Rivas, fue el primer defensor voluntario. La lucha contra los filibusteros que aspiraron al predominio en Nicaragua fue heroica, y surge como una avalancha devoradora. Mongalo, sin camisa, con el pecho descubierto, llevando la tea en la mano, encendió el mesón de don Máximo Espinoza. La batalla ha encendido una hoguera de patriotismo, haciendo retroceder a los bucaneros. El peligroso enemigo huye hacia San Juan del Sur donde esperaban sus amigos, que llegaran a rescatarlos. Esta epopeya de Mongalo la podemos comparar a la del inmortal Leónidas de Esparta (historia universal). El heroísmo es como un impulso invisible que busca un alma grande y una mano generosa, y se detiene en aquel joven de ánimo vibrante, amante de la gloria, es así como la Patria cubrió su sombra con su bandera, conduciéndolo camino a la inmortalidad.

Murió el primero de febrero de 1872, a los 38 años de edad en Granada, sus restos reposaron un tiempo en el atrio de la Iglesia La Merced, posteriormente el 29 de junio de 1970, en solemne ceremonia fueron trasladados a Rivas, su ciudad natal, donde reposan definitivamente. Es así como Mongalo defiende la soberanía codiciada por el extranjero.

Si en nuestra imaginación sospechamos de un canal imaginario por el Istmo de Rivas, que mañana pueda ser un canal real, nacional o internacional, hagámosle arranques fuertes y profundos, para que resista el empuje de las precipitadas aguas que buscan otro mar. Niños, jóvenes nicaragüenses, todos salgamos en olímpica natación de relevo, saliendo por el Río San Juan, nadando contra la corriente, partiendo del fuego de Rafaela Herrera, y pasando por el Concepción para que podamos con músculos y ojos fatigados, divisar desde lejos en la costa de Rivas la mecha encendida de Mongalo, la llamarada que anuncia la entera libertad. ¡La libertad final!

Se dijo en el comunicado militar del gobernador del Departamento de Rivas don Eduardo Castillo consagrando a Mongalo, héroe indiscutible: “Rivas, Nicaragua, 1 de julio de 1855:

Nada otra cosa considero digna por ahora de comunicar a Uds. respecto a las ocurrencias a que me vengo refiriendo. Sólo así, el recomendar como de justicia al subteniente don José Góngora que el día de la acción fue de los que más se distinguieron por su valor, al subteniente cívico don Emmanuel Mongalo , que en unión de un soldado también cívico de los que vinieron de esa ciudad, Felipe Nery Fajardo, clavaron un mechón encendido en la casa de Máximo Espinoza, donde fueron últimamente reducidos y rodeados por todo el contorno los filibusteros, y se hacía preciso la operación del incendio, mas como ya presentaba un peligro nada menos que de la vida para su ejecución, se ofreció un premio de ‘cincuenta pesos’ al que la realizase, y ganado éste por los cívicos referidos, el señor Mongalo se ha hecho aún más digno de la consideración pública, porque rehusó la parte que le cupo en favor del Gobierno, y aunque también se distinguieron un teniente y subteniente de las tropas de mi mando, por modestia me abstengo de nombrarlos.

Quiera Uds. dar cuenta con lo expuesto a S. E. El D. P. y aceptar el precio con que se retira de U. S.

Atento servidor. D. U. L.

(F) Eduardo Castillo”.

Mongalo toma la tea y le pone sus llamas al techo de la casa. El triunfo está logrado. Así es el heroísmo.

Los poetas rivenses: Gilberto Barrios y Alfonso Hildebrando Hurtado, dedicaron varios poemas y el bello Himno a Mongalo:

Desafiando a la muerte/ mientras el patriotismo/ en su mirada brilla,/ yérguese el héroe,/y con sublime gesto blande la tea./ Después enciende presto/ del infame invasor/ que en vano lucha/ el salvador refugio,/ mientras allá en lo alto/ de la libertad radiosa/ el pabellón flamea.

(Las Huacas, C. R., 14 de octubre de 1935).

* La autora es pedagoga e historiadora

Uno de los puntos más importantes del conjunto histórico  de la ciudad lo forma el “Museo de Antropología e Historia de Rivas”, ubicado en la antigua Casa-Hacienda Santa Úrsula, construida hace más de dos 200 años con una estructura típica colonial. Según el Doctor Ramón  Valdez, vice-presidente de la junta directiva del Museo,   Santa Úrsula fue una hacienda de cacao y añil en tiempos de la Colonia, construida con el clásico estilo Mediterráneo español del siglo XVII, con pilares de níspero y cedro real.

             La importancia histórica de esta casa hacienda es que desde aquí, los patriotas  nicaragüenses lucharon contra las tropas filibusteras de Walker durante la Guerra Nacional, destacándose en esa épica acción el maestro Emmanuel Mongalo y Rubio, que con una tea encendida prendió fuego al Mesón, lugar donde se habían refugiado  los mercenarios, que tuvieron que salir en desbandada. 

En este Museo se puede  apreciar una muestra de la herencia cultural de nuestros antepasados representada por su cerámica y utensilios domésticos encontrados en la zona y que datan desde el  año 400 antes de Cristo hasta la llegada de los españoles. La entrada cuesta cinco córdobas para los nacionales, un dólar para los extranjeros y un córdoba para los estudiantes.
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Juan Santamaría
• El héroe costarricense de la Batalla de Rivas del 11 de abril de 1856

Patricia Fumero

Historiadora
pfumero@fcs.ucr.ac.cr

En el marco de las celebraciones de la gesta heroica del soldado Juan Santamaría, el 11 de abril de 1856, en la ciudad de Rivas varias preguntas resuenan en Costa Rica. ¿Cuál es la importancia de la acción? La gesta ¿interpela a la sociedad contemporánea? Son preguntas para las cuales no hay una respuesta definitiva. Investigaciones académicas ofrecen explicaciones que muestran la importancia de la Campaña Nacional (1856-1857) (Guerra Nacional en Nicaragua) para la formación de la identidad costarricense y nicaragüense. En efecto, la formación de la nacionalidad tica giró, desde la década de 1880, alrededor del rescate de la gesta como una guerra de independencia sustituta por sus características particulares como fue la defensa del suelo patrio y la soberanía nacional ante el invasor extranjero.

Asimismo, sabemos que la gesta dejó de interpelar a los ciudadanos de mediados de 1910. ¿Por qué? Además, hoy nos preguntamos qué sentido tiene la Campaña Nacional para nuestros contemporáneos. ¿Se agotó su discurso? Con estas preocupaciones participé en una actividad el 11 de abril frente al edificio de Correos, San José. Varios aspectos de la experiencia fueron interesantes. Uno de ellos fue la premisa con la que asistí porque erróneamente pensé que los participantes seríamos “cuatro gatos”. Gran sorpresa fue ver cómo en la plaza en honor a Juan Mora Porras, expresidente y comandante en la guerra contra los filibusteros, se completó un grupo heterogéneo compuesto por unas 300 ó 400 personas de diversas nacionalidades y de todo rango social y de edad. Antes de la actividad un discurso dado por una representante del Sindicato de Educadores Costarricenses (SEC) hacía una interesante relectura de la participación costarricense en la Campaña Nacional. En tal actividad, hoy como ayer, Juan Santamaría representa el valor del “pueblo humilde” e invisibilizado de Costa Rica. La representante del SEC consideró que los/as nuevos/as Juan Santamaría deben volver a tomar la iniciativa y enfrentarse valerosamente contra las fuerzas invasoras, esta vez, personificadas por el TLC. El aplauso que recibió fue impresionante. De esta forma, la relectura contemporánea coherente de la gesta muestra que la Campaña Nacional aún convoca.

La Campaña Nacional. Históricamente, no solo ha sido cuestionada por la pertinencia o no de celebrar la hazaña, sino también se ha debatido la veracidad de la existencia del soldado Juan. Para responder esta pregunta se debe revisar el proyecto liberal decimonónico. La selección de héroes responde a la necesidad de proveer de contenido cultural al nacionalismo oficial. Este tipo de nacionalismo fue diseminado por los estados al utilizar un conjunto bastante diverso de medios e instituciones, entre las cuales la estatuaria cívica y las conmemoraciones, lograron convertirse en el complemento simbólico-cultural de las reformas liberales. La recuperación de la Campaña Nacional en el marco del proyecto liberal, inicio un cambio en la cultura política costarricense que permite analizar la forma en que el Estado logró seleccionar y organizar la simbología nacionalista en función de sus intereses hegemónicos, mediante la oficialización de nuevos días de fiestas patrias, de ceremonias y con la creación de un panteón de héroes.

Juan Rafael Mora fue el primer presidente en celebrar la Campaña Nacional. Sin embargo, el elevado costo humano y económico que supuso la guerra limitó las posibilidades de utilizarla como base para articular proyectos políticos y culturales más amplios. Con la caída de Mora, en 1859, y su posterior fusilamiento en 1860 –junto con el general José María Cañas–, la Campaña fue cubierta con un discreto silencio oficial, lo que impidió los gobiernos subsiguientes, desafectos a la figura de Mora, celebraran la campaña contra el filibusterismo yanqui. La recuperación simbólica de la guerra de 1856-1857 tuvo que esperar casi treinta años, cuando la intelectualidad liberal rescató la Campaña Nacional como base de la nacionalidad costarricense.

El rescate estuvo asociado con la cobertura que proporcionó el sistema educativo para fines del siglo XIX e inicios del siglo XX. De este modo, la infraestructura educativa formal sirvió para movilizar un contingente de costarricenses que se aprestaron a conmemorar anualmente la gesta de Rivas en la alborada del siglo XX. Asimismo la representación cíclica de la proeza posibilitó que un contingente de ciudadanos-espectadores aprendiera la historia nacional, cantara los himnos y se reconociera en la simbología nacionalista. Lo impresionante es que, ya en 1915, se cuestionaba la forma en que se conmemoraba y la pertinencia de tal efeméride. En ese momento el énfasis del discurso identitario cambió y se preocupaba por la transformación social y económica de Costa Rica. Motivo por el que, el debate nacional se centró en la tenencia de la tierra y en aspectos sociales como fueron salarios, jornada laboral, pobreza, justicia social y raza. En este contexto se revisó el panteón nacional y se revalorizaron figuras que habían aportado en el campo educativo y religioso.
 
Participación de varios soldados. Volvamos al 11 de abril de 1856. Los costarricenses participaron en tres batallas antes de la de Rivas, en Santa Rosa (20 de marzo), en La Virgen (7 de abril), y Sardinal (10 de abril). En Rivas, el ejército costarricense compuesto aproximadamente por 2.000 soldados logró tomar la ciudad. La acción provocó que el filibustero William Walker decidiera recuperarla. En momentos de sumo peligro y ante la necesidad de desalojar a los filibusteros, el cartaginés Luis Pacheco Bertora se despojó de su camisa con la cual hizo una tea y prendió una de las esquinas del Mesón de Guerra. Resguardado por la pared del edificio, caminó hasta la otra esquina con el objetivo de repetir su proeza. En su intentó resultó gravemente herido por el fuego enemigo. Al quedar inconsciente, el nicaragüense Joaquín Rosales hizo un valeroso segundo intento, en el cual perdió su vida. Posteriormente, Juan Santamaría tomó la tea, terminó de prender el mesón y también perdió su vida. El incendio del edificio debilitó las fuerzas invasoras y provocó su retirada al día siguiente. En la batalla considera que se perdieron unas 500 vidas costarricenses y entre 200-250 de los enemigos. Recordar todos los intentos no pretende desmerecer la figura de Juan Santamaría, sino, por el contrario, resaltar la participación de varios soldados que dieron su vida en la lucha por la libertad y la soberanía nacional.

¿Vivió o no Juan Santamaría? Existe un sinnúmero de investigaciones que intentan descubrir la “verdadera identidad” del soldado Juan. Todos encontraron la primera referencia del soldado en un documento de 1857, cuando su madre, Manuela Carvajal (o Gallego), solicitó una pensión al Gobierno basada en la muerte de su hijo. El ministro de Hacienda y Guerra la dio como válida y se la concedió. De Juan, quien nació en 1831, se sabe que sí fue a la escuela y que trabajó desde su niñez como vendedor de dulces, encalador, boyero, serenatero y tambor. Fue este último oficio el que provocó su participación en el ejército costarricense. Juan era un mulato, por lo cual era conocido como “El Erizo”. Precisamente, esta virtud motivó que el discurso oficial costarricense liberal tuviera que hacer un esfuerzo para “blanquearlo” con el objetivo que calzara con la construcción ideológica, en proceso, de una nación “homogénea” y “blanca.”

Valores de la gesta. Las dudas, que para fines de siglo XIX presentaban la “verdadera” existencia del soldado Juan, provocaron que el Club Liberal de Alajuela recogiera el testimonio de artesanos que habían participado en la Batalla de Rivas con la finalidad de confirmar la veracidad del acto. Los resultados se publicaron en forma de panfleto, cuya edición coincidió con la inauguración de la estatua, el 15 de setiembre de 1891. En suma, el objetivo del nacionalismo oficial, al seleccionar al soldado Juan como héroe, fue uno: interpelar con su ejemplo a las clases populares.

¿Importa o no si Juan Santamaría existió? Personalmente considero que no porque lo meritorio de la gesta son los valores que en sí representa. La gesta sigue viva porque brinda la posibilidad de una relectura contemporánea y permite recordar a los costarricenses que son capaces de defender el territorio nacional (la madre patria) y la soberanía de cualquier tipo de invasor extranjero.
 
La situación de Walker en Rivas, durante las divisiones de los jefes aliados, llegó á ser brillante. Dueño de un departamento abundante en recursos de toda clase, de los vapores del lago, y río que también lo abastecían, de la linea de Tránsito que le proporcionaban hombres y elementos de los Estados Unidos, reforzó considerablemente su ejército y lo llenó de confianza con el halago de la prosperidad, las noticias de las rivalidades de los enemigos y la cobardia de éstos frente a Henningsen en Granada.

El jefe filibustero fortificó muy bien la plaza de Rivas, arregló y sistemó su artillería y estableció un taller de fundición, en que se fabricaban diariamente grandes cantidades de balas de metal para cañón.

El concierto de tanta felicidad fué turbado de pronto con la noticia terrible de la pérdida de los vapores, golpe mortal, que llevaba nuevamente el desaliento al campo filibustero.

Nicaragua estaba salvada. El mismo Walker lo confesó después. "Los Estados del Sur, dice, (1) convencidos de la imposibilidad de introducir la esclavitud en Kansas, se prepararon para concentrar sus esfuerzos sobre Centro América, enviando á San Juan del Norte hombres escogidos y provistos de excelente armamentos y equipos. Si los mismos esfuerzos se hubieran hecho tres meses antes (de la toma de los vapores), el establecimiento de los américanos en Nicaragua se habría asegurado sin peligro."

Walker valoró en toda su extensión la gravedad del acontecimiento; y si no se anonadó, fué porque tenía la seguridad de que Lockridge, uno de sus jefes de confianza, debería llegar en aquellos días a San Juan del Norte
con refuerzos de los Estados Unidos, y alimentaba la esperanza de que podría sorprender á los costarricenses por retaguardia y recuperar los vapores, según instrucciones que le mandó con uno de sus ayudantes, enviado por la via de Panamá. El 9 de enero de 1857 llegó, con efecto, Lockridge á San Juan del Norte, á bordo del Vapor Texas, conduciendo doscientos filibusteros bien armados con los cuales ocupó el Puerto. Por el vapor James Adger le llevaron poco después cuarenta hombres más, armas y elementos en abundancia. Había en el puerto un vapor viejo y Lockridge se ocupó en repararlo para expediciones sobre el río y sorprender á los costarricenses.

El 4 de febrero volvió á llegar el vapor Texas, conduciendo ciento ochenta hombres más, que enviaban de Nueva Orleans y con éstos y los anteriores formó Lockridge una columna de cuatrocientos veinte filibusteros, con los cuales se embarcó en el vapor que había hecho reparar y sorprendió la punta de Cody, frente á Sarapiquí, donde había una guarnició costarricense, á la que también desalojó, á cañonazos en la madrugada del 13.

Envalentonados con el buen éxito, arremetieron con vigor la Fortaleza del Castillo Viejo; pero fueron rechazados y tuvieron que replegarse á su fortificación de la punta de Cody.

Pronto las penalidades del río en la estación lluviosa, en que abundan los insectos, los reptiles venenosos, y la deserción se hizo abundante, apoyada por la escuadra inglesa, que agasajaba á los prófugos.

Lockridge, deseperado de tanta contrariedad resolvió volverse a San Juan del Norte y de ahí tomar la costa é internarse por el territorio despoblado de Costa Rica hasta salir á Rivas y juntarse con Walker. Se reembarcó, pues, con los únicos cien hombres que le quedaban; pero en el camino estalló la caldera del vapor J. N. Scott y mató y estropeó á la mayor parte de los expedicionarios, que escarmentados con aquel desastre, renunciaron á toda tentativa.

Tan luego supo Mora en San Carlos que Lockridge había fracasado, envió al Coronel Canty á San JUan del Norte á perseguir los restos de la expedición. El jefe costarricense, á la cabeza de su tropa, se presentó en el puerto el 11 de abril de 1857; y fué recibido por los marinos ingleses con mucha consideración, debido en mucha parte á que Canty era natural de Inglaterra. En seguida capturó el vapor Clayton que estaba amarrado al muelle y lo declaró buena presa.

en el ismo día que llegó Canty á San Juan del Norte, recibió una invitación del Comodoro inglés para una conferencia, en la cual le explicó las causas que lo habian obligado á intervenir en los asuntos del Río y lo necesario que creia promover á todo trance la salida de los invasores que había traído Lockridge. Puestos de acuerdo en este punto, arreglaron un contrato para la devolución de aquellos hombres á los puertos de los Estados Unidos por cuenta del Gobierno de Costa Rica.

En consecuencia dos días después fueron trasladados a los buques de guerra Cassack y Tartar de su Majestad Británica, todos los filibusteros que se hallaban en Punta de Castilla, en número de trescientos cincuenta para ser conducidos á los puertos convenidos.

Los aliados, mientras tanto, se fortificarón en San Jorge, puerto del lago, que les proporcionaba la ventaja de servirse de los vapores para estar en relaciones con el interior del país, y poder ocurrir inmediatamente á cualquier punto que amenazara Walker.

El 29 de Enero de 1857, se presentó Henningsen con seiscientos hombres atacando el campamento de los aliados. Su ataque duró doce horas continuas de incensante fuego; pero fué rechazado con una pérdida de mas de cien bajas.

El 1ª de Febrero, llegó a San Jorge el General tico don José Joaquín Mora, á bordo del vapor San Carlos y conduciendo un refuerzo de trescientos hombres.

Mora estaba infatuado con los triunfos del Río, y su avilantez, que se hacía insoportable, picó mucho á los demás jefes. Zavala, con aturdimiento caracteristico, fué el primero en mofarse de él y en hacer calificaciones desfavorables acerca de sus aptitudes militares.

Los jefes nicaragüenses, temerosos de que las nuevas divisiones volvieran á entorpecerlo todo, se interesarón en organizar una reunión á bordo del vapor, con el objeto de ponerse de acuerdo con Mora; pero cuando se disponían a verificarlo, se anunció un movimiento de Walker sobre la plaza y todos ocurrieron á cubrir sus puestos, mientras Mora regresaba a sus posiciones del Río.

En la noche del 3 de febrero, Walker sorprendió una barricada y se introdujo á la plaza al favor de la obscuridad. La entereza de Jerez y de otros jefes, que hicieron prodigios de valor, reparó los terribles efectos de la sorpresa, y Walker fué rechazado.

El 7 de febrero los filibusteros amanecieron tomando posiciones con su artillería frente á San Jorge; rompiendo poco después un cañoneo que duró hasta las tres de la tarde.

Tan continuados ataques obedecían á la necesidad que Walker tenía de mantener en movimiento su ejército para evitar deserciones. Estas eran muchas y muy continuadas, merced á las proclamas del Presidente Mora, en que ofrecía garantías y recompensas á todos los que abandonaran las filas de los filibusteros.

Para obtener mayor número de deserciones en el Campamento de Walker, se adoptó por sistema hacer que partidas volantes se acercaran á las posiciones de los filibusteros, llevando en ellas á los desertores, que hablaban desde lejos á antiguos compañeros, dándoles noticias de la bondad con que se les trataba en el campamento aliado.

Partidas enteras de caballería é infantería de los filibusteros se escapaban a Liberia, donde el Gobierno de Costa Rica las hacia recibir muy bien y pagaba su pasaje hasta Nueva York. Cerca de mil doscientos hombres regresaron de ésta manera á su patria. (1)  Memoria de Hacienda, Guerra y Marina del Gobierno de Costa Rica del 23 de Septiembre de 1857.

El 6 de febrero ancló en San Juan del Sur la fragata de guerra americana Saint Mary, al mando del Capitán Carlos Enrique Davis. Este se presentó en el campamento aliado, el 19 del mismo mes, pidiendo que se le entregara uno de los vapores del lago para la continuación del tránsito inter-oceánico. Los aliados contestaron que se accedería á la solicitud, tan pronto como estuviera el país libre de filibusteros. Sin desmayar por esta negativa, el Capitán davis volvió á dirigirse á los aliados, pidiendo permiso para colocar en "La Virgen", una escolta americana, que diera garantía á los edificios de La Compañía de Tránsito. Los aliados respondieron que no estaban autorizados por sus respectivos Gobiernos para atender esa clase de asuntos.

El Capitán Davis continuó en San Juan del Sur, observando el desarrollo de la campaña; y tanto Walker como los aliados no lo creían amigo.

Walker, á pesar de encontrarse cortado por el lado del Atlántico, no dejaba de recibir auxilios, de vez en cuando, por la Vía de San Juan del Sur.

El 4 de marzo se anunció la llegada de uno de esos refuerzos, y los aliados destacaron al General don Fernando Chamorro con seiscientos hombres para que impidiera su entrada á Rivas. Walker, á su vez, mandó á protegerlo con doscientos hombres.

Chamorro salió de San Jorge el día 5 muy de madrugada y se situó en la Hacienda de Jocote, que es la mediania entre Rivas y San Juan del Sur.

Poco después los ochenta hombres que componían el refuerzo américano, se batían con las avanzadas nicaragüenses y eran derrotados y perseguidos.

Terminada su misión, Chamorro regresó de Jocote; pero a poca distancia, en el llano del Coyol, le aguardaban emboscados en una quebrada, los doscientos filibusteros de Walker, que no pudieron llegar a tiempo a favorecer á sus amigos. Los nicaragüenses no se trubaron con la sorpresa. Pasada la primera impresión, se organizaron con calma y sostuvieron la acción hasta muy avanzada la tarde, en que la victoria se declaró por ellos, haciendo 35 muertos al enemigo.

Los gobiernos de Centro América, informados de la rivalidad de los Generales del ejército, convinieron en someterlos todos á un sólo jefe, designando con tal objeto al general don José Joaquin Mora, hermano del Presidente de Costa Rica. Mora llegó al campamento de san Jorge con una división de quinientos sesenta costarricenses y al día siguiente, 19 de marzo de 1857, se hizo cargo del mando en jefe de los ejércitos aliados.

El 26 mandó poner estrecho y riguroso sitió á la plaza de Rivas.

Mora era un militar novel y creía que sus armas tendrían en todas partes la misma buena suerte que en el río San Juan. Ansioso de concluir la campaña y de alcanzar nuevos laureles, dispuso el asalto de la plaza, desoyendo las indicaciones de los demás jefes, que consideraban innecesario exasperar á un enemigo á quien mataban el desaliento, el ocio y las deserciones continuas.

Aferrado en su capricho atacó simultáneamente á Rivas en los días 23, 24, y 26 de marzo, y últimamente el 11 de abril; pero en todos esos días fué rechazado con grandes pérdidas.

Walker reducido al último extremo, se habría rendido incondicionalmente, si el 24 de abril no se presenta el Capitán Davis como mediador, obteniendo para los americanos una honrosa capitulación.

En virtud de ella Walker y sus oficiales salieron de la plaza el 1ª de Mayo de 1857 con todos sus honores de la guerra, y los demás filibusteros rindieron sus armas al Capitán Davis. este entregó el armamento á los aliados, mediante el ofrecimiento de que garantizarían la permanencia en el país á todos los centroaméricanos que acompañaron a Walker.

El convenio fué firmado solamente por Davis y Walker; y cada vez que en él se designa á los jefes aliados se les da el nombre de "enemigo".

"Esa capitulación, dice un contemporáneo de aquellos sucesos, es un documento de oprobio y humillación para centro América. No capitula el malvado con el general en Jefe, lo hace con el Capitán de la fragata américana sin dar garantías, y es á él también le entrega La Plaza de Rivas, para que le devuelva á nombre de los Estados Unidos y por autoridad propia; plabras que completan la humillación, porque no sé que autoridad pudiera tener en el caso presente, el Comandante de la Fragata. Jamás un bandido pudo despreciar más en su agonía á los Gobiernos que le hacían la guerra y á los valientes que le tenían reducido á la última extremidad. Al entregar la plaza, tenían más orgullo los vencidos que los vencedores."

" Se encontraron rotos todos los cañones, el parque de polvora de grano en los pozos; el armamento hecho trizas; y solamente ochocientos fusiles en buen estado que se repartieron entre los aliados. (1)
Carta inédita de gerardo Barrios al Ex- Presidente San Martín, fechada en León á 14 de mayo de 1857 y en poder del autor..
 

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