Señorío indígena junto al Cocibolca
Nicaragua más que el nombre de un Cacique, era el señorío indígena junto a un gran lago llamado Cocibolca (hoy Lago de Nicaragua). El nombre Nahuatl así parece confirmarlo: Nic-Atl Nahuac, "aquí junto al agua". Los españoles dieron a ciertos Caciques los nombres de los territorios donde los encontraron, porque era más sencillo para el registro de los descubrimientos, referirse a la localidad que a las personas que los gobernaban.
 

 

La población gobernada por el célebre Cacique Nicaragua estaba situada a tres leguas tierra adentro de la costa del Pacífico, junto al gran lago. De las tres leguas, según Gil González, la más próxima al mar, corría sobre quebrado, pero que se podía carretear. Las dos restantes eran terrenos planos. El área cercana al lago poseía suelos fértiles, bien drenados por numerosas corrientes, estaban sembrados de huertos, cacaotales y árboles frutales. El gran algo proporcionaba además una inagotable pesca, todo lo cual contribuía al sostenimiento y prosperidad de la extensa población del señorío de Nicaragua, incluyendo la Isla Nicaragua (Ometepe).
 

La sede del Cacique quedaba ubicada en el lugar actual del puerto lacustre de San Jorge. Regía una serie de núcleos en torno de ciertas plazas comunicadas entre sí por caminos y calles, siendo éstas las siguientes: Apataco, Popoyuapa, Nahualapa, Conchagua, Sucuyá, Apompúa, Pansaco, Chacalapa y otras, en medio de campos espesamente arbolados y rodeados de variados cultivos. Un monumento levantado entre Rivas y San Jorge en el sitio conocido como La Cruz de España, señala actualmente el lugar del primer encuentro del Cacique con el conquistador.

Algunas de las plazas antes mencionadas tenían templos, sacerdotes, y estaban dedicadas a la veneración de los Teotes, o deidades indígenas. También se puede comprobar en los enterramientos secundarios y urnas (ollas funerarias), y en general en casi todos los motivos de la alfarería, abundante en los alrededores de Rivas e Isla de Ometepe la cual ha sido atribuida a los Nicaraos.

LA TIERRA PROMETIDA
 

«Cuando encuentren un inmenso mar con una bella isla y en su centro dos grandes volcanes, entonces habrán llegado a la Tierrá Prometida». Así rezaba la leyenda de los antiguos nicaraos.
Y bajaron las tribus del sur de México y en su largo peregrinar, cruzaron valles, mesetas, montañas, y continuaron avanzando con la esperanza de encontrar la ansiada Tierra Prometida.. Por fin llegaron a un paraje maravilloso, a orillas de un inmenso mar de aguas dulces, en cuyo centro emerge una bellísima isla verde esmeralda, con dos grandes volcanes cual perennes vigías de aquella Tierra Prometida por sus ancestros y anhelada por todas las tribus.

Y en su lengua sonora y dulce la llamaron OMETEPETL, lugar o tierra de dos cerros. La profecía empezaba a cumplirse.. Y ahí se asentaron todas las tribus y expandieron su dominio y poderío por aquella fértil región cuyas tierras y aguas les permitieron sostener y aumentar sus riquezas. Y creció y creció el pueblo.
Y creció en poder, riquezas y sabiduría.
 


 

La isla maravillosa se convirtió en el centro ceremonial para adorar, venerar y agradecer a sus dioses el celestial don de su tierra prometida: OMETEPETL, Oasis de Paz.Ometepe - La tierra prometida
Así, entre el verdor de la fulgurante flora, el bullicio alegre y retozón de la fauna y el azul de sus aguas reflejando la altivez de sus dos volcanes, se desarrolló la cultura de la zona más rica y maravillosa de nuestro país, entretejida por las diversas corrientes que van y vienen y forzosamente cruzan estos lares, cuyos destinos conducía nuestro sabio padre NICARAO, que dio su nombre a toda la región y que es y seguirá siendo nuestro signo, arcaico, pero siempre vigente, pujante: NICARAGUA.
 

El cacique Nicarao y su pueblo atravesaron su lago de cristal, llamado Cocibolca, en frágiles embarcaciones para realizar ceremonias rituales en Ometepe; y ahí erigieron templos al aire libre a sus dioses y grabaron sus figuras y mensajes en sus rocas y paredones y diseñaron y escondieron sus cementerios reales.
Llegaron los españoles, se deslumbraron y se llenaron de ambición, y a pesar del coraje, valentía y arrojo de nuestros aborígenes, con la cruz y con la espada sometieron, saquearon y destruyeron aquella ancestral cultura, nuestro origen. Pero aún sigue viva, creciendo y floreciendo con cada hijo que ennoblece esta bella región y sufriendo cuando sus hijos no valoran nuestra nicaraguanidad y le fallan a la Patria.

Cuentan las antiguas leyendas indígenas que se transmiten oralmente de generación en generación y que son parte importante de nuestra cultura, tradición y folklor, que cuando el cacique Nicarao se sintió viejo, derrotado y sin fuerzas, cruzó por última vez su lago, para admirar su paraíso y cerrar sus ojos en su amada isla.

Se cree que sus restos descansan en los alrededores de la laguna costera conocida como Charco Verde, y que son guardados por seres fabulosos bajo el mando de Chico Largo.

Y así OMETEPETL, nuestra bella isla, con sus dos grandes atalayas, el Concepción y el Maderas, y todos los lugares llenos de encanto natural, es aún centro mítico, legendario que guarda en su seno misterios y tesoros invaluables y sería mejor no descorrer ese velo del pasado para que este paraíso conserve intacto todo su encanto. Toda la isla Ometepe ha sido declarada Patrimonio Histórico Cultural Nacional para darle protección y embellecerla como el más bello paraje turístico de Nicaragua.

OMETEPETL guarda en su seno el misterio de nuestro origen, la senda luminosa de nuestro desarrollo y el futuro indomable de esta Patria que conserva y venera el nombre del padre indígena NICARAO.OMETEPE, OASIS DE PAZ, SOLIDARIDAD Y AMOR

Desde los legendarios tiempos de Nicarao, mucho antes de la llegada de los españoles, Ometepe ha sido refugio, nido y bastión de solidaridad, paz y amor.

Cuentan las leyendas indígenas que todavía se transmiten en forma oral y cada vez más reformada, que en las blondas noches de plenilunio de los meses de mayo y/o de octubre que son los meses más tranquilos del gran lago, en las costas de arenas blancas brillantes y limpias de la isla Ometepe, los guerreros indígenas hacían el amor a las divinas doncellas escogidas por los dioses para resarcir sus heridas después de los combates.

Que Nicarao, cuando estaba triste, melancólico, enfermo de amor, cruzaba el lago en su canoa real en compañía de su amada doncella o flor, como él la llamaba, su Xochitl, para que ella en aquel paraje solitario y apacible de su querida isla, calmara sus angustias y diera aliento a su vida.

Y así cuando envejecido, enfermo y sin fuerzas, sabe que ha llegado su fin, cruza el lago por última vez. Se dirige a su nido de amor, su oasis de paz, para admirar su paraíso y descansar para siempre en su TIERRA PROMETIDA.Pasa el tiempo; los españoles no osaron cruzar el lago para sus complacencias carnales. Quizá temían el poder de los dioses indígenas que ellos pretendían destituir con la cruz y con la espada. Fue durante la guerra nacional, cuando las batallas contra Walker, que Ometepe recibe a los soldados filibusteros heridos, casi moribundos, prácticamente se convierte en hospital de primeros auxilios. Igualmente llegan los marinos desertores de la Compañía del Tránsito de Cornelius Vanderbilt; y así se mezclan estos extranjeros cheles, ojos claros, cabellos rubios, con nuestras bellezas indígenas, por lo que no resulta extraño encontrar en Ometepe nativos cheles, ojos verdes o azules y cabellos rubios ensortijados cuyos rasgos indican sus orígenes, a la par de rostros claramente indígenas, representantes genuinos de nuestros ancestros nicaraos.

Transcurre el tiempo. Guerra de liberación. Rivas y Granada son atacadas y bombardeadas por la G.N. y la gente huye; se embarcan hacia la isla de la paz y la solidaridad. Empiezan a llegar las lanchas llenas de refugiados. Ya no caben en las casas de familia. Organizamos un comité de ayuda a los refugiados y protección a los isleños.

En toda la isla hubo más de 2.000 refugiados. Se les alojó en las escuelas, iglesias y centros de salud. Se les proveyó de alimento y atención médica, hasta que por seguridad personal buscamos donde refugiarnos y sobrevivir a aquella persecusión feroz de la guardia nacional.Llegó la liberación con el triunfo sandinista y la luz de la esperanza empezó a surgir en toda la isla. El pueblo siempre alimenta su espíritu con la ilusión de un futuro mejor.

Después de la tormenta, viene la calma y todos regresamos con fe y alegría. Unidos para-triunfar por nuestra isla. En busca del ansiado nuevo amanecer que aún anhelamos y todavía no se vislumbra en nuestro horizonte.
Raíces ocultas de la isla de Ometepe   Por Rigoberto Villarreyna Castrillo





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