DESCUBRIMIENTO DE LA COLONIA
El 6 de marzo de 1524 Gil González informa al Rey que descubre
la Mar Dulce el 21 de enero de 1522 y toma posesión de la misma
el 12 de abril de 1523 en nombre de Su Majestad.
Hernández de Córdoba emprende la exploración de
la Mar Dulce y de su posible comunicación o desaguadero con el Atlántico,
en 1524. Para tal operación transportan los indios a hombro las
partes de un bergantín desde el Pacífico al lago.
Acompañan a Hernández de Córdoba los capitanes Hernando
de Soto, Ruy Díaz y Sebastián de Benalcazar. Más tarde,
Diego López de Salcedo comisiona a Gabriel Rojas siga la exploración
no sólo de las costas del Lago sino también las riberas del
Desaguadero.
En 1526 llega Pedro Arias Dávila (Pedrarias) como Gobernador de
la Provin- Fp cia de Nicaragua. En 1529 envía al Capitán
Martín de Estete a descubrir y poblar el Desaguadero de la Mar Dulce;
le asesoran en la ardua empresa los capitanes Ga briel de Rojas, Diego
de Castañeda, el Bachiller Francisco Pérez de Guzmán,
Hernán Sánchez de Badajoz,'amén de otros veteranos
y aguerridos soldados.
La relación que nos dejaron narra detalladamente los diversos
aspectos de la expedición. Tanto Estete como Rojas salen juntos
de León, bordean el Lago de Managua y en Tipitapa se dividen: el
segundo va al norte, descubre ricas minas de oro; r llega al Cabo Gracias
a Dios y funda la ciudad de Santa María. Estete, por su parte, orillea
la costa oriental del Cocibolca, tierras bajas y anegadizas, atraviesa
los actuales departamentos de Boaco, Chontales y San Juan, sufre penalidades
sin cuento y obtiene pobres y magras ganancias.
En 1539 Contreras elige a Diego de Machuca de Suazo y a Alfonso Calero
para que prosigan las exploraciones de la Mar Dulce y del Desaguadero.
Ni cortos ni perezosos, ambos recogen indios y provisiones, caballos
s, pertrechos: preparan embarcaciones -una fusta, un bergantín,
una barca y cuatro canoasen una abrigada isleta de la Laguna Grande.
En efecto, la ambición descabellada de William Walker se sirve también
de la privilegiada situación del San Juan y del Gran Lago para esclavizar
a las naciones del Istmo e implantar la soberanía extranjera. Las
repúblicas hermanas de Centro América, consecuentes del peligro
que les amenaza, se levantan como un solo hombre en contra del moderno
filibustero y lo derrotan en San Jacinto. Vuelve entonces el Lago por largos
años a su monótona tranquilidad, mientras que lanchas, veleros
y motonaves surcan sus aguas y tocan los diferentes puertos lacustres transportando
ganado, frutas, granos y demás productos tropicales a los diversos
mercados de la República.
La vía interoceánica llama también la atención
de los ingenieros modernos y la consideran como una de las cuatro posibles
rutas para construcción del nuevo ca nal internacional que permita
responder el tránsito cada vez mayor del comercio mundial entre
el Atlántico y el Pacífico. (1)
(1) Dada la importancia del Río San Juan, el Gobierno Nacional
(1973) proyecta su canalización y la creación de puestos
lacustres que activen y agilicen el comercio y transporte de mercancías
entre los lagos de Nicaragua y de Managua. Managua, sería entonces,
puerto lacustre importantísimo.LA ISLA DE OMETEPE
El Cocibolca y el Xolotlán cual gigantescas turquesas engarzadas
en el verde esmeralda de las feraces tierras nicas atrajeron numerosas
tribus que de norte a sur y de oriente a occidente cruzaron el vasto territorio
del Istmo Centroamericano.
Centenares y miles de años de prehistoria murmuran sus inquietas
aguas al chocar contra los acantilados de sus rocosas costas, al erguirse
desafiantes en las tempestades tropicales o al morir en sus arenosas playas.
Grandes canoas y ligeras piraguas surcaron sus ondas; primitivas velas
impulsaron rápidas las embarcaciones nativas en busca de alimento
o de refugio o huyendo de la persecución de tribus hostiles.
Del Cocibolca y de su Reina, la bella Isla de Ometepe, acompañada
de sus cm penachados príncipes, el Maderas y el Concepción,
de su origen y formación, de su historia a través de los
siglos, de sus primitivos habitantes y de los recuerdos que nos legaron;
de las riquezas arqueológicas que encierra, de sus puertos y ensenadas
y campiñas y montañas; de las misteriosas rocas esculpidas
y grabadas cuyo número y perfección asombra a cuantos las
contemplan y estudian, tratará el presente capítulo y los
siguientes, enmarcados en la brevedad exigida por el presente trabajo.
Estamos en la era de los grandes cataclismos; tremendas convulsiones sacuden
y despedazan la corteza terrestre. Las fuerzas orogénicas e hipogénicas
en titánica y milenaria lucha destrozan, trituran y moldean los
continentes que sobresalen ya en su forma actual. El Istmo Centroamericano,
cual gigantesco puente tendido entre las dos grandes masas continentales
americanas emergen de las convulsionadas aguas del Caribe y del Pacífico.
De sus cordilleras v montañas vomitan los activos e innumerables
volcanes lenguas de fuego y cubren y llenan y terraplenan los contornos
con arena, lava, piedra y barro, materiales erosionados y arrastrados a
largas distancias por las grandes avenidas invernales y depositados en
las depresiones de las Boyas tectónicas. Serie de grietas o fallas
paralelas a la Costa del Pacífico de donde brotan numerososvolcanes
que crecen y explotan y son desmantelados se producen en Nicaragua desde
fines del pleistoceno. Sobre sus candentes restos se yerguen otros para
seguir el mismo camino. Nunca podremos saber con certeza cuántos
volcanes se turnaron para arrojar lavas, escorias, cenizas, piedra pómes,
barro, etc. desde hace más de un millón de años; pero,
a juzgar por el espesor de los depósitos de material volcánico
arrojado y la enorme extensión cubierta, podemos considerar el vulcanismo
cuaternario nicaragüense como verdaderamente cataclísmico.
Prueba de ello lo tenemos en el rosario de volcanes de la Cordillera de
los Marrabios, algunos de ellos humeantes todavía y en las lagunas
que salpican los departamentos de Managua, Masaya y Granada, tales como
Nejapa, Asososca, Tiscapa, Jiloá, Apoyo, Apoyeque, Masaya, etc.,
anchas bocas de otrora activos volcanes, hoy en día inertes cráteres
y sin peligro alguno.
Los lagos de Managua y de Nicaragua son el resultado del hundimiento tectónico
causado por el extremo vulcanismo plio-pleistocénico que socavó
las bases de la antigua llanura del Pacífico, como se ha visto en
páginas anteriores. Más aún: en sus entrañas
deben hallarse sepultados otros volcanes que, junto con el Mombacho Zapatera,
Concepción, Maderas, Sanate, Solentiname, Sapote, etc., formaban
la Cordillera Volcánica Lacustre, continuación de la de los
Marrabios, hasta juntarse con la Cadena Volcánica de Costa Rica.
Primitivamente, la Isla de Ometepe, separada solamente por un estrecho
de diez kilómetros de la Costa de Rivas, estaba formada por dos
islas distanciadas por angosta manga de agua, la cual, del resultado de
la
erupción y del acarreo de piedras, barro y otras materias arrojadas
por los volcanes y arrastrados por los torrenciales aguaceros invernales,
llenaron poco a poco el reducido estrecho y formarón un istmo bajo
y pantanoso. Julio van Froebel dice que "una poderosa corriente de lava,
enfriada por las aguas, hizo de soldadura".
Cuando persiste la estación lluviosa y abundante precipitación
atmosférica, elévase el nivel del lago y sus aguas cubren
e inundan el diminuto istmo que une las dos secciones de Ometepe. Al bajar
de nuevo el nivel al terminar el invierno, el Istián (del mexicano
Ixtla-yan, donde se angosta la tierra), corto y pantanoso riachuelo bordeado
de vegetación acuática, recoge las aguas de los cerros y
obstaculiza el tránsito al occidente de la isla.

El Volcán Concepción, de forma cónica, activo, moderno;
y el Maderas, ya apagado, más antiguo y de cono truncado, se formaron
con antelación al lago. Cuando la región circunvecina socavada
y vacía por la actividad volcánica se hundió para
formar la gran cuenca lacustre, las aguas fluviales que la cubrieron aislaron
a los dos volcanes de la tierra firme y formaron la verde y maravillosa
isla que realmente merece el calificativo de Reina del Cocibolca
Vista desde el aire, los contornos de Ometepe semejan gigantesco ocho,
o como bellamente dice el Profesor don Carlos Bravo, "la isla tiene la
forma romántica de la caja de violín y sus círculos
los ocupan sendos volcanes` estos dieron origen a la formación de
la isla y le impusieron su nombre.
En efecto, Ometepe, del Nahualt OMETEPETL, significa, OME-dos, TEPETL
cerro, volcán; esto es, dos cerros, dos volcanes, la isla de
los dos cerros, de los dos volcanes, el Concepción hacia el Norte,
de 1600 metros de altura, y el Maderas, en la sección Sur, de 1340
metros.
El Cronista Oviedo dice que le contaba el español Diego Mora, que
en doce años que tenía de ver al Volcán Concepción,
solamente tres veces había visto limpia la enhiesta cima; en efecto,
muy rara vez se ve libre de nubes la cumbre inaccesible del Cerro.
Las erupciones del Ometepe, así lo llaman muchos, han tenido que
ser tremendas e innumerables, como lo confirma la geología de la
isla y los inmensos campos de lava y los millones de rocas y peñas
volcánicas que afloran por doquier en la sección norte y
le dan cierto parecido con la superficie lunar.
Con escalofríos recuerda la tradición algunas de las tremendas
sacudidas del Concepción ya que el Maderas, el volcán gemelo,
lleva miles de años apagado. Veamos las principales convulsiones
del Cerro tal como las recuerdan los "viejos isleños".Después
de más de cuatrocientos años de inactividad, despertóse
de súbito el coloso con ruidos y detonaciones subterráneas
que amedrantaron no poco a los habitantes. Pasados los primeros sustos,
cada noche, gozaron las gentes de Ometepe de vistosas funciones de pirotecnia
y de luces de bengala: nada halagüeño presagiaba todo ello
y se prepararon para lo peor.
1883. -Rocas inmensas y ciclópeas rodaron cerro abajo o se pararon
a media falda; una peña gigantesca de más de diez mil toneladas
sita a media montaña desde tiempo inmemorial, desprendióse
aparatosamente y reventóse en mil pedaPequeños acantilados
y rocas aisladas salpican las irregulares cotas lacustres y añaden
nuevos encantos al escenario tropical isleño.
Ríos propiamente dichos no los hay en Ontetepe debido a lo reducido
de la isla. Fuera de la Quebrada del Buen Suceso, de aguaabundante aunque
stlobre, "agua de cristal que se rompe entre caliguates mui murando la
más dulce de las ea ncioties y que nace el Tilgüe del tronco
de un enorme genízaro que da sombra i los hombres y a las bestias",
y del Istián, mencionando> más arriba, no existen n~ás
arroyos en el Concepción, pues el agua de lluvia se filtra rápidamente
a través te su suelo poroso.
En el Maderas, en cambio, densamente lorestado, de terreno más
asentado y ' compacto, brotan algunas fuentes y saltos, entre los que cabe,
mencionar: Balgües, La Fuente, ]'¡charla, San Pedro, etc. Cerca
de la cúspide, ajos 1.250 metros está la profunda y hermosa
laguna de Maderas, bordeada de profundos e impenetrables orillas; sus aguas
brotan por diversos puntos en forma:de escalonadas (aseadas para perderse
luego entre las piedras y las arenas volcánicas y reaparecer a pocos
centenares de metros del lago.
Es Orne tepe delicioso y hermoso jardín en el que los más
variado : y sabrosos frutos y productos tropicales crecen con profusión;
ubérrimos cafetales verdean en las templadas laderas del Maderas;
tabaco, de calidad superior se c ,secha en la llanura costera; algodón,
ajonjolí, arroz, frijoles, caña de azúcar, junto con
jugosas frutas de clima cálido, tales como naranjas, p:ipayas, mangos,
nísperos, cocos, etc., abundan en las secciones húmedas de
las pa: tes bajas y medias de la isla. Lastima que el transporte lacustre
sea tan deficiente que no permita unir como se merece la Isla (te Ornetepe
a la economía nacional.
En la actualidad, con amplias perspectivas turísticas y económit
as, el Ministerio de Obras Públicas construye la carretera que circunda
el Concepción y une Moyogalpa y Altagracia con otros pueblos zonas
ganaderas y agrícolas. De hecho, ya es una realidad y sirve admirablemen
t e los fines propuestos.

La explosión del Volcán Maderas
Pasó el tiempo; una madrugada la Naturaleza amaneció
temblando en la zona del Pacífico, desde Punta Cosigüina hasta
el Río San Juan. La tierra se ensanchaba desde sus profundidades
y crecían crestas que saltaban en explosiones de tierra revuelta
con lava hirviendo que al salir a la superficie chorreaba por las nuevas
laderas de aquellas montañas vivientes, que continuamente expulsaban
al aire grandes cantidades de piedras, cenizas, lodo y material candente,
que iban a caer en la distancia. De Norte a Sur se puede ver una fila de
montañas encendidas lanzando fuego sobre toda la franja nueva del
Pacífico, desde Cosigüina hasta el Lago Cocibolca. En el fondo
de las aguas, de este último que también sería llamado
lago de Nicaragua, se elevaron dos grandes moles de tierra, dos cerros,
uno de ellos volando fuego y arrojando gran cantidad de material incandescente
al aire, chorreaba lava por sus laderas hacia el agua del pequeño
mar, quien la enfriaba, saltando rápidamente el vapor por todos
los alrededores de aquel cerro que con el pasar del tiempo nuestros abuelos
llamarían cariñosamente COATLAN.
Fue tan grande la explosión del nuevo volcán que ese día
el cielo se oscureció y su material se regó por todo el Lago
Cocibolca, tocando hasta la Isla Solentiname donde ardió fuego,
mientras en sus alrededores se formaba una densa cortina de vapor que circundó
por todo este pequeño mar.
Por el Norte el volcán Mombacho, otro hijo de aquella fila ardiente,
castigaba con inclemencia la zona tirando desperdicios volcánicos
al aire, diseminándonos por toda esta parte del Lago,contiguo donde
tiempo después estaría enclavada la Gran Sultana, Granada,
formando lo que se conoce hoy en día como "Isletas de Granada".
Mar adentro, como testigo muda e inerte y desierta estaba la Isla Zapatera,
formada durante el primer cambio del valle a lago. Todo esto aconteció
por un lapso sin medidas, donde la Naturaleza fue moldeando esta tierra
que en un tiempo llegó a ser un inmenso valle de incalculable tamaño,
que cedió su territorio a las nuevas formaciones geológicas
y volcánicas, que dieron origen al Gran Lago de Nicaragua en esta
gran zona lacustre.
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