Juan Santamaría
• El héroe costarricense de la Batalla
de Rivas del 11 de abril de 1856
Patricia Fumero
Historiadora
pfumero@fcs.ucr.ac.cr
En el marco de las celebraciones de la gesta heroica
del soldado Juan Santamaría, el 11 de abril de 1856, en la ciudad
de Rivas varias preguntas resuenan en Costa Rica. ¿Cuál es
la importancia de la acción? La gesta ¿interpela a la sociedad
contemporánea? Son preguntas para las cuales no hay una respuesta
definitiva. Investigaciones académicas ofrecen explicaciones que
muestran la importancia de la Campaña Nacional (1856-1857) (Guerra
Nacional en Nicaragua) para la formación de la identidad costarricense
y nicaragüense. En efecto, la formación de la nacionalidad
tica giró, desde la década de 1880, alrededor del rescate
de la gesta como una guerra de independencia sustituta por sus características
particulares como fue la defensa del suelo patrio y la soberanía
nacional ante el invasor extranjero.
Asimismo, sabemos que la gesta dejó de
interpelar a los ciudadanos de mediados de 1910. ¿Por qué?
Además, hoy nos preguntamos qué sentido tiene la Campaña
Nacional para nuestros contemporáneos. ¿Se agotó su
discurso? Con estas preocupaciones participé en una actividad el
11 de abril frente al edificio de Correos, San José. Varios aspectos
de la experiencia fueron interesantes. Uno de ellos fue la premisa con
la que asistí porque erróneamente pensé que los participantes
seríamos “cuatro gatos”. Gran sorpresa fue ver cómo en la
plaza en honor a Juan Mora Porras, expresidente y comandante en la guerra
contra los filibusteros, se completó un grupo heterogéneo
compuesto por unas 300 ó 400 personas de diversas nacionalidades
y de todo rango social y de edad. Antes de la actividad un discurso dado
por una representante del Sindicato de Educadores Costarricenses (SEC)
hacía una interesante relectura de la participación costarricense
en la Campaña Nacional. En tal actividad, hoy como ayer, Juan Santamaría
representa el valor del “pueblo humilde” e invisibilizado de Costa Rica.
La representante del SEC consideró que los/as nuevos/as Juan Santamaría
deben volver a tomar la iniciativa y enfrentarse valerosamente contra las
fuerzas invasoras, esta vez, personificadas por el TLC. El aplauso que
recibió fue impresionante. De esta forma, la relectura contemporánea
coherente de la gesta muestra que la Campaña Nacional aún
convoca.
La Campaña Nacional. Históricamente,
no solo ha sido cuestionada por la pertinencia o no de celebrar la hazaña,
sino también se ha debatido la veracidad de la existencia del soldado
Juan. Para responder esta pregunta se debe revisar el proyecto liberal
decimonónico. La selección de héroes responde a la
necesidad de proveer de contenido cultural al nacionalismo oficial. Este
tipo de nacionalismo fue diseminado por los estados al utilizar un conjunto
bastante diverso de medios e instituciones, entre las cuales la estatuaria
cívica y las conmemoraciones, lograron convertirse en el complemento
simbólico-cultural de las reformas liberales. La recuperación
de la Campaña Nacional en el marco del proyecto liberal, inicio
un cambio en la cultura política costarricense que permite analizar
la forma en que el Estado logró seleccionar y organizar la simbología
nacionalista en función de sus intereses hegemónicos, mediante
la oficialización de nuevos días de fiestas patrias, de ceremonias
y con la creación de un panteón de héroes.
Juan Rafael Mora fue el primer presidente en
celebrar la Campaña Nacional. Sin embargo, el elevado costo humano
y económico que supuso la guerra limitó las posibilidades
de utilizarla como base para articular proyectos políticos y culturales
más amplios. Con la caída de Mora, en 1859, y su posterior
fusilamiento en 1860 –junto con el general José María Cañas–,
la Campaña fue cubierta con un discreto silencio oficial, lo que
impidió los gobiernos subsiguientes, desafectos a la figura de Mora,
celebraran la campaña contra el filibusterismo yanqui. La recuperación
simbólica de la guerra de 1856-1857 tuvo que esperar casi treinta
años, cuando la intelectualidad liberal rescató la Campaña
Nacional como base de la nacionalidad costarricense.
El rescate estuvo asociado con la cobertura que
proporcionó el sistema educativo para fines del siglo XIX e inicios
del siglo XX. De este modo, la infraestructura educativa formal sirvió
para movilizar un contingente de costarricenses que se aprestaron a conmemorar
anualmente la gesta de Rivas en la alborada del siglo XX. Asimismo la representación
cíclica de la proeza posibilitó que un contingente de ciudadanos-espectadores
aprendiera la historia nacional, cantara los himnos y se reconociera en
la simbología nacionalista. Lo impresionante es que, ya en 1915,
se cuestionaba la forma en que se conmemoraba y la pertinencia de tal efeméride.
En ese momento el énfasis del discurso identitario cambió
y se preocupaba por la transformación social y económica
de Costa Rica. Motivo por el que, el debate nacional se centró en
la tenencia de la tierra y en aspectos sociales como fueron salarios, jornada
laboral, pobreza, justicia social y raza. En este contexto se revisó
el panteón nacional y se revalorizaron figuras que habían
aportado en el campo educativo y religioso.
Participación de varios soldados. Volvamos
al 11 de abril de 1856. Los costarricenses participaron en tres batallas
antes de la de Rivas, en Santa Rosa (20 de marzo), en La Virgen (7 de abril),
y Sardinal (10 de abril). En Rivas, el ejército costarricense compuesto
aproximadamente por 2.000 soldados logró tomar la ciudad. La acción
provocó que el filibustero William Walker decidiera recuperarla.
En momentos de sumo peligro y ante la necesidad de desalojar a los filibusteros,
el cartaginés Luis Pacheco Bertora se despojó de su camisa
con la cual hizo una tea y prendió una de las esquinas del Mesón
de Guerra. Resguardado por la pared del edificio, caminó hasta la
otra esquina con el objetivo de repetir su proeza. En su intentó
resultó gravemente herido por el fuego enemigo. Al quedar inconsciente,
el nicaragüense Joaquín Rosales hizo un valeroso segundo intento,
en el cual perdió su vida. Posteriormente, Juan Santamaría
tomó la tea, terminó de prender el mesón y también
perdió su vida. El incendio del edificio debilitó las fuerzas
invasoras y provocó su retirada al día siguiente. En la batalla
considera que se perdieron unas 500 vidas costarricenses y entre 200-250
de los enemigos. Recordar todos los intentos no pretende desmerecer la
figura de Juan Santamaría, sino, por el contrario, resaltar la participación
de varios soldados que dieron su vida en la lucha por la libertad y la
soberanía nacional.
¿Vivió o no Juan Santamaría?
Existe un sinnúmero de investigaciones que intentan descubrir la
“verdadera identidad” del soldado Juan. Todos encontraron la primera referencia
del soldado en un documento de 1857, cuando su madre, Manuela Carvajal
(o Gallego), solicitó una pensión al Gobierno basada en la
muerte de su hijo. El ministro de Hacienda y Guerra la dio como válida
y se la concedió. De Juan, quien nació en 1831, se sabe que
sí fue a la escuela y que trabajó desde su niñez como
vendedor de dulces, encalador, boyero, serenatero y tambor. Fue este último
oficio el que provocó su participación en el ejército
costarricense. Juan era un mulato, por lo cual era conocido como “El Erizo”.
Precisamente, esta virtud motivó que el discurso oficial costarricense
liberal tuviera que hacer un esfuerzo para “blanquearlo” con el objetivo
que calzara con la construcción ideológica, en proceso, de
una nación “homogénea” y “blanca.”
Valores de la gesta. Las dudas, que para fines
de siglo XIX presentaban la “verdadera” existencia del soldado Juan, provocaron
que el Club Liberal de Alajuela recogiera el testimonio de artesanos que
habían participado en la Batalla de Rivas con la finalidad de confirmar
la veracidad del acto. Los resultados se publicaron en forma de panfleto,
cuya edición coincidió con la inauguración de la estatua,
el 15 de setiembre de 1891. En suma, el objetivo del nacionalismo oficial,
al seleccionar al soldado Juan como héroe, fue uno: interpelar con
su ejemplo a las clases populares.
¿Importa o no si Juan Santamaría
existió? Personalmente considero que no porque lo meritorio de la
gesta son los valores que en sí representa. La gesta sigue viva
porque brinda la posibilidad de una relectura contemporánea y permite
recordar a los costarricenses que son capaces de defender el territorio
nacional (la madre patria) y la soberanía de cualquier tipo de invasor
extranjero.
La situación
de Walker en Rivas, durante las divisiones de los jefes aliados, llegó
á ser brillante. Dueño de un departamento abundante en recursos
de toda clase, de los vapores del lago, y río que también
lo abastecían, de la linea de Tránsito que le proporcionaban
hombres y elementos de los Estados Unidos, reforzó considerablemente
su ejército y lo llenó de confianza con el halago de la prosperidad,
las noticias de las rivalidades de los enemigos y la cobardia de éstos
frente a Henningsen en Granada.
El jefe filibustero
fortificó muy bien la plaza de Rivas, arregló y sistemó
su artillería y estableció un taller de fundición,
en que se fabricaban diariamente grandes cantidades de balas de metal para
cañón.
El concierto de tanta
felicidad fué turbado de pronto con la noticia terrible de la pérdida
de los vapores, golpe mortal, que llevaba nuevamente el desaliento al campo
filibustero.
Nicaragua estaba
salvada. El mismo Walker lo confesó después. "Los Estados
del Sur, dice, (1) convencidos de la imposibilidad de introducir la esclavitud
en Kansas, se prepararon para concentrar sus esfuerzos sobre Centro América,
enviando á San Juan del Norte hombres escogidos y provistos de excelente
armamentos y equipos. Si los mismos esfuerzos se hubieran hecho tres meses
antes (de la toma de los vapores), el establecimiento de los américanos
en Nicaragua se habría asegurado sin peligro."
Walker valoró
en toda su extensión la gravedad del acontecimiento; y si no se
anonadó, fué porque tenía la seguridad de que Lockridge,
uno de sus jefes de confianza, debería llegar en aquellos días
a San Juan del Norte
con refuerzos de
los Estados Unidos, y alimentaba la esperanza de que podría sorprender
á los costarricenses por retaguardia y recuperar los vapores, según
instrucciones que le mandó con uno de sus ayudantes, enviado por
la via de Panamá. El 9 de enero de 1857 llegó, con efecto,
Lockridge á San Juan del Norte, á bordo del Vapor Texas,
conduciendo doscientos filibusteros bien armados con los cuales ocupó
el Puerto. Por el vapor James Adger le llevaron poco después cuarenta
hombres más, armas y elementos en abundancia. Había en el
puerto un vapor viejo y Lockridge se ocupó en repararlo para expediciones
sobre el río y sorprender á los costarricenses.
El 4 de febrero volvió
á llegar el vapor Texas, conduciendo ciento ochenta hombres más,
que enviaban de Nueva Orleans y con éstos y los anteriores formó
Lockridge una columna de cuatrocientos veinte filibusteros, con los cuales
se embarcó en el vapor que había hecho reparar y sorprendió
la punta de Cody, frente á Sarapiquí, donde había
una guarnició costarricense, á la que también desalojó,
á cañonazos en la madrugada del 13.
Envalentonados con
el buen éxito, arremetieron con vigor la Fortaleza del Castillo
Viejo; pero fueron rechazados y tuvieron que replegarse á su fortificación
de la punta de Cody.
Pronto las penalidades
del río en la estación lluviosa, en que abundan los insectos,
los reptiles venenosos, y la deserción se hizo abundante, apoyada
por la escuadra inglesa, que agasajaba á los prófugos.
Lockridge, deseperado
de tanta contrariedad resolvió volverse a San Juan del Norte y de
ahí tomar la costa é internarse por el territorio despoblado
de Costa Rica hasta salir á Rivas y juntarse con Walker. Se reembarcó,
pues, con los únicos cien hombres que le quedaban; pero en el camino
estalló la caldera del vapor J. N. Scott y mató y estropeó
á la mayor parte de los expedicionarios, que escarmentados con aquel
desastre, renunciaron á toda tentativa.
Tan luego supo Mora
en San Carlos que Lockridge había fracasado, envió al Coronel
Canty á San JUan del Norte á perseguir los restos de la expedición.
El jefe costarricense, á la cabeza de su tropa, se presentó
en el puerto el 11 de abril de 1857; y fué recibido por los marinos
ingleses con mucha consideración, debido en mucha parte á
que Canty era natural de Inglaterra. En seguida capturó el vapor
Clayton que estaba amarrado al muelle y lo declaró buena presa.
en el ismo día
que llegó Canty á San Juan del Norte, recibió una
invitación del Comodoro inglés para una conferencia, en la
cual le explicó las causas que lo habian obligado á intervenir
en los asuntos del Río y lo necesario que creia promover á
todo trance la salida de los invasores que había traído Lockridge.
Puestos de acuerdo en este punto, arreglaron un contrato para la devolución
de aquellos hombres á los puertos de los Estados Unidos por cuenta
del Gobierno de Costa Rica.
En consecuencia dos
días después fueron trasladados a los buques de guerra Cassack
y Tartar de su Majestad Británica, todos los filibusteros que se
hallaban en Punta de Castilla, en número de trescientos cincuenta
para ser conducidos á los puertos convenidos.
Los aliados, mientras
tanto, se fortificarón en San Jorge, puerto del lago, que les proporcionaba
la ventaja de servirse de los vapores para estar en relaciones con el interior
del país, y poder ocurrir inmediatamente á cualquier punto
que amenazara Walker.
El 29 de Enero de
1857, se presentó Henningsen con seiscientos hombres atacando el
campamento de los aliados. Su ataque duró doce horas continuas de
incensante fuego; pero fué rechazado con una pérdida de mas
de cien bajas.
El 1ª de Febrero,
llegó a San Jorge el General tico don José Joaquín
Mora, á bordo del vapor San Carlos y conduciendo un refuerzo de
trescientos hombres.
Mora estaba infatuado
con los triunfos del Río, y su avilantez, que se hacía insoportable,
picó mucho á los demás jefes. Zavala, con aturdimiento
caracteristico, fué el primero en mofarse de él y en hacer
calificaciones desfavorables acerca de sus aptitudes militares.
Los jefes nicaragüenses,
temerosos de que las nuevas divisiones volvieran á entorpecerlo
todo, se interesarón en organizar una reunión á bordo
del vapor, con el objeto de ponerse de acuerdo con Mora; pero cuando se
disponían a verificarlo, se anunció un movimiento de Walker
sobre la plaza y todos ocurrieron á cubrir sus puestos, mientras
Mora regresaba a sus posiciones del Río.
En la noche del 3
de febrero, Walker sorprendió una barricada y se introdujo á
la plaza al favor de la obscuridad. La entereza de Jerez y de otros jefes,
que hicieron prodigios de valor, reparó los terribles efectos de
la sorpresa, y Walker fué rechazado.
El 7 de febrero los
filibusteros amanecieron tomando posiciones con su artillería frente
á San Jorge; rompiendo poco después un cañoneo que
duró hasta las tres de la tarde.
Tan continuados ataques
obedecían á la necesidad que Walker tenía de mantener
en movimiento su ejército para evitar deserciones. Estas eran muchas
y muy continuadas, merced á las proclamas del Presidente Mora, en
que ofrecía garantías y recompensas á todos los que
abandonaran las filas de los filibusteros.
Para obtener mayor
número de deserciones en el Campamento de Walker, se adoptó
por sistema hacer que partidas volantes se acercaran á las posiciones
de los filibusteros, llevando en ellas á los desertores, que hablaban
desde lejos á antiguos compañeros, dándoles noticias
de la bondad con que se les trataba en el campamento aliado.
Partidas enteras
de caballería é infantería de los filibusteros se
escapaban a Liberia, donde el Gobierno de Costa Rica las hacia recibir
muy bien y pagaba su pasaje hasta Nueva York. Cerca de mil doscientos hombres
regresaron de ésta manera á su patria. (1) Memoria
de Hacienda, Guerra y Marina del Gobierno de Costa Rica del 23 de Septiembre
de 1857.
El 6 de febrero
ancló en San Juan del Sur la fragata de guerra americana Saint Mary,
al mando del Capitán Carlos Enrique Davis. Este se presentó
en el campamento aliado, el 19 del mismo mes, pidiendo que se le entregara
uno de los vapores del lago para la continuación del tránsito
inter-oceánico. Los aliados contestaron que se accedería
á la solicitud, tan pronto como estuviera el país libre de
filibusteros. Sin desmayar por esta negativa, el Capitán davis volvió
á dirigirse á los aliados, pidiendo permiso para colocar
en "La Virgen", una escolta americana, que diera garantía á
los edificios de La Compañía de Tránsito. Los aliados
respondieron que no estaban autorizados por sus respectivos Gobiernos para
atender esa clase de asuntos.
El Capitán
Davis continuó en San Juan del Sur, observando el desarrollo de
la campaña; y tanto Walker como los aliados no lo creían
amigo.
Walker, á
pesar de encontrarse cortado por el lado del Atlántico, no dejaba
de recibir auxilios, de vez en cuando, por la Vía de San Juan del
Sur.
El 4 de marzo se
anunció la llegada de uno de esos refuerzos, y los aliados destacaron
al General don Fernando Chamorro con seiscientos hombres para que impidiera
su entrada á Rivas. Walker, á su vez, mandó á
protegerlo con doscientos hombres.
Chamorro salió
de San Jorge el día 5 muy de madrugada y se situó en la Hacienda
de Jocote, que es la mediania entre Rivas y San Juan del Sur.
Poco después
los ochenta hombres que componían el refuerzo américano,
se batían con las avanzadas nicaragüenses y eran derrotados
y perseguidos.
Terminada su misión,
Chamorro regresó de Jocote; pero a poca distancia, en el llano del
Coyol, le aguardaban emboscados en una quebrada, los doscientos filibusteros
de Walker, que no pudieron llegar a tiempo a favorecer á sus amigos.
Los nicaragüenses no se trubaron con la sorpresa. Pasada la primera
impresión, se organizaron con calma y sostuvieron la acción
hasta muy avanzada la tarde, en que la victoria se declaró por ellos,
haciendo 35 muertos al enemigo.
Los gobiernos de
Centro América, informados de la rivalidad de los Generales del
ejército, convinieron en someterlos todos á un sólo
jefe, designando con tal objeto al general don José Joaquin Mora,
hermano del Presidente de Costa Rica. Mora llegó al campamento de
san Jorge con una división de quinientos sesenta costarricenses
y al día siguiente, 19 de marzo de 1857, se hizo cargo del mando
en jefe de los ejércitos aliados.
El 26 mandó
poner estrecho y riguroso sitió á la plaza de Rivas.
Mora era un militar
novel y creía que sus armas tendrían en todas partes la misma
buena suerte que en el río San Juan. Ansioso de concluir la campaña
y de alcanzar nuevos laureles, dispuso el asalto de la plaza, desoyendo
las indicaciones de los demás jefes, que consideraban innecesario
exasperar á un enemigo á quien mataban el desaliento, el
ocio y las deserciones continuas.
Aferrado en su capricho
atacó simultáneamente á Rivas en los días 23,
24, y 26 de marzo, y últimamente el 11 de abril; pero en todos esos
días fué rechazado con grandes pérdidas.
Walker reducido al
último extremo, se habría rendido incondicionalmente, si
el 24 de abril no se presenta el Capitán Davis como mediador, obteniendo
para los americanos una honrosa capitulación.
En virtud de ella
Walker y sus oficiales salieron de la plaza el 1ª de Mayo de 1857
con todos sus honores de la guerra, y los demás filibusteros rindieron
sus armas al Capitán Davis. este entregó el armamento á
los aliados, mediante el ofrecimiento de que garantizarían la permanencia
en el país á todos los centroaméricanos que acompañaron
a Walker.
El convenio fué
firmado solamente por Davis y Walker; y cada vez que en él se designa
á los jefes aliados se les da el nombre de "enemigo".
"Esa capitulación,
dice un contemporáneo de aquellos sucesos, es un documento de oprobio
y humillación para centro América. No capitula el malvado
con el general en Jefe, lo hace con el Capitán de la fragata américana
sin dar garantías, y es á él también le entrega
La Plaza de Rivas, para que le devuelva á nombre de los Estados
Unidos y por autoridad propia; plabras que completan la humillación,
porque no sé que autoridad pudiera tener en el caso presente, el
Comandante de la Fragata. Jamás un bandido pudo despreciar más
en su agonía á los Gobiernos que le hacían la guerra
y á los valientes que le tenían reducido á la última
extremidad. Al entregar la plaza, tenían más orgullo los
vencidos que los vencedores."
" Se encontraron
rotos todos los cañones, el parque de polvora de grano en los pozos;
el armamento hecho trizas; y solamente ochocientos fusiles en buen estado
que se repartieron entre los aliados. (1)
Carta
inédita de gerardo Barrios al Ex- Presidente San Martín,
fechada en León á 14 de mayo de 1857 y en poder del autor..
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