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| HISTORIA DEL MUNICIPIO DE RIVAS
P R E S E N T A C I O N
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EL MUNICIPIO DE RIVAS
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| HISTORIA DE LA ANTIGUA “VILLA DE LA PURISIMA
CONCEPCION DE RIVAS”
Antes de ocuparnos
con la debida extensión, de la actual ciudad de Rivas, es de interés
histórico ofrecer una sinópsis breve, de su antecedente urbano
inmediato “La Villa de la Púrisima Concepción de Rivas de
Nicaragua” y de la región en que se asentó el primer embrión
urbano de esa misma Villa
El
Valle de Nicaragua
Durante los dos primero
siglos de la conquista, los colonizadores españoles no fundaron
ningún pueblo de importancia en el Valle de Nicaragua, porque “en
la Provincia de Nicaragua no se hizo pueblo, porque ella es en sí
grande y está en el principio de la tierra . . .”
Durante esos dos
siglos, conforme documentos hoy conocidos, existían en el Valle
de Nicaragua los siguientes pueblos indígenas o barrios o parcialidades
como les llamaban los españoles: El pueblo de Nicaragua, residencia
del Cacique Nicaragua y capital de su señorío o cacicazgo;
Ochomboa, Tonalá, Zoagalpa, Popoyuapa, Nandapio, Apalota, Niratia,
Zacualapa, Managua, Monagalpa y Coyuagalpa.
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Estos pueblos eran estrictamente indígenas. A la sombra de esos pequeños poblados indígenas o mezclándose con los nativos, se fincaron los primeros colonizadores y sus descendientes, más tarde, formando sus fincas de cultivo. Residieron durante los primero años de labores en la ciudad de Granada y más tarde en sus propias fincas o heredades.
Los finqueros y hacendados españoles, primero y sus descendientes después, voluntariamente o perentoriados por las autoridades civiles y eclesiásticas, tenían que viajar con frecuencia a la ciudad de Granada, para cumplir con sus obligaciones de católicos.
Esta circunstancia
determinó a los propietarios a solicitar en el año 1607 al
Obispo de Nicaragua Fray Pedro de Villareal, la correspondiente licencia
para erigir una iglesia en el Valle de Nicaragua, bajo la advocación
de la “Santa Cruz”.
Alegaron ante el
Obispo los peticionarios, que les resultaba muy pesado ir semanalmente
o en épocas determinadas a la ciudad de Granada, para cumplir sus
deberes cristianos, pues los inviernos eran rigurosos y la estación
del verano, con fuertes soles, agrietaba los caminos.
Otorgada la licencia por el Obispo diocesano, fue aceptada por las autridades reales, pero sin ninguna ayuda económica de la Corona para la construcción del proyectado templo, como era costumbre que lo hicieran en tales casos. Eso frutsró el proyecto, pues los hacendados o finqueros, no aportaron de su capital el costo de la construcción.
Entre tanto, los mulatos del Valle construyeron una pequeña ermita, dedicada a San Sebastian, en terreno inmediato a la actual plaza de la ciudad de Rivas.
Históricamente la ermita de San Sebastián constituye el primer embrión urbano de la actual ciudad de Rivas.
El 5 de Octubre de 1657, cincuenta años después de las gestiones verificadas ante le Obispo Villareal, se obtuvo de la Curia nicaragüense el nombramiento del primer cura del Valle de Nicaragua, usándose como templo la ermita de San Sebastián, en cuyo derredor se habián construido y construían las primeras casita de la futura Villa.
El nombramiento del Cura del Valle de Nicaragua, despertó nuevamente el propósito de años anteriores y se inició finalmente la construcción de un Templo Parroquial; pero este nuevo intento se frustró, como en ocasión anterior aunque por diversa causal.
Un grupo de vecinos abogaba porque el nuevo templo debía construirse dentro del perímetro urbano del antiguo pueblo de Nicaragua, poblado por nativos y antigua residencia del cacique del mismo nombre; y otros disputaban para que el templo se levantase en el mismo asiento de la ermita de San Sebastián. La persistente pugna dió por entonces la determinación conciliadora de reparar la vieja ermita, que comenzaba a deteriorarse lamentablemente.
Sin embaro, prevaleciendo el criterio de los que querían la construcción del nuevo templo, en el pequeño poblado de la ermita, se inició muy lentamente la construcción del Templo, que despue?s de cien años, quedó concluido en 1717, muy cerca de la ermita de San Sebastián, que había logrado mantenerse en pie.
Ya para en ese entonces o sea después de dos siglos casi completos de iniciada la conquista, se había formado el primer pueblo de españoles y mulatos, etc., en el Valle de Nicaragua, a inmediaciones de la ermita antigua de San Sebastián, con nuevo y formal templo y con una población urbana de importancia en aquella época, con el nombre de Pueblo del Valle de Nicaragua, como indicación simple de su ubicación y con numerosa población residente.
Del padrón
levantado en 1717, resultó que el pueblo y el Valle de Nicaragua
contaban con 2,958 personas, entre españoles, mulatos, indios y
esclavos, cuya anotación racial figuraba al margen de la extensa
lista de vecinos, que más tarde fue enviada a la Capitanía
General de Guatemala y se conserva en el Archivo General de aquella nación;
de esos documentos tomaron los autores gran parte de las informaciones
que aparecen en esta obra.
ERECCION DE LA VILLA
El 15 de julio de
1717 se presentaron en la ciudad de Guatemala, ante el Maestre de Campo
Don Francisco Rodríguez de Rivas, Presidente en aquel entonces de
la Audiencia y Capitanía General de Guatemala, los comisionados
del Valle de Nicaragua, señores Don Salvador Granja y Don Marcos
de las Navas, solicitando que el Pueblo del Valle de Nicaragua, fuese erigido
en Villa, con todas las prerrogativas que en la época se concedía
a los pueblos de ese rango político-administrativo.
Los comisionados expusieron, como fundamento de su petición, lo siguiente: la existencia de quinientas familias; una población total de casi 3 mil personas; gran comercio en constante crecimiento; agricultura desarrollada; dos iglesias; necesidad de un Cura propio y residente; buenas casas de habitación, dispuestas en forma urbanística; necesidad de recibir, el pasto espiritual con frecuencia y una administración civil inmediata, pues dependiendo el Valle de Nicaragua de la ciudad de Granada, en lo administrativo y religioso, toda adminitración resultaba costosa y tardía.
En lo administrativo solicitaron los Comisionados: nómina completa de autoridades localse, con Alcaldes Ordinarios y de la Santa Hermandad; regidores, síndicos, alférez, etc.; señalamiento de ejidos y de propios; pastos baldíos y cuantas prerrogativas otorgaban las Leyes de Indias a los pueblos erigidos en Villa.
En cuanto al nombre de la Villa, los Comisionados sugirieron en sus memoriales, que llevara el nombre de Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora la Virgen María. Sin embargo, ya en la ciudad de Guatemala, para halagar la vanidad del Capitán General señor Rodríguez de Rivas, cambiaron definitivamente su indicación por el de “Villa de la Pura y Limpia Concepción de Rivas de Nicaragua.”
Mediante la tramitación
legal del caso, el Capitán General Señor Rodríguez
de Rivas, atendió provisionalmente el pedimento y con fecha 2 de
septiembre de 1718, expidió títulos de tal categoría
a los Capitulares de la Villa, que se organizó en ese mismo año
e inició sus actuaciones. Sin embargo, el título formal
fue librado por el Capitán General hasta el 29 de Mayo de 1720,
después de tramitaciones adicionales, informes en el terreno de
la nueva Villa, dictámenes, etc., con obligación de que los
interesados debían obtener la aprobación real dentro de los
cinco años subsiguientes.
LA JURISDICCION
DE LA NUEVA VILLA
La jurisdicción
de la Villa comprendió un territorio de diez y ocho leguas de Oriente
a Poniente y cinco de norte a sur y hasta seis o más, que debían
contarse las primeras, desde la Laguna de Granada (Gran Lago de Nicaragua)
hasta La Sabanilla y las otras, desde el río Ochomogo hasta la Mar
del Sur, comprendiéndose, además, en su jurisdicción
la Isla de Ometepe.
PRIMER AYUNTAMIENTO
DE LA VILLA
Los primeros funcionarios
de la nueva Villa, por compra al tesoro real y elección de cargos,
fueron: Alcalde Ordinario, Don Juan Antonio Pérez de Novoa; Alcalde
de segundo voto, Don Rodrigo Gómez de Valdivieso; Alférez
Mayor, Don Salvador de Aguila y Granja; Alguacil Mayor, Don Miguel de Vargas
y Ocampo; Depositario General, Don Marcos de las Navas; y Procurador y
Síndico General, Don José Antonio Bonilla. No se designaron
Regidores, porque los que habían ofrecido comprar tales cargos renunciaron
a sus pretenciones.
LA OLIGARQUIA RIVENSE
El gobierno local
de la nueva Villa se desenvolvió durante sus primeros años,
a satisfacción del vecindario y con afanes de progreso.
Desgraciadamente, la renuncia de algunos concejales y la muerte de otros, dejó solamente en funciones a Don Miguel de Vargas, Alguacil Mayor y al Depositario General Don Marco de las Navas, quienes establecieron la primera oligarquía en nuestro territorio o más bien gobierno de una sóla familia, durante casi quince años, amparados en la distancia de las autoridades de la Capitanía General, pisilanimidad del gobierno de la Provincia y los engorrosos procedimientos legales, fijados para corregir actuaciones punibles.
Los señores de Vargas y de las Navas convirtieron su administración en una verdadera dictadura, que tuvo por ley su capricho y la arbitrariedad y el más absoluto menosprecio a la propiedad, al ejercicio del comercio y las garantías ciudadanas.
Llegó a tanto
el mal procedimiento de dichos concejales, que sustituían a capricho
a los funcionarios y los removían cuando no acataban su voluntad.
Convirtiendo el gobierno municipal en gobierno de familia, el Alguacil
Mayor de Vargas, nombró su suplente a su hermano Don Alejandro;
a éste le sucedió después de tres años, su
yerno Don Lorenzo de la Peña; eligió y reeligió Alcalde
a su sobrino Don José Antonio Bonilla y finalmente, eligió
Procurador a Don Gregorio Baldizón, yerno del Depositario General,
Don Marcos de las Navas.
LA VILLA DE 1725
A 1735
No obstante la mala
administración del gobierno de familia de que hemos hecho mención,
la Villa progresaba en algunos sentidos, aunque sus vecinos sufrían
graves privaciones.
Para el período comprendido entre las fechas o años indicados, existían cuatrocientas haciendas de cacao y veintitrés fincas de ganado, desde cincuenta hasta cien reses y la agricultura se desarrollaba en la cantidad necesaria de producción, para el consumo del vecindario.
Por un error de los hacendados, habían escogido la zona marítima para la ganadería, en vez de la costera del Gran Lago, como la mejor. Esto dió origen a que ganados de raza no se aclimataran, con perjuicio del empeño por mejorar las calidades.
La carne solamente
la comían los propietarios de las fincas y sus operarios.
En la población de la Villa se desconocía casi por completo
y la que se conseguía era a muy alto precio; y cuando los oligarcas
Navas y Vargas intervinieron para remediar el mal, fue únicamente
en su propio aprovechamiento y en el de sus familiares y paniagudos, mediante
el pago de precios especialmente señalados para favorecerlos.
PRIMEROS PARROCOS
DE SU IGLESIA
Fue le primer Cura
Párroco de la ermita de San Sebastián y de la Villa, el Presbítero
Don Francisco del Valle y Valdez, nombrado por el Obispo Fray Dionisio
de Villavicencio. Tomó posesión del curato el 16 de
diciembre de 17631; y tres años después, el 12 de julio de
1734, fue nombrado Cura auxiliar, el Presbítero Don Juan Ruiz de
Ocaña, a propuesta del Capitán General Don Pedro de Rivera
Villalón, aceptada y confirmada por el mismo Obispo Villavicencio.
LA VILLA EN 1743
En el informe rendido
en 1743 a la Capitanía General de Guatemala, por el Ingeniero Militar
Español Don Luis Díez Navarro, sobre su visita a todas las
provincias del reino, al referirse a la Villa de Nicaragua, expresa lo
siguiente:
“A distancia de doce leguas de la ciudad de Granada y al sur de élla está la Villa de Nicaragua, que es españoles, mestizos y mulatos. Su trato es de cacao, que lo hay en muchas haciendas. Unido a dicha Villa está, hacia el norte de élla, el Pueblo de Nicaragua, que es pequeño y de indios. Su comercio es también de cacao, cocos, junco y palmas, de los que hacen sillas, baúles, papeleras, esteras y sombreros”.
LA VILLA EN 1752
Debemos al gran
Obispo y cronista español Fray Pedro Agustín Morel de Santa
Cruz, la más completa descripción de la Villa de Rivas, en
el año 1752, es decir, hace un poco más de dos siglos, con
informaciones sobre su jurisdicción, sus pueblos vecinos, gobiernos,
etc.
De su acuciosa “Relación de su Visita Pastoral” por todos los pueblos de su obispado, tomamos las siguientes informaciones.
Planta Urbana
La Villa de Rivas
estaba asentada sobre un terreno elevado, aunque desigual. Su altura
le proporcionaban aires frescos y un “cielo despejado y hermoso”.
Está a media legua del Lago, pero sus moradores “desprecian su agua
por gruesa y gustan más de la de pozos, que es delgada constantemente.
El clima es saludable y templado, especialmente por las noches y las mañanas.
Tenía la Villa un poco más de cien casas y muchas en estado de construcción. Las casas de paja eran cincuenta y las restantes de embarro y adobe. Las calles “poco perfectas y menos derechas”. Las viviendas ocupaban un espacio de diez y seis manzanas.
Entre sus edificios se contaban: la Iglesia Parroquial, techo de tejas y tres naves; poco capaz para su crecido vecindario. Tenía siete altares y una torre provisional, montada sobre cuatro horcones. Administraban la feligresía dos Curas Párrocos.
La antigua ermita de San Sebastián, tenía frontispicio de cal y canto; tres naves angostas; paredes de adobe y techo de tejas de barro. Era más pequeña que la parroquia.
Completaban la atención religiosa de la Villa y su comprensión administrativa: un Vicario Foráneo o departamental, como se dice hoy, con jurisdicción en el Valle de Nicaragua y en la Isla de Ometepe; cinco sacerdotes, un Colector y dos seminaristas.
Casa Cabildo
Era un edificio
grande, de adobes; artesón de maderas cuadradas y techo de tejas,
con portales elegantes que embellecían la Plaza Mayor, pues ocupaba
completa una de las alas de la palza.
Gobierno Político
y Militar
Además de
los Alcaldes, Regidores, Alguaciles, etc., del Ayuntamiento de la Villa
y empleados del orden civil, existía para el gobierno militar: un
Comandante, un Sargento Mayor y nueve Compañías; siete de
a ie y dos de montados, con un Comisario General. Cada Compañía
se componía de cien hombres, sin contar con su cuadro de Oficiales
y Jefes.
La dotación militar de la Villa, como anota el mismo Obispo, “no corresponde al corto vecindario de la Villa, aun tomando en cuenta los pueblos y barrios de su jurisdicción.
LOS PUEBLOS DE LA
VILLA
Existían,
afirma el Obispo Morel de Santa Cruz, doce pueblos o parcialidades, designados
conlos siguientes nombres: Río de Enmedio, o Aposonga; San Esteban,
Popoyuapa, Potosí, Apompuá, El Obraje, Buena Vista, San Antonio,
Nagualapa, Chiata, Los Cerros y San Juan de Tola.
San Antonio, Nagualapa y Chiata, formaban realmente un sólo pueblo, con dieciocho casas de tejas y cuarenta y cinco de paja. Otro tanto ocurría con San Esteban y Popoyuapa, formando un núcleo de población de veintiseis casas de teja y ciento cuarenta y nueve de paja.
Potosí y Apompuá, contaban con veintiocho casa de tejas y cuarenta de paja. Los Cerros, tenían catorce casas de tejas y ciento diez de paja.
El Obraje y Buena Vista, contaban con dieciocho casas de teja y cuarenta y cinco de paja.
San Juan de Tola, ocupaba una espaciosa llanura, regada por el río de Brito. Era el poblado más bello de todo el Valle, por su situación. Tenía veintiocho familias y otras tantas casas de paja.
Carecía de Iglesia, pero había diez capillas o ermitas, en otro número igual de haciendas, construidas por sus propietarios para cumplir cómodamente con sus obligaciones cristianas, en días festivos. A los servicios religiosos de estas ermitas eran “admitidos los comarcanos”, evitándoles los inconvenientes del viaje a Rivas.
Antes de proseguir con las informaciones del Obispo Morel de Santa Cruz, es importante indicar: que llama mucho la atención que en la enumeración de pueblos de la Villa de Rivas, no haga mención ni referencia alguna al Pueblo de Nicaragua, que nueve años antes había visitado y conocido el Ingeniero Díez Navarro, señalando su gran importancia industrial y su comercio en cacao.
No podemos, desde
luego, afirmar si ya para el año 1752, había desaparecido
totalmente el pueblo donde residió el Cacique Nicaragua, pero sí
es posible que haya venido muy a menos en el año de la visita del
Obispo Morel de Santa Cruz y que ya para en ese año, como indicio
de su subsiguiente desaparición como poblado de importancia, haya
perdido hasta el derecho de una mención, pues el Ingeniero Díez
Navarro expresa que “era pequeño y de indios”.
EJIDOS MUNICIPALES
Conforme información
que se nos proporcionó en la Secretaría del Concejo Municipal
de la ciudad de Rivas, el municipio carece de tierra ejidales.
Tal información nos llamó mucho la atención, pues entendíamos que la Villa de la Purísima Concepción de Rivas de Nicaragua, de cuya historia completa nos ocupamos en el capítulo siguiente, conservaba los que le fueron otorgados desde su erección política en Villa.
Documentos existentes en los Archivos de la Nación, en la República de Guatemala, comprueban que le fueron concedidas cuatro leguas en cuadro como jurisdicción, con sus ejidos correspondientes, “sin afectar los derechos de los indios del pueblo de Nicaragua y de los vecinos del lugar”.
En esos mismos archivos guatemaltecos, existen documentos en que consta que cincuenta años después, en 1778, se mandaron componer o remedir las tierras ejidales del Municipio de Rivas, habiendo iniciado sus operaciones el Medidor el 18 de agosto de 1778.
De los documentos
en cuestión se deduce que los ejidos de la Villa de Rivas, comprendieron
una extensión apreciable de tierras aledañas al asiento de
la recien erigida Villa.
HACIENDAS
En la jurisdicción municipal se
encuentran varias haciendas, siendo las más importantes: San
Alejandro de la firma Alejandro Urcuyo y Compañía;
Las Lajas y San Felipe, de Don Manuel Centeno Miralda; El Vergel, del Doctor
Julio C. Páez; La Calabria y Los Pochotes, de Don Eugenio Morice;
y San Esteban de la Sucesión de Don Fernando Delgadillo Cole.
Todas estas haciendas son de ganado, aunque
algunas tienen extensiones dedicadas al cultivo de la caña de azúcar
y pequeñas siembras de cereales.
FINCAS
Existen en la compresión rural
del municipio, aproximadamente treinta fincas de ganadería; treinta
y dos de caña de azúcar, de las cuales la mayoría
tiene trapiches; y en el ramo agrícola menor o de siembras, treinta
y cinco fincas.
COMERCIO
La ciudad de Rivas, como eje del comercio
departamental, es a la vez la principal y única plaza comercial
del municipio. Al tratar de la ciudad de Rivas, nos ocupamos extensamente
de este aspecto de su vida económica y de la de su municipio.
VIAS DE COMUNICACION
La ciudad de Rivas constituye una central
activa de las comunicaciones del municipio.
Magníficas carreteras de invierno y verano comuncan la ciudad de Rivas, con todas sus comarcas y en especial con los poblados semi-urbanos de La Virgen, Popoyuapa, El Rosario y La Puebla. La comunicación con el poblado de La Virgen es pavimentado, sobre la arteria internacional de la Carretera Panamericana del Sur.
Las carreteras de penetración hacia las haciendas y fincas de la jurisdicción municipal, son abundantes y de permanten servicio. Puede decirse y afirmarse qaue no existe un recodo de la comprensión municipal que no tenga su arteria vial de contacto con la ciudad de Rivas, cabeza del municipio y del departamento.
De la ciudad de Rivas salen carreteras macadanizadas hacia los pueblos vecinos de Tola, Belén, Potosí, San Jorge, Buenos Aires y San Juan del Sur, siendo pavimentada la distancia que separa el poblado de La Virgen, de la ciudad y puerto de San Juan del Sur.
AGRICULTURA
El municipio de Rivas es esencialmente
ganadero y agrícola. Como zona ganadera ocupa el primer lugar
en el departemento y con preminencia en la República.
La calidad y número de sus haciendas de ganado y fincas de agricultura en general, constituyen positiva riqueza municipal y departamental.
En materia ganadera, su producción
es selecta, abundante y de gran valor comercial. En producción
agrícola, produce abundante maíz, frijoles, caña de
azúcar, etc. El cultivo de frutas, famoso en la República,
tiene innumerables variedades y de un sabor exquisito, como son sus mangos,
nísperos, jocotes, etc., etc.
POBLACION DE LA VILLA Y SU JURISDICCION
Incluyendo a los pobladores de la Villa,
el total de habitantes de su comprensión jurisdiccional, era de
ochocientas familias, con un total de confesión y comunión
(dice el obispo cronista) de 4,534 vecinos, sin incluir los niños
y “numerosos forasteros que arriban continuamente para el ejercicio del
comercio”.
AGRICULTURA DE LA VILLA
Las fiestas, afirma Morel de Santa Cruz,
eran fértiles y propias para todos los cultivos de América
y Europa. Producían abundante y preciado añil, vainilla
y cereales. Sus principales cultivos e industrias estaban representados
por la ganadería, la caña de azúcar, el cacao, cales
y sal marina de comer.
Había cinco trapiches de gran producción y numerosos trapiches de producción mínima o media; veintiun haciendas de ganado mayor y trescientas diez de cacao; dos plantas productoras de cal y numerosas salinas en la costa del mar. Habían sembrados y en plena producción: un millón trescientos cincuenta mil cuatrocientos cincuenta árboles de cacao. (1,350,450 árboles).
El diezmo annual sobre la producción ascendía a 6,000 medios, con valor de seis reales plata cada uno, lo que le daba a la Villa el primer lugar en todo el Obispado de Nicaragua, en aquella época.
RELIGIOSIDAD DEL VECINDARIO
Refiere en su relato de su Visita Pastoral
el Obispo Morel de Santa Cruz, que estuvo veintidos días en la Villa
de Rivas, que la Procesión de Penitencia, final de sus labores pastorales,
alcanzó ocho cuadras completas de gente, con una asistencia calculada
en tres mil personas, yendo algunos vecinos, en señal de penitencia,
“cargando cruces en las espaldas y dándose otros, azotes en el cuerpo”.
EXPEDICION DEL TITULO DEFINITIVO DE VILLA
Como en otro lugar expusimos, la Villa
de la Pura y Limpia Concepción de Rivas de Nicaragua, inició
su vida política con ese título, desde el 2 de septiembre
de 1718, en que le fue expedido con carácter de provisional
y con el que se le extendió el 29 de mayo de 1720, por la Capitanía
General, manteniendo igual carácter jurídico, pues quedaba
sujeto a la aprobación del rey de España, para los cinco
años subsiguientes.
Enviado el expediente al Concejo de Indias de España, el expediente sufrió daños durante el viaje marítimo. Esto obligó a reponerlo y a prorrogar por cinco años más, el término para la aprobación real definitiva del Título.
EL REY MANTIENE EL “STATUS DE VILLA” SIN
OTORGARLE EL TITULO
Repuestas las diligencias, llegaron al
conocimiento del Concejo de Indias, cuyo organismo manifestó su
conformidad con la extensión del título, en demanda presentada
al monarca español; pero el rey, en Cédula expedida el 16
de septiembre de 1727, aprobó en principio que la Villa continuara
gozando de tal prerrogativa, ordenando al mismo tiempo seguier algunas
investigaciones sobre la cuestión religiosa, para que fuesen oídos
los Curas de Granada y los propios peticionarios, sobre la cuestión
jurisdiccional de la Parroquia, a fin de proveer con su resultado la extensión
del título definitivo.
RIVAS PIDE SE LE ELEVE A “CIUDAD” EN VEZ
DE VILLA
Cincuenta y dos años después
de lo antes narrado, aun no se había logrado que la Corte de Madrid
aprobara definitivamente la expedición del título de Villa.
Esta circunstancia y el incremento de toda índole alcanzado por la Villa de Rivas, determinó que sus vecinos solicitaran que de una sóla vez, se les confiriese el título de CIUDAD, que juzgaban merecerlo ampliamente.
El 28 de agosto de 1779, el apoderado de los rivenses en Madrid, Don Narciso Francisco Blásquez, presentó a nombre del Concejo, Justicia y Regimiento de la Villa de Rivas, un nuevo pedimento para que se le otorgara definitivamente el título de Ciudad.
SE OTORGA, POR FIN EL TITULO DE VILLA
Cuatro años más tarde y
por insistentes gestiones en la Corte de Madrid, con fecha 5 de Febrero
de 1783, la Cámara del Concejo de Indias pidió al rey, con
su consulta favorable, que se concediese el título solicitado, con
calidad de definitivo, a la Villa de Rivas.
Por fin, en Cédula Real expedida por el Rey Carlos III, en San Ildefonso, el 19 de septiembre de 1783, confirió definitivamente a Rivas, el título de VILLA, bajo el nombre júridico de “VILLA DE LA PURISIMA CONCEPCION DE RIVAS DE NICARAGUA”; pero le negó el título de Ciudad, por carecer la petición de cambio de un título por otro, de las formalidades ordenadas por las leyes y reglamentos.
Del texto de la Cédula Real de confirmación y extensión definitiva del Título de Villa, se desprende que se redujo el número de funcionarios de su Cabildo, Justicia, etc., que provisionalmente había elegido durante más de sesenta años.
“… he resuelto, expresa
la Cédula Real, aprobar todo lo actuado en cumplimiento de la citada
mi real cédula, la de diez y seis de septiembre de 1727 y confirmar,
como por la presente confirmo, el privilegio de VILLA, con la denominación
de la PURISIMA CONCEPCION DE RIVAS DE NICARAGUA, que en veintinueve de
mayo de mil setecientos veintiseis, confiriío Don Francisco Rodríguez
de Rivas, al Valle de Nicaragua, con la jurisdicción de cuatro leguas
en cuadro, que con arreglo a lo dispuesto por las leyes, le están
asignadas y demarcadas, pero con la expresa calidad de que por ahora no
se haya de componer el Ayuntamiento de élla, de más individuos
que dos Alcaldes Ordinarios, dos de la Hermandad, elegidos anualmente unos
y otros por el Cabildo y éste, de un Alférez Real, un Alguacil
Mayor y dos Regidores sencillos (excluyendo al Depositario General, que
he resuelto generalmente se extinga en todas las villas y ciudades donde
le hubiere); los cuatro oficios, igualmente que el Escribano de Número
y Ayuntamiento, deberán correr bajo la base de vendibles, como lo
han sido hasta ahora, acudiendo los compradores a obtener mi Real confirmación,
pues el Síndico Procurador y el Mayordomo de Propios, no componen
ni deben componer número, por ser peculiar del Concejo y Ayuntamiento
su nominación; y por lo que respecta al Título de Ciudad
y demás que pretende, además de que el poder conferido por
ésta, no se refiere a esta solicitud, no vienen instruidas y formalizadas
como corresponde, debiendo oírse a cuántos tengan motivo
de contradecirlas, he resuelto asimismo que la nombrada Villa acuda a proponer
e instruir categóricamente su instancia, ante el Presidente de la
Real Audiencia de Guatemala …”
ESCUDO DE RIVAS
El escudo del municipio de Rivas es el
escudo de armas de 1717 cuando el Valle de Nicaragua es elevado al rango
de Villa, cambiando el nombre por Purísima Concepción de
Rivas. Es un escudo colonial.
SIMBOLOS
1. Una corona imperial de la Purísima
Concepción, por el nuevo nombre de Purísima Concepción
de Rivas de Nicaragua.
2. Un par de estrellas de seis puntas a ambos lados de la corona.
3. Paisaje geográfico: los dos volcanes de la isla de Ometepe y las ondulaciones representan las aguas ddl,lago Cocibolca.
El itsmo Rivas,
mayor anchura 67.5 Kms.menor 17.6 Kms.
en
el Pacifico es paso obligado para entrar y salir del país por la
frontera sur
Rivas
está ubicada a 111 kilómetros de Managua, en el extremo sur
de Nicaragua y tiene una población de 44,634 habitantes. Rivas
goza de una estratégica y envidiable ubicación geográfica,
a sólo cinco kilómetros del Gran Lago Cocibolca y doce de
las costas del Océano Pacífico.
Disfrute
una tarde refrescante en el Parque Central de Rivas, bandadas
de ruidosos chocoyos, regresando a sus nidos en edificios y templos historicos,
es impresionante los miles de chocoyitos verdes, amarillos , rojos
y naranjas vivos. Visite la centenaria iglesia parroquial
de San Pedro, considerada la cuarta más importante del país.
La iglesia San Francisco, terminada de construir en 1778 y que sirvió
de primer convento a los Frayles Franciscanos.
EL ESCUDO DE LA VILLA DE RIVAS
Aún cuando no se ha encontrado
ningún documento comprobatorio de la figura y forma que tuvo el
escudo de la Villa de Rivas, ni con que documento de autorización
lo usó, es lo cierto que la Villa usó y tuvo escudo.
Tal vez más tarde se encuentren tales documentos, para determinar la exactitud de su figura y en que año y que autoridad le concedió su uso.
Lo único cierto e indubitado es que el escudo que usaba la Villa de Rivas, lo describe en su pedimento de fallo al rey, el Procurador en Madrid Don Narciso Francisco Blásquez, quien al respecto dice:
“Dispensarla también de la gracia de que el Escudo de Armas de que usa, compuesto de dos volcanes que se descubren junto al pueblo, y corona imperial de la Purísima Concepción, se adorne con uno de los blasones de vuestras Armas Reales, subrogando en lugar del nombre de Rivas, el apellido o distintivo de su Real Casa, que por bien tuviese…”
Por lo tanto, mientras no aparezcan documentos probatorios en contrario, el Escudo de Armas de la Villa de Rivas y que usó por largos años, debió ser el que describe su apoderado ante la Corte de Madrid, Señor Blazquez, en 1779, máxime que en la Cédula Real definitiva de la erección de la Villa, no se consideró su pedimento de reforma del escudo ni se negó por el rey la continuación del uso del antiguo.
LA VILLA DE RIVAS DURANTE EL SIGLO PASADO
La Villa de Rivas inició su vida
política en siglo pasado o siglo XIX, con su célebre levantamiento
libertario de los días 23 y 24 de diciembre de 1811 deponiendo al
Alcalde Don Agustín Gutiérrez y Lizaurzábal y demás
funcionarios coloniales, quienes fueron repuestos inmediatamente con criollos
del vecindario.
Los vecinos de la Villa de Rivas y, especialmente, los de San Jorge llevaron la iniciativa, secundándolos al amanecer del día 24 los pueblos de Belén, Potosí y comarcas aledañas, hasta completarse un número de aproximadamente cinco mil rebeldes al dominio de España.
El Vicario departamental y Parróco de la Villa, Presbítero Don Rafael de la Fuente, requerido por el pueblo, se puso al frente del movimiento y juramentó a los nuevos funcionarios, electos por el pueblo enardecido, a nombre del rey español.
La muchedumbre, por medio de diputados de su escogencia, presentó al Padre de la Fuente y autoridades criollas electas, un pliego conteniendo peticiones terminantes para la abolición de restricciones comerciales y reducción de impuestos y contribuciones, que fueron aceptadas de plano por el Vicario y la Asamblea Popular.
No contentos los patriotas con la deposición de las autoridades españolas, organizaron una Junta Gobernativa, eligiendo como Presidente al Padre de la Fuente; como Vocales, a los señores Presbítero Isidro Padilla, Don Agustín Gutiérrez, Don Benito Lizaurzábal y Don Manuel Marenco; y como Secretarios, al Presbítero Don Nicolás Silva y a Don Manuel Muñoz.
Durante dos días se efectuaron en las calles de la Villa, manifestaciones populares, finalizando el movimiento libertario con unTedeum cantado en el Templo Parroquial.
La llegada de las tropas españolistas de Cartago, solicitadas por el Obispo Gobernador Don Nicolás García Jérez, que entraron a la Villa a mediados de abril del año siguiente de 1812, puso término a la rebelión patriótica rivense; pero su éxito y los movimientos de la misma índole, verificados en San Salvador, León Masaya y Granada, prepararon el desarrollo del proceso de independencia de Centroamérica, que culminó en Guatemala el 15 de septiembre de 1821, con la proclamación de nuestra independencia del reino español.
EL TITULO DE CIUDAD
Aún cuando la Villa de Rivas no
había logrado un desarrollo urbano suficiente, en los años
subsiguientes a la independencia, su patriotismo demostrado en 1811 y su
riqueza agrícola e industrial, determinaron a la Asamblea Legislativa
del Estado de Nicaragua, a emitir en la ciudad de León, el decreto
de 20 de mayo de 1835, que en su parte resolutiva expresaba: “La
Villa de Nicaragua es declarada CIUDAD, con su propio y antiguo nombre
de RIVAS”.
PROGRESO URBANO
Muy lento pero progresivo fue el adelanto
urbanístico de la población de Rivas, desde la visita de
Morel de Santa Cruz en 1752 a la época de su erección en
ciudad, pues de dieciseis manzanas que tenía en aquel entonces,
apenas ofrecía una población de treinta, al medio siglo pasado,
con calles irregulares y de presistente mal trazado.
El pequeño rectángulo de seiscientas varas de Oriente a Poniente por quinientas de Norte a Sur, estaba estrechado o comprimido por la hacienda llamada de “Mongalo” por el Oriente; por la de Don Indalecio Maliaño por Occidente, llamada “Guadalupe” y por la hacienda “Santa Ursula” por el Norte. Posibilidad de extenderse el perímetro no existía síno por el rumbo Sur.
Las construcciones eran generalmente de horcones, con paredes de caña brava y embarro. Algunas era de adobes y de vieja estructura y muy pocas las de construcción firme, sólida y resistente.
En cuanto a edificios públicos solamente subsistían, muy deteriorados algunos, el templo, la Casa Cural, el Cuartel de las Armas y las ermitas de que nos habla el relato del Obispo Morel de Santa Cruz.
COSTUMBRES
La gente de los barrios o caseríos
vecinos a la población y aún de élla, acudían
a buena mañana o sea con el claro del amanecer, al Mercado y Rastro
para hacer compras de carnes y provisiones, regresando a sus respectivos
domicilios. El mercado era particular y provisional, hasta la construcción
del primero que tuvo la ciudad y del que adelante hablamos.
Había en la ciudad tres estancos o cantinas de expendio de licores. El principal, visitado por gentes de pro y del pueblo, estaba situado en el barrio de Punta Caliente, frente a la antigua casa que fue de Don Nemesio Martínez.
Frente a los estancos o cantinas se efectuaban todos los sábados por las tardes y hasta las diez de la noche, hora de ronda, bailes populare de sueltos, con marimba, guitarra y carraca.
Las canciones y músicas de moda eran el Zopilote, La Federacha y el Tallito de Ajonjolí. Era frecuente el canto con la música, y como moda de forasteros el de las “bombas”.
La clase social se reunía para tertulias de distracción, en determinadas casas y en domingos señalados. Tomaban refrescos y bailaban alegremente, sin faltar desde luego el consabido ejercicio de la tijera contra el prójimo.
Las damas y señoritas de la sociedad vestían túnicas de mangas largas; y la clase media y obrera, de camisa y guipil, con golillas vistosas y de extravagante colorido y la enagua o saya.
DIVISION CANTONAL EN 1858
El primero de Noviembre de 1858, con preocupaciones
de urbanismo, el Municipio dividió su jurisdicción local
y rural en doce Cantones bajo los nombres de: Cantón Oriental Urbano;
Cantón Occidental Urbano; Las Piedras; La Puebla; Veracruz; Cerros;
Los Horcones; El Rosario; Popoyuapa; San Isidro; Tortuga y Las Salinas
de Nagualapa.
En sesión municipal de 1o. de marzo de 1862, se dieron nombres a las principales calles de la ciudad, designándoseles con los de: Los Leoneses; Chaflán Grande; Santa Ursula; Calle Chiquita y Pancha Sarrias.
El flagelo del polvo durante la estación del verano y la época de fuertes vientos, determinaron a los munícipes de 1866, a solicitar de Don Enrique Gottel, la elaboración de un Plan de riego de las vias públicas urbanas, que no se logró llevar a la práctica.
EL TOLONDRON
Contiguo a la casa de Don Pilar Cubero
y en el patio del costado norte de la casa comercial de Don Francisco Tórrez,
se levantaba el histórico como antiguo TOLONDRON, formado por una
prominencia o loma de cascajo, en plena Calle Real.
El Tolondrón fue lugar de gran prestancia histórica. Le sirvió al General Bosque de parapeto o muro de defensa a sus tropas, durante la Batalla del 29 de Junio de 1855 contra los filibusteros de Walker, que habían ocupado la casa de Don Máximo Espinosa, frente al mismo Tolondrón.
Fue, precisamente, del Tolondrón de donde salió con la tea encendida en la mano, el héroe inmortal Emmanuel Mongalo, para realizar la “quema” del llamado Mesón de Espinosa, que provocó la derrota de los mercenarios norteamericanos.
En el predio del Mesón de Espinoza construyó más tarde una casa Don Indalecio Maliaño, que habitó después su hijo el Doctor Donoso Maliaño y sirvió posteriormente para mercadito, conocido en los anales de la localidad como el Mercado Viejo.
El Tolondrón desapareció en el año 1858, cuando el Alcalde Don Indalecio Maliaño, mandó abrir la calla que se conoció popularmente como Calle del Tolondrón.
EL PROTOCOLO MUNICIPAL
Antes de exponer el desenvolvimiento urbano
de la ciudad y los empeños progresistas de sus munícipes,
en aquella época, referimos como nota simpática del pasado
político de Rivas, el Protocolo que regía los actos oficiales
de sus autoridades locales.
El juramento prestado por los munícipes, al entrar en el ejercicio de sus funciones, era realizado ante una imágen del Cristo Crucificado, puestos de rodilla y con una mano en un ejemplar impreso de los Evangelios y la autoridad que tomaba el juramento, concluía con esta significativa como nobilísima profesión de democracia: “. . . y si vuestro comportamiento fuere contrario a la ley, Os haga responsible el pueblo, vuestro comitente”.
En el artículo 5o. del Reglamento de la Corporación Municipal, conforme mandato expresado en el Acta de 25 de junio de 1860, se ordena a los miembros de la Comuna: “Los individuos que componen este Honorable Cuerpo, asistirán a sus sesiones ordinarias o extraordinarias de frac, leva o saco y a las de Tabla, en traje de ceremonia”.
LA DESPOBLACION DE RIVAS
Durante la segunda mitad del siglo pasado
o siglo XIX la ciudad de Rivas y el departamento en general, sufrieron
fuerte despoblación, por dos causas muy diferentes.
La primera por la excesiva mortalidad infantil y aun de persona mayores, en cada salidad o cese de la estación lluviosa, provocada por el paludismo.
La segunda causa la originó la emigración casi masiva de sus habitantes hacia Costa Rica, huyendo de las frecuentes como criminales guerras fraticidas, provocadas por las ambiciones de poder y burlas a la libertad del sufragio. Esta emigración fue la primera consecuencia de nuestras luchas, que culminó con la irreparable pérdida de la región del Guanacaste, históricamente y por ejercicio de dominio, propiedad de Nicaragua.
Y la fuga de los rivenses no era por cobardía, como lo exponemos en el párrafo siguiente, síno por la dura como infame tarea de sacrificar vidas de hermanos, para satisfacer la perversidad de los políticos, en insaciable sed de mando y de riquezas.
LOS PACIFICOS RIVENSES
Los rivenses, héroes legítimos
de la nacionalidad y con su máximo representativo el poeta y Profesor
Emmanuel Mongalo, ofrendaron su sangre cuando la patria reclamaban su martirio
para la defensa de su libertad y territorio; y valientes, cayeron por centenares
en las jornadas de 1855 y 1856, para que sus descendientes y familiares
recordaran la rendición del bucanero Walker, el 1o. de mayo de 1857.
En cambio, esos mismos rivenses y no es deshonra recordar el apodo de patas de pluma que se les aplicaba, huín de nuestras luchas partidarias y fraticidas.
Los ríos Gil González y Ochomogo, fueron testigos de que compañias enteras de voluntarios con sondaleza al brazo, anochecían en las riberas de esos ríos, pero el sol de las mañanas iluminaba su fuga hacia Costa Rica, por los senderos de La Cuesta y Peñas Blancas, para no disparar un tiro contra el hermano nicaragüense.
EL COMERCIO RIVENSE
La ciudad de Rivas tuvo durante casi todo
el siglo pasado, un comercio representado por pequeñas tiendas,
que expedían productos extranjeros, llevados de Granada, de donde
llegaban a las clases pudientes y de relieve social “las modas y las novedades”.
La agricultura mantuvo siempre un ritmo de enrequecimiento general y de comodidad popular.
La vida era barata y la distribución de la tierra prolija. Las costumbres se mantenían con tintes coloniales, pues patrones y mozos y sirvientes, hacían la imprescindible siesta del medio día, aunque como es natural, con enormes diferencias en comodidad.
Los plátanos constituían para todos por igual, el pan de ronda y los aguacates y la carne; el arroz y los frijoles, logrados por trueque de las clases pobres, completaban una alimentación suficiente. Las frutas eran postre popular. Tres cabezas de plátanos valían cinco centavos y otro tanto en metálico, veinticinco rajas de leña de madero negro.
LOS PROFESIONALES DE RIVAS
Correspondió al Presbítero
Bachiller, de nacionalidad cuban, Don Tranquilino Núñez Herrera,
ser el primer inteligente en medicina que llegó a la ciudad, en
el último decenio de la primera mitad del siglo XIX.
Ya en la segunda mitad de ese siglo, Rivas contaba con los siguientes varones de ciencias y artes: el Escribano o Notario Don Rafael Pasos, el abogado Doctor Crisanto Sacasa, el Médico Doctor Felipe Sacasa, los farmacéuticos Cayetano Pizzi y E. Flint, el Agrimensor Don Carlos Arana, el pintor José de Jesús Velásquez, de la escuela guatemalteca de la época y el músico Don Ramón Aranda, que hacía prodigios con su clarinete.
Años más tarde llegaron a Rivas el Licenciado Don José María Hurtado, el Licenciado Don Francisco Padilla, oriundo de León y el más tarde ex-Presidente de Nicaragua Doctor Adán Cárdenas, insigne Médico rivense graduado en Italia.
Por esa misma época habían establecido boticas los señores Flint, Pizzi, Sacasa y J.L. Colle.
Durante la década de 1860 a 1870,
los funcionarios municipales rivenses dieron muestras de inquietudes administrativas
de progreso.
Se acordó en ese período, entre otras obras por iniciar, la instalación de “cualquier servicio de alumbrado público” y se mando levantar un Censo General de la ciudad y del municipio “con datos agropecuarios el último”, confiando esta misión a Don José Góngora.
Por esa misma época, el actual Parque Central que era tan sólo una plaza abierta, se mandó engramar, mediante contrato que al efecto se celebró con Don José de Jesús Alfaro.
Con objeto de rehabilitar la Vía del Tránsito, entre La Virgen y San Juan del Sur, se celebró un contrato en 1865, con Don Evaristo Carazo, para reestablecer la comunicación por medio de coches a tracción de sangre.
VIDA CULTURAL DE RIVAS
Fundó la primera Escuela Particular
que existió en la ciudad, Doña Catarina Navarro de Mongalo,
esposa de Don Bruno Mongalo, auxiliado por su hijo Bruno, en la década
comprendida entre 1830 y 1840.
Cooperaron en la fundación y mantenimiento posterior de la Escuela, diferentes personas, de aquella época, recordándose entre ellas a la ilustre dama rivense Do{a Inés Ruiz de Santos, Doña Teodora Elizondo, Doña Dolores Aranda y Doña Carmen Guerra.
Familia de merecimientos ciudadanos los Mongalos, debe recordarse que Don Bruno Mongalo Navarro fue el padre del gran héroe Emmanuel Mongalo y Rubio cuya biografía hemos publicado los autores en la obra “Historia de Nicaragua”, actualmente en uso en las escuelas del país.
LA PRIMERA ESCUELA MUNICIPAL
En el mes de enero de 1860 la Municipalidad
estableció la primera Escuela Municipal, con un sólo Maestro;
pero el aumento de los niños educandos obligó al municipio
en 1862 a votar la cantidad de veinte pesos para pagar otro profesor en
vista de los muchos niños y su posible aumento.
En Acta de 4 de febrero de 1861 el Municipio acordó presenciar en cuerpo los exámenes de su Escuela, bajo la administración municipal de Don Jorge Solano.
Y, en labor de estímulo para el estudiantado, crea la Municipalidad la “Banda de Aplicación”, para alumnos distinguidos, con una significativa inscripción en que se leía. “La Municipalidad de Rivas, premia a la Juventud Aplicada”.
Ya para el año 1863, la Municipalidad ha creado y mantenido Escuelas Municipales en El Rosario, Veracruz, Las Piedras, Los Cerros y Popoyuapa, cuyos exámenes presencian Delegados, quienes a la vez, las visitan trimestralmente para conocer su funcionamiento y adelantos.
EL COLEGIO DE RIVAS
Por acuerdo gubernativo de 20 de julio
de 1871, durante el gobierno de Don Vicente Cuadra, fueron aprobados los
Estatutos del “COLEGIO DE RIVAS”, para estudios de primaria y secundaria,
cuyo fundador fue el ilustre patricio Doctor y General Máximo Jérez.
En el mes de agosto abrió formalmente su primer curso escolar.
Fue le Colegio de Rivas, el primer “Colegio
Superior” existente en Nicaragua, pues fue fundado muy antes que lo fuera
el “Colegio de Granada”.
Ocupó la notable Casa de Estudios, primeramente, al fundarse, la parte oriental de la casa de Don Federico Ruiz. Servía de Salón de Actos la pieza que tenía piso de mármol blanco. Esta casa la ocupa hoy el Dentista Doctor Morice, frente a la casa de Don Melico Torrez Hurtado.
Después se instaló en la casa que construyó la Dirección Departamental de Estudios, com a cien varas al occidente de su asiento anterior, al mismo lado y en la Calle de San Francisco.
Por estos datos entendemos que la Placa de Bronce, que conmemora la fundación del “Colegio de Rivas” y su primitivo asiento docente, no corresponde ni al año ni al lugar en que se fijó o sea en el edificio de la actual Escuela “Engracia Chavez”, que fue realmente la segunda casa que ocupó el colegio en 1876.
En las aulas de Primaria se enseñaban: Lectura, Escritura, Gramática, Aritmética, Religión, Geografía, Gimnasia, Francés e Inglés; y en Secundaria: Algebra, Matemáticas, Geometría Plana y del Espacio, Historia, Geografía, etc.
Tuvo el “Colegio de Rivas” un profesorado selecto, bajo la dirección hábil, prudente y lebérrima del Dr. Jérez, hasta el extremo de permitir que los Padres Jesuitas impartieran sus enseñanzas de religión a sus alumnos y favorecer dentro del plantel y con su alumnado, medios culturales para allegar fondos para la construcción del Hospital.
En el “Colegio de Rivas”, en cuya fundación puso en evidencia la ciudad entera, su buena voluntad y afanes de cultura, estudiaron jóvenes de Rivas, Managua, Masaya y Granada; y atraídos por su fama, llegaron alumnos de Costa Rica, como los Viales; Vargas y Belmonte; los Dávila de Honduras y muchos más.
En el “Colegio de Rivas” se suprimieron los castigos infamantes y crueles, en boga en la época y se crearon los “Cuadros de Honor” y los certámenes públicos de sus más brillantes alumnos.
Labor importantísima y de trascendental repercusión futura para el departamento, fue la formación de Maestros de Educación Primaria. De sus aulas salieron con su título de Maestros: Francisco Hernández, Cupertino Gutiérrez, Ulpiano Fonseca, Hernán Arburola, Indalecio Bonilla y José Manuel Valdez.
Un año después de su fundación, el 3 de abril de 1872 se aprobaron a favor del “Colegio de Rivas”, los Reglamentos para impartir la Cátedra de Derecho Civil, en adición a las asignaturas impartidas, abriendo el camino hacia la fundación de la Media Universidad que tuvo Rivas en el siglo pasado.
LA MEDIA UNIVERSIDAD MERIDIONAL
El 21 de agosto de 1872 fueron aprobados
los Estatutos y Reglamentos de la Media Universidad Meridional, fundada
por el Doctor Alejo Mayorga, en cuyas aulas se impartieron las asignaturas
de: Anatomía, Fisiología, e Higiene, Patología
y Terapéutica, elaborados el diez y seis del mismo mes de agosto
por el fundador.
LA BANDA MUSICAL DEL PADRE GAMERO
Entre los años de 1875 y 1876,
el Padre Jesuita Luis Gamero, de quien nos ocupamos en párrafos
posteriores, músico y compositor, organizó y formó
la Primera Banda Musical de la ciudad. El Padre Gamero, al igual
que años más tarde lo hiciera el Padre Misionero José
Nieborowshy, en la ciudad de Boaco, fue Maestro, director y compositor
de su propio conjunto musical.
Del producto de sus labores, la Banda del
Padre Gamero, se reservaba una tercera parte para sus subsistencia, una
para el culto católico y otra para la fábrica del Hospital
de Rivas.
EL COLEGIO “LAS MERCEDES”
El 15 de julio de 1891 fueron aprobados
los Estatutos del Colegio de Señoritas “Las Mercedes”, de cuyo funcionamiento
no logramos ningún otro dato.
LA ESCUELA DE DOÑA JULIANITA
Dignos de grata recordación en
las páginas de la docencia nacional, son los ilustres y ya fallecidos
Maestros Don Leonidas Fletes y su esposa Doña Julianita Alvarez
de Fletes. Por este motivo y completando la historia cultural de
Rivas en el siglo pasado, hacemos mención de la Escuela de Primeras
Letras que fundó en la ciudad Doña Julianita, en virtud de
autorización gubernativa de 21 de junio de 1904 y cuya escuela con
carácter privado había fundado años antes.
EL CASINO DE RIVAS
Este centro social de gran prestigio en
el país y para la ciudad de Rivas, fue fundado a finales del año
1894.
Sus Estatutos fueron aprobados en acuerdo gubernativo de 9 de diciembre de aquel año y se inauguró solemnemente el 31 de diciembre del mismo.
Rivas puede justamente enorgullecerse de haber constituido con León, Granada, Masaya y Managua, las cinco ciudades de la República que tuvieron periódicos impresos en el siglo pasado.
Rivas, durante la segunda mitad del siglo XIX, tuvo tres periódicos: “El Porvenir de Nicaragua”, fundado, dirigido y administrado por Don Enrique H. Gottel en 1865; “El Telégrafo”, dirigido por el General Isidro Urtecho, Don Irineo Delgadillo y Don Francisco Padilla, de gran interés político; y “El Termometro”, fundado en 1878 por el ilustre hombre público e historiador nicaragüense Don José Dolores Gámez. Fue en este periódico donde se publicaron, por primera vez, versos de nuestro inmortal poeta Rubén Darío, constituidos por su poema “Una Lágrima”, verdadero canto elegáico consagrado a la muerte del padre de su amigo Don Victorino Argüello.
El Señor Gottel dejó su imprenta al ciudadano leonés Don Salvador Cerda y el Señor Gámez se fincó en Managua desde el año 1893, cesando la publicación de los periódicos mencionados, así como el “Telegrafo”.
EL TEMPLO PARROQUIAL
Durante la primera década de la
segunda mitad del siglo pasado, se inició la construcción
del actual como monumental templo parroquial de Rivas. Fue muy lento
el proceso de su terminación, pues para el año 1863 aun permanecía
inconcluso, según consta del Acta municipal del 23 de enero de ese
año, en que el Párroco y Vicario de Rivas Don Gregorio Jiménez,
solicita a la Municipalidad le pida al Obispo de Nicaragua un sacerdote
auxiliar para “dedicarse por entero a su terminación”, indicando
como el mejor candidato, al Presbítero Don José Asunción
Martínez, quien terminó definitivamente su construcción.
La estructura, de imitación de la
Catedral de León , que se inició por el Padre Jiménez
con la construcción de las torres y su estupenda cúpula,
retardaron muy justamente su terminación, pero no fueron vanos los
propósitos del gran sacerdote Padre Jiménez, pues Rivas puede
hoy enorgullecerse de poseer el tercer gran templo católico de Nicaragua,
de estilo eminentemente español.
LOS TEMPLOS DESAPARECIDOS
Tres templos católicos muy antiguos
desaparecieron totalmente, en el curso del siglo pasado o XIX. Son
estos los de San Sebastián, La Encarnación y la Ermita de
Guadalupe.
El templo de San Sebastián, vinculado intimamente al desarrollo de la ciudad, como base que fe de su asiento, según quedó expuesto en capítulo anterior, estuvo erigido muy cerca del más tarde llamado MESON DE GUERRA, una cuadra al sur de la actual Casa del Obrero de Rivas y casi frente a dicho Mesón.
Las ruinas de San Sebastián fueron demolidas con barrenas de pólvora en el año de 1871. Bajó el lugar que ocupó el Altar Mayor se encontró el tesoro sagrado del templo, consistente en monedas de la época y alhajas de oro y piedras preciosas, que se acostumbraba antiguamente depositar bajo el Altar Mayor de los templos en construcción.
Se afirma que este desaparecido e histórico templo estuvo construido, precisamente, frente a la casa de Don Francisco Sacasa. De sus ruinas salió con mechón encendido el héroe Juan Santamaría, en la batalla del 11 de abril de 1856, para incendiar el Mesón de Guerra, cuartel de los filibusteros de Walker, que después ocupó la casa del General Isidro Urtecho, donde se levanta un moderno edificio que ostenta una placa conmemorativa de aquella histórica jornada del patriotismo centroamericano y visitan y fotografían turistas centroamericanos y americanos.
De la desaparecida Ermita de La Encarnación solamente se recogen confusas y contradictorias versiones sobre su asiento, en tanto que la Ermita de Guadalupe, ocupó la entrada del antiguo y desaparecido cementerio de Rivas, a inmediaciones del río de La Pesa, llamado más tarde río del Rastro, y hoy conocido con el nombre de río de Oro.
SERVICIO SOCIAL EN RIVAS
La ley de 15 de abril de 1859, ordenó
la creación de Juntas de Caridad en los departamentos. La
de Rivas fue integrada en ese mismo año, por el Alcalde Don Tranquilino
Cantón y el Regidor Don Víctor Zamora.
La Junta no logró la fundación del hospital alguno. Su obra de legítimo esfuerzo y muy pobre servicio, fue la que más tarde fue llamada “CASA DE LA CARIDAD”, edificada en la salida antigua hacia San Juan del Sur, cincuenta varas al sur de llamada Plaza de San Pedro, ocupada posteriormente por la Alameda del cementerio.
Fue una casona antigua, con dos camas forradas con tiras de cuero o baqueta y sin otro mueble doméstico. Sirvió por largos años para proporcionar albergue a desvalidos, que en élla sin otro consuelo morían en santa paz.
El Hospital. El arribo de los jesuitas expulsados de Guatemala en 1871, por el General Justo Rufino Barrios, a playas nicaragüenses, hizo llegar a Rivas a los Padres Luis Gamero, Felipe M. Gardella, Ignacio Taboada y otros dos padres de apellidos Chrispoli y Posada.
Los ilustres sacerdotes no se dedicaron a fundar como ocurre ahora, Colegios que constituyen legítimas fuentes de enriquecimiento congragacional, al favor de la instrucción, síno a difundir el evangelio cristiano y a fundar obras de progreso y protección para los desvalidos y desheredados de la fortuna.
El Padre Gamero convocó una Asamblea Popular, a la que asistieron los miembros en funciones de la Junta de Caridad, el Prefecto del Departamento, munícipes, damas y caballeros de todas las clases sociales, para exponerle el proyecto de la fundación de un Hospital.
La idea fue acogida con entusiasmo y desintersada cooperación y el proyecto se convirtió muy pronto en realidad.
Se escogió para la construcción del Hospital, la esquina suroeste de la manzana del antiguo Convento de San Francisco. Uno de los padres jesuitas elaboró los planos y con paredes de adobe y techo de tejas de barro se logró su pronta ejecución y un año después de iniciados los trabajos, la obra quedó concluida.
Entre los arbitrios para allegar fondos para la obra social, el Padre Gamero y Doctor Máximo Jérez, Director del Colegio de Rivas, se pusieron en entero acuerdo y se organizaron certámenes públicos o kermeses intelectuales, como las llamó acertadamente el Doctor Manuel Pasos Arana, cuyo estudio histórico sobre la ciudad de Rivas nos sirve de base para las informaciones que en gran parte damos en este capítulo.
Los certámenes públicos se efectuaban entre los mejores alumnos del “Colegio de Rivas” y los vencedores recibían coronas de flores naturales y una bolsa de dinero, proporcionado por los padres de familia y personas entusiastas de la ciudad, que iba directamente a manos del Padre Gamero para impulsar los trabajos de su grande obra.
El antiguo Hospital, modernizado, con magnífica Capilla y adelantos científicos y con esmerada atención, continúa prestando sus servicios sociales a la ciudad y departamento de Rivas.
Lo atienden las Hermanas Josefinas y nuestras visita al plantel nos dejó satisfactoria impresión por su comodidad y aseo abosolutos.
LA ACTUAL CIUDAD DE RIVAS
Hemos comprobado documentalmente en capítulos anteriores, que la actual ciudad de Rivas y su primer embrión urbano, contigo a la desaparecida ermita de San Sebastián, no constituyeron ni fueron nunca la antigua y aborigen ciudad de Nicaraocalli, como afirman nuestros reputados historiadores Ayón y Gámez y otros, ni fue tampoco antecedente urbano de la población que llevo el nombre de Pueblo de Nicaragua, considerado como sucesor de la primitiva ciudad capital del reino nicaragua o nicarao.
Hacemos esta aclaración en forma precisa para que no se continúe manteniendo un error histórico que recientemente han repetido los ilustrados autores de un magnífico texto de Geografía de Nicaragua, de gran volumen, como aun se sigue repitiendo el error inveterado de llamar Nicarao, al cacique del istmo de Rivas, a la que su nombre era NICARAGUA y que después, con él fue conocida y llamada nuestra nación por los conquistadores.
En este capítulo nos ocupamos de la historia y detalles sobre la actual ciudad de Rivas, desde comienzos del presente siglo hasta nuestros días, en sus aspectos urbano, político, cultural, comercial, industrial, etc.
SITUACION Y CLIMA
La moderna y atractiva ciudad de Rivas
ocupa actualmente una superficie terrestre plana, con leves declinaciones
hacia el rumbo sur y el de oriente.
Está situada a sesenta y dos metros de elvación sobre el nivel del mar; a cinco kilómetros de la costa Sur – Occidental del Gran Lago de Nicaragua y a 12 de la costa del Océano Pacífico, ubicándose casi en el centro del largo que ofrece el istmo de Rivas, en dirección de Norte a Sur.
Por razón de su poca altura sobre el nivel del mar, su clima es generalmente ardiente, durante la época del “verano nicaragüense” y agradable en la época de lluvias; suavizadas ambas estaciones por los vientos del este y las brisas refrescantes nocturnas del Gran Lago.
Como promedio, la temperatura annual de la ciudad oscila entre los veinticinco y treinta y seis grados de calor, pero durante la mayor parte del año goza de la temperatura menor.
POBLACION Y VIVIENDAS
La población urbana, con sus barrios
aledaños, ha crecido notablemente durante los últimos cuatro
años, contando actualmente con doce mil trescientos habitantes (12,300
hab.), para el año anterior de 1969.
Las viviendas o habitaciones familiares de su población urbana alcanza la cantidad de un mil ochocientas, lo que le da un promedio de seis habitantes por vivienda u hogar familiar.
EL ACTUAL CONCEJO MUNICIPAL
Con toda franqueza y sin ánimo
de exagerar apreciaciones, los munícipes de Rivas constituyen, en
muchos aspectos, verdaderas excepciones en su categoría de funcionarios
de su Comunidad; y como caballeros cultos y capacitados de su medio social,
son auténticos valores de la ciudadanía rivense, departamental
y local.
El actual Concejo Municipal de Rivas, cuyos cargos obtuvo por elección popular, está integrado por los caballeros Don Carlos Argüello Guerra, ganadero del departamento, propulsor del progreso de la ciudad y del municipio y hombre de entusiasmo para cuanto se relaciona con la cultura y progreso de la ciudad de Rivas. El Señor Argüello Guerra desempeña las funciones de Alcalde Municipal desde hace tres años, con el reconocimiento y aplauso de la ciudadanía.
Actúan como miembros del Concejo Municipal, el Ingeniero Don Agustín Lacayo Vanegas, joven, caballeroso y culto profesional, quien goza de gran estima en el departamento; y completando la nómina de concejales y con categoría de Representante del Partido de Minoría, fígura el líder conservador, acaudalado hacendado rivense y ex-congresal de larga actuación en la cosa pública y política del país, el exquisito amigo y culto caballero Don Manuel Antonio Selva.
Pocas ciudades del país pueden ofrecer en el régimen de sus destinos políticos y progresistas, una nómina de más alta categoría ciudadana como ocurre con los Concejales del Municipio de Rivas.
Todos estos antecedentes personales del Concejo Municipal de Rivas, justifican la obra de progreso que ha podido lograr, con la cooperación y entusiasmo de sus compañeros, el Señor Alcalde Don Carlos Argüello Guerra, a cuyo impulso, gestiones y entusiasmo, Rivas, ha mejorado notablemente durante su administración local, no obstante la depresión económica que ha abatido al país y a la mayoría de sus departamentos, desde hace varios años.
PERIMETRO URBANO
El área del centro urbano de la
ciudad de Rivas abarca un rectángulo de catorce cuadras de largo
por seis de ancho; pero la ciudad se extiende en forma continua en diferentes
como populosos barrios, entre los que se enumeran como principales los
de: La Puebla, Obrero, Somoza, Mongalo y San Martín.
PAVIMENTACION Y ADOQUINADO DE CALLES
La parte céntrica de la ciudad
se encuentra casi pavimentada en su totalidad, con su extensión
de cincuenta cuadras. De éstas corresponden veinte a la Calle
del Ejército y a la Avenida que conduce al cementerio de la población.
La “Calle del Ejército” que conduce del centro de la ciudad a la Carretera Interamericana, ha sido adoquinada; y tanto esta obra como la pavimentación al Cementerio son obra de la actual administración, en cooperación con el Ministerio de Fomento de la República.
La actual administración municipal, bajo la progresista dirección y entusiasmo del Alcalde Don Carlos Argüello Guerra, ha modernizado pavimentado y adoquinado un total que sobrepasa los mil seiscientos metros cuadrados, ofreciendo a los viajeros el aspecto elegante de una ciudad moderna y atractiva.
Esperando el adoquinado, el Alcalde Señor Argüello Guerra, ha realizado el encunetado de otras calles y avenidas, con un total de mil quinientos metros lineales.
Para el mantenimiento de las vías públicas, un patrol trabaja constantemente en la reparación de éllas, sin los frecuentes inconvenientes de baches y aboyaduras en el pavimento o adoquinado.
LIMPIEZA PUBLICA
Rivas ofrece a los turistas el aspecto
absoluto de una ciudad limpia y bien presentada. Para obtener tal
prestancia, la Municipalidad mantiene en servicio permanente un camión
GMC de ocho toneladas y de bolquete, adquirido por el Alcalde Argüello
Guerra durante su administración local.
DESAGUES URBANOS
En años anteriores fueron frecuentes
en Rivas las inundaciones de algunas secciones urbanas, en ocasión
de fuertes lluvias y crecientes extraordinarias del Río de Oro.
Este problema fue resuelto bajo la actual administración municipal,
manteniendo el funcionamiento correcto de los desagües, en una extensión
de siete mil metros de longitud, para cuyo mayor eficacia se construyó
un puente sobre el río de Oro, conocido con el nombre de “Chepe
Cuadra”; de concreto, de cinco metros de ancho por ocho de largo; y tres
puentes de desagües en la parte Norte de la ciudad, en las boca calles
que covergen a la Carretera San Jorge, frente a los predios de la Escuela
de Santo Domingo.
No obstante el costo de esta clase de labores, la Municipalidad realiza actualmente, dos veces al año, la limpieza completa de los desagües de las aguas pluviales que cruzan sectores urbanos. El río de Oro es drenado también dos veces por año y extraordinariamente, después de fuertes lluvias durante la estación de invierno.
EDIFICIOS NOTABLES Y EL HOSPITAL INFANTIL
En los últimos treinta años,
la ciudad de Rivas presenta a sus visitantes el aspecto de una progresista
y hermosa ciudad. Más de cincuenta edificios de estructura
moderna, de cemento armado y elegante arquitectura se han construido durante
ese período; y recientemente se construye un bello edificio para
“HOSPITAL DEL NIÑO”, de dos pisos y que llevará el nombre
de “DOCTOR FRANCISCO URCUYO MALIAÑOS”, en merecido homenaje al ilustre
hombre público rivense Dr. Francisco Urcuyo Maliaño, actual
Vice-Presidente de la República y Ministro de Salubridad.
En la construcción de este HOSPITAL INFANTIL, como se le llama también, coopera eficazmente la Municipalidad que preside el Señor Argüello Guerra, con cemento, ladrillos y arena.
Entre los edificios antiguos, constituyen permanente ornato de la ciudad, la suntuosa y bella Iglesia Parroquial, considerada muy justamente como la tercera en importancia, de la República, por su admirable estructura de estilo colonial; el Palacio Municipal; la Iglesia de San Francisco, con más de ciento cincuenta años de existencia; el Hospital; el Casino de Rivas; y muchos otros de significación urbana elegante e histórica.
SERVICIOS PUBLICOS
La ciudad de Rivas cuenta con todos los
servicios propios de una ciudad moderna. Tiene magnífico servicio
eléctrico, propiedad de la Empresa Nacional de Luz y Fuerza; y el
agua potable, que pertenece a la municipalidad, como rica empresa de su
propio dominio.
Cuenta Rivas con Cuerpo de Bomberos y de la Cruz Roja. Hay dos mercados: uno, propiedad del municipio y otro particular, propiedad de Doña Guillermina Quintanilla de Chamorro.
En el nuevo Mercado Municipal se han realizado por la administración del Alcalde Argüello Guerra, vitales reparaciones de albañileria y carpintería; y en previsión de incendios, se efectuó un cambio total en las redes del servicio público.
Para la asistencia social de enfermos, cuenta la ciudad con magnífico y modernizado hospital, con eficiente servicio médico, de enfermería, equipos operatorios y la esmerada atención y administración de religiosas bethlemitas. Tambien existe una bien montada Unidad Sanitaria, dependencia directa del Ministerio de Salubridad.
Existe un Rastro Público higiénicamente acondicionado; y para su mejor eficiencia y salubridad de los productos procesados, el actual municipio hizo construir dos sumideros y se han cubierto convenientemente los que sirven para almacenamiento de materias desechadas.
PARQUE CENTRAL
Rivas tiene un bello y arborizado Parque
Central, conocido con el nombre de “PARQUE CENTRAL” en honor del ex-Presidente
rivense Don Evaristo Carazo. Fue construido durante la administración
local de Don Maximiliano Cerda, habiendo efectuado el plano el Ingeniero
Don Francisco Durán.
El parque ocupa la manzana que está al costado occidental del Templo Parroquial. Tiene un precioso kiosko, cuya obra inició el recordado patricio rivense Don Constantino Urcuyo y concluyó el Alcalde Lotario Gómez, a quien se debe también la construcción de la elegante Fuente de Agua, con extraoridinaria y curiosa decoración.
Ofrece el “Parque Carazo” varios monumentos destacándose el busto y columna en mármol de carrara del ex-Presidente Don Evaristo Carazo; y con motivo del Primer Centenario del Nacimiento de nuestro inmortal poeta y escritor Rubén Darío, celebrado en enero de 1967, se erigió por el Alcalde Don Víctor Manuel Chamorro, una elegante columna conmemorativa, con un Medallón del Panida, obsequiado a la ciudad por admiradores darianos de la República suramericana del Brasil.
LUGARES DE RECREACION Y PASEO
La ciudad de Rivas cuenta con encantadores
y bellos lugares de recreo y para baño y natación, como son
los balnearios enclavados en el área de su municipio y conocidos
con los nombres de La Virgen y Los Pochotes, asi como las pintorescas aldeas
o pueblos de La Virgen, El Rosario, y Popoyuapa, sin perjuicio de sus haciendas
aledañas, con edificios modernos elegantes y arborizaciones pintorescas,
en muchas de las que aún se yerguen majestuosas y encantadoras las
alamedas de sus afamados mangos y ricos frutales y caña de azúcar.
Atractivo especial de los turistas son
las alamedas de mangos de las entradas de la ciudad y de sus salidas a
comarcas y valles; y merece recordarse que más de un poeta del siglo
pasado, enamorado de los paisajes aledaños a Rivas, cantó
con entusiasmo las lunas brillantes bajo la frondosa penetración
de luz, a través de su ramajes admirables y románticos.
HOTELES Y RESTAURANTES
Para comodidad de turistas y visitantes,
tiene la población dos buenos hoteles: “El Centroamericano”
y “El Central”, con apartamentos cómodos, cuartos higiénicos
y con servicios privados, así como excelente alimentación
y moralidad indiscutidas.
Hay también dos buenas pensiones y algunas casas de huéspedes, donde el viajero recibe atención esmerada por bajos precios.
ESTABLECIMIENTOS COMERCIALES
Existen en la ciudad de Rivas diez establecimientos
comerciales de primera categoría, con presentación elegante
y amplio surtido de mercaderías y artículos de lujo, como
“La Principal” de Don Manuel Torres y Compañía, que construye
actualmente y en parte céntrica, un moderno y amplio edificio de
cemento armado; “La Sin Rival” de Don José María Rodríguez;
la tienda de Don Ronald J. Castillo; la de Don Aarón Quant y otras.
Los establecimientos comerciales de los señores Castillo y Rodríguez, tienen secciones de bien surtidas librerías.
Existen varios establecimientos de ferretería; y más de cuarenta negocios de misceláneas. Estableciemientos de comestibles y pulperías, pasan de un centenar.
En el ramo industrial existen dos plantas pasteurizadoras de leche y una fábrica de hielo, asi como planteles de fabricación de artículos de cuero curtido, cerámicas y arte decorativo, lográndose en ese último género, verdaderas creaciones de belleza y arte.
AMBIENTE SOCIAL
Rivas tiene desde muy antiguo, justa fama
y renombre por la distinción de su ambiente social, en las diversas
capas sociales. Sus pobladores gozan de reputada y exquisita educación
y cultura. Como centros sociales, la ciudad cuenta con el “Casino
de Rivas” o Club Social; la “Casa del Maestro” y la “Casa del Obrero”.
CASA BANCARIAS
Tanto el Banco Nacional de Nicaragua,
el Banco de América y el Banco Nicaragüense tienen sucursales
en la ciudad de Rivas, en mérito al movimiento comercial, agrícola
e industrial de la región urbana, municipal y departamental.
El Banco Nicaragüense, cuyo movimiento bancario supera a las otras instituciones establecidas en Rivas, tiene un bello y amplio edificio de cemento armado, frente al Parque Central. Inició sus operaciones hace diez años, con cinco empleados y hoy tiene la categoría de Sucursal, a cuyo frente se haya un caballero de alta cultura y distinción, como lo es el joven economista Don Luis Pineda Muñoz.
Es digno de señalar que el Banco Nicaragüense, Sucursal de Rivas, ha iniciado con rotundo éxito una verdadera campaña popular para el ahorro, como el mejor medio de protección para la familia.
TEMPLOS RELIGIOSOS
Rivas cuenta con su imponente Iglesia
Parroquial católica y con los templos de San Francisco, joya arquitectónica
de la época colonial y de resistencia absoluta pues resistió
victoriosamente la conmoción del Terremoto del año 1844 de
que hablamos en otro lugar.
Existen también el templo de San
Antonio y bien dotadas Capillas en el “Asilo Rosendo López” y en
la Universidad Agrícola, llamada antes “Escuela de Agricultura”.
La religión evangélica protestante tiene un hermoso templo
en la ciudad y varias capillas en la jurisdicción municipal.
RIVAS EN LA CULTURA
De hace veinticinco años a la época
actual, la ciudad de Rivas se ha convertido en Ciudad de Estudios, por
los numerosos centros educativos que posée y algunos con renombre
internacional como la actual “Escuela Internacional de Agricultura”.
Instituto Nacional “Rosendo López”. Ocupa actualmente su propio edificio, construido durante la administración presidencial del Doctor René Schick. Ocupa una extensión amplísima para deportes y tres bloques extensos para las aulas. Es sin ninguna duda, uno de los mejores edificios de la ciudad y un centro de gran prestigio en la dolencia, por la disciplina y competencia de su profesorado.
La Escuela de Agrigultura. Inició este centro sus labores docentes en el año 1951, en la finca que para ese efecto donó la familia Maliaño de Rivas, al obispado de Granada. Fue en sus comienzos una Facultad de Veterinaria, bajo la supervisión de la Universidad Católica Centroamericana; pero hoy es una institución oficial, como dependencia del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la República.
Regentan el centro reverendos padres dominicos, de diferentes nacionalidades, logrando la extensión de 479 títulos académicos, en las ramas de Peritos Agrónomos, Peritos en Veterinaria y en Agrimensura, durante las diez y seis promociones que ha realizado hasta el pasado año de 1969. Actualmente se construye su propio y moderno edificio que vendrá a constituir una obra monumental de progreso urbano.
El Colegio Santo Domingo de Gúzman. En moderno y elegante edificio propio, funciona este centro educacional fundado por Fray Domingo del Pilar Hernández. Toda la estructura del edificio sigue la técnica pedagógica para comodidad de los educandos y eficiencia de la actuación del magisterio.
Otros Colegios. Existen también en Rivas el colegio de “Nuestra Señora de Fátima”, regentado por monjas dominicas; el “Colegio San Martín”, con programas de ciclo básico; y el Colegio de “El Nazareno” fundado por pastores evangélicos.
Escuelas Públicas Nacionales. Más que escuelas, son verdaderos colegios, los centros educacionales del estado, como “El Sagrado Corazón de Jesús; el el “Engracia Chávez”; y los que llevan los nombres de “General José María Moncada”, “General Anastasio Somoza Debayle; “Eloy Canales”; “Leonidas Fletes”, “Reginalda Mejicano”; y numerosas escuelas de primeras letras.
HOMBRES ILUSTRES DE RIVAS
Rivas se enorgullece muy justamente de
ser cuna de patricios de nuestra nacionalidad, de nuestra nacionalidad,
de héroes y talentos de gran merecimiento cultural y reconocimiento
nacionales. En Rivas nacieron: Don Blas Antonio Sáenz
y Don José J. Alfaro, que ejercieron interinamente la Jefatura del
entonces Estado de Nicaragua; Licenciado Don Laureano Pineda, figura prócer
e integérrima, que ocupó el honroso cargo de Jefe de Estado
de Nicaragua; el Héroe Nacional Emmanuel Mongalo y Rubio, Maestro,
escritor, poeta y figura inmortal de la batalla del 29 de junio de 1855
librada en la ciudad de Rivas contra los filibusteros de Walker.
Rivenses fueron también, los expresidentes de Nicaragua Don Evaristo Carazo y el Doctor Adán Cárdenas, éste último, además, uno de los grandes médicos del país, graduado en Italia; Don Venancio López, que fue Jefe Interino del Estado en Guatemala; Don José Dolores Gámez, historiador, político, polemista y militar valeroso; el General Isidro Urtecho, militar y escritor y Don Irineo Delgadillo, probo ex-Ministro de Hacienda de la República.
Rivenses fueron, además, Don Juan J. Ruiz, ex-Ministro de varias carteras, en diferentes Gabinetes Oficiales; el Doctor Daniel Velázquez, eminente médico y ex-senador de la República; Don Denis Najarro, ex-senador de la República; el Doctor Ponciano Muñoz Pineda, de abolengo patricio, gran médico e investigador científico; y la estupenda figura del Ingeniero Don José Andrés Urtecho, atildado escritor y político, egresado de la Academia Militar de West Point, de los Estados Unidos de América.
Y como pérdidas recientes, rivenses fueron los ilustres caballeros Don Clodomiro Urcuyo, ex-Ministro de Educación Pública y Don Constantino Urcuyo, ex-Diputado al Congreso Nacional; ambos de grato recuerdo , hombres de trabajo y empresas; probos, íntegros en su credo político y amantes de su ciudad natal y de su patria, como lo fuera también el ex-Senador Don Fernando Delgadillo Cole, Congresista por varios períodos constitucionales.
ESCRITORES Y POETAS
Rivenses de méritos intelectuales
han sido los novelistas Julio Jérez Castro, Guadalupe Briceño
y Paulino Reina, fallecido el último, trágicamente, en México;
Gilberto Barrios y Gabriel Urcuyo, autores de una Antología Poética
Rivense; Pablo R. Jiménez, autor de varias obras filosóficas
y literarias de gran mérito y ex-Senador de la República;
Julio Linares, José Cruz Muñoz, David Bayardo Herrera, Francisco
Obando Somarriba y José del Carmen Muñoz U.; y en los campos
del periodismo y del magisterio: Luis F. Lacayo, Manuel y Pedro Rafael
Pasos, Eloy Canales y muchos otros de difícil enumeración.
Y finalmente, rivenses fueron y son todavía algunos, verdaderos exponentes del saber nacional, como el Dr. Manuel Pasos Arana, Salvador Castrillo, Francisco Torrez Fuentes, Rafael Urtecho Sáenz, Alejandro Martínez Talavera, el poeta y escritor Alberto Guerra Trigueros; y la destacada personalidad del eminente médico, poeta y escritor, Doctor Francisco Urcuyo Maliaños, actual Vice-Presidente de la República y Ministro de Salubridad, educado en México y con aplaudida carrera diplomática.
NOTABLES DAMAS RIVENSES
Y en justicia, es necesario mantener vivas
en el recuerdo de las actuales y futuras generaciones, a ilustres damas
rivenses, como Doña María Asunción Hurtado de Cárdenas,
esposa del ex-Presidente Doctor Adán Cárdenas; Doña
María Barrios de Guardia, esposa del ex-Presidente de Costa Rica,
Don Tomás Guardia; Engracia Chávez, insigne educadora de
múltiples generaciones y Susana y Rosario López Carazo, fundadoras
legítimas del “Asilo Rosendo López”.
Por la índole y breve extensión de esta obra, narramos sucintamente 4 de las graves tragedias que tuvieron por teatro el asiento urbano de la ciudad de Rivas, durante sus doscientos cincuenta años de existencia.
La primera ocasionada por la acción violenta de la naturaleza; y tres por la ación bélica de los partidos políticos e históricos de la Nación, en su funesta e incontrolable ambición de ejercer el poder público, culminando la última con la derrota de los filibusteros de Walker con una página muy dolorosa pero de fraternal reconsideración de la conducta de los bandos en lucha, con la cooperación de tropas centroamericanas en 1857, después de la guerra fraticida iniciada con un desembarco revolucionario y partidista en el puerto de El Realejo, el 5 de mayo de 1854.
EL TERREMOTO DE 1844
Un violento terremoto, ocurrido el 29
de abril de 1844, espantoso y terrible por sus consecuencias en víctimas
humanas y daños materiales, sacudió con furia el asiento
urbano de la ciudad de Rivas, con movimiento de trepidación y oscilación.
La destrucción de la ciudad fue casi completa. Templos, edificios públicos y de particulares se derrumbaron estrepitosamente, resistiendo la fuerza brutal del sismo, solamente el templo de San Francisco y las casas de Don Bruno Mongalo, la de Don Francisco Guerra y la del Presbítero Don Pedro Avendaño.
El número de muertos subió a más de quince personas y el de heridos a más de un centenar, pues la tragedia revistió carácteres de excepcional trascendencia, por haberse desarrollado el sismo en horas del medio día, cuando por costumbre inveterada y tradicional, los vecinos se habían entregado, confiados y tranquilos, a sus siesta ordinaria y de cada día, tanto más profunda cuanto el terremoto tuvo ocurrencia a la hora más rigurosa del mes de abril.
LA BATALLA DEL 29 DE JUNIO DE 1855
La guerra fraticida entre legitimistas
y democráticos había cumplido en el mes de junio del año
1855, su primer aniversario de desastrosa y criminal carnicería
y destrucción del país, sin que la victoria favoreciera a
ninguno de los dos partidos en contienda.
El partido Democrático, en intento de una victoria decisiva sobre sus adversarios Legitimistas, hizo llegar al país una falange de soldados mercenarios, procedentes de los Estados Unidos de América, al mando del bucanero William Walker, desembarcando en el puerto de El Realejo, el 13 de junio de 1855.
“. . . Walker dejó la Falange en Chinandega – afirma el historiador masayés Licenciado Jerónimo Pérez y habiendo pasado a León, tuvo una entrevista con el Presidente Provisorio (el democrático Don Francisco Castellón) y con el General Muñoz, cuyo resultado fue un disgusto entre el primero y el General Muñoz, por cuanto éste se opuso abiertamente a que los americanos tomasen parte en la cuestión de Nicaragua. Walker pretendió un pasaporte para regresar, o servir al Gobierno Provisorio, pero de ningún modo bajo las órdenes de Muñoz”.
“El fin -- prosigue el historiador Pérez – fue que se convino en una expedición de extranjeros y nicaragüenses sobre el departamento de Rivas, con cuyo objeto se dió a Walker el nombramiento de Coronel; se mandó al Teniente Coronel Félix Ramírez que alistase doscientos hombres y con ellos marchase bajo el mando de Walker . . . Ramírez no reunió más de cien hombres nativos . . . El 23 de junio salió El Vesta de El Realejo, conduciendo 55 norteamericanos y 100 nicaragüenses, que tenían por jefes inmediatos al citado Ramírez y al Coronel Mariano Méndez”.
“El 27 saltaron a tierra en el punto llamado El Gigante y en el acto partieron para Rivas, llevando de guía a Don Máximo Espinosa, conocedor del terreno y que iba nombrado Prefecto del Departamento . . . Walker apareció (en la ciudad de Rivas) el 29 en la mañana, logrando algunas ventajas al principio, de manera que hizo notable daño en las filas legitimistas, en particular cuando se encerró en una casa perteneciente al mismo Don Máximo Espinosa, de la que fue desalojado mediante muchos esfuerzos de valor, especialemente del distinguido joven Don Emmanuel Mongalo, que a pecho descubierto, se aproximó a la casa aplicándole fuego para incendiarla”.
“Oportunamente –continúa el mismo historiador—apareció en esos momentos el Comandante de San Juan del Sur, Teniente Coronel Don Manuel Argüello, con una Compañía, y atacando a los americanos por el flanco izquierdo, los puso en dispersión. Los Legitimistas tuvieron muchos muertos y heridos, contando entre los primeros al Coronel don Estanislao Argüello, y al joven patriota Don Francisco Elizondo. Los americanos tuvieron también varios muertos, entre ellos algunos jefes y oficiales. Los primeros que se pusieron en fuga fueron los democráticos, mandados por Ramírez, que se internaron en la República de Costa Rica. Walker y su Falange llegaron a San Juan del Sur y volvieron a El Realejo en el bergantín San José”.
Sobre esta misma acción, el propio
Walker en su obra “Guerra de Nicaragua”, afirma textualmente:
“Entonces los legitmistas quisieron pegar
fuego a las casas ocupadas por los democráticos, logrando incendiar
el techo de una de ellas. Hasta entonces había más
de quince americanos muertos o heridos, no quedando más de treinta
y cinco aptos para la pelea. La acción había comenzado
a las doce del día, y eran cerca de las cuatro cuando se dió
la orden de prepararse para la retirada. Hubo que dejar varios de
los heridos, pero a los que podían marchar se les comunicó
la intención de abandonar las casas, El enemigo, protegido
por la espesura del monte, se había reunido en bastante número
cerca de las casas, cuando se dió la orden de salida”.
El historiador salvadoreño Ricardo Dueñas VanSevern, en su obra “La Invasión Filibustera de Nicaragua y la Guerra Nacional”, editada en San Salvador en 1962, comenta esta derrota de Walker y sus tropas, en esta terminante forma:
“Walker juyó a través de la selva nicaragüense con rumbo a San Juan del Sur, adonde llegó en el estado más lamentable. Sus soldados con los uniformes desgarrados y ensangrentados, cojeando del cansancio o de las heridas; sucios y hambrientos, ofrecían el triste espectáculo de un ejército que ha sufrido una completa derrota”.
LA BATALLA DEL 11 DE ABRIL DE 1856
La grave situación de Nicaragua,
por la intervención decisiva de los filibusteros de Walker en su
destino y vida política, que ponía en peligro la paz futura
de Centroamérica y aún su misma independencia, determinaron
en el Presidente de Costa Rica Don Juan Rafael Mora, solicitar del Congreso
de su país la autorización de “tomar las armas por la República
de Nicaragua, para defenderla de los filibusteros y expulsar a los invasores
del suelo centroamericano”, convocándolo a sesiones extraordinarias
con fecha 27 de febrero de 1856.
Aceptada por el Congreso costarricense la decisión del Presidente Mora, por decreto del 1o. de marzo de 1856 fue declarada la guerra contra Walker y los filibusteros que ocupaban Nicaragua.
La primera victoria costarricense tuvo lugar en la célebre “Batalla de Santa Rosa”, librada en su propio territorio contra las tropas de Walker, el 20 de marzo del mismo año; y la segunda, en la “Batalla del 11 de abril en Rivas”, de la que nos ocupamos con la brevedad requerida por esta obra de índole conmemorativa de una efeméride histórica de la vida de la ciudad.
Después de la vergonzosa derrota de “Santa Rosa”, Walker trasladó sus tropas a Rivas. Mora se dispuso de inmediato a atacarlo, pero el Jefe Filibustero, en vez de esperarlo en la ciudad para resistir a sus enemigos, se trasladó a Granada. Esta circunstancia permitió a las tropas de Costa Rica la ocupación fácil de la Plaza de Rivas.
Ya en Granada, Walker comprendió su error y se dispuso a reconquistar la ciudad de Rivas y con su posesión la “Vía de Tránsito”. A las ocho de la mañana del 11 de abril de 1856 atacó ferozmente a los costarricenses, logrando por la sorpresa y violencia de su ataque, ocupar el centro de la ciudad, donde resistieron la furia de los ejércitos del Presidente Mora, parapetándose como lo habían hecho en la Batalla del 29 de junio del año anterior, en las casas del centro de la ciudad.
Las tropas costarricenses se dispusieron a incendiar los refugios de los norteamericanos. Correspondió al soldado Juan Santamaría realizar la arriesgada operación, viéndola coronada por el éxito, como antes lo había logrado nuestro héroe Mongalo en junio del año anterior, aunque aquél con el sacrificio de su vida, pues Santamaría murió al final de su misión, obligando el incendio de las posiciones de los filibusteros al abandono inmediato de sus refugios, quedando reducidas a cenizas numerosas casas del centro de la infortunada ciudad meridional.
“Convencidos de su derrota los norteamericanos afirma el historiador Dueñas Van Severen en su obra antes citada iniciaron la retirada de Rivas. Se ha criticado mucho la actitud de los Jefes costarricenses al permitir esta retirada. Todo indica que habría sido posible a los costarricenses encerrar a las tropas norteamericanas y terminar allí mismo la invasión filibustera”.
“Aquello d que “al enemigo que huye, puente de plata” –prosigue Dueñas Van Severen—bien puede aplicarse aquí. Sin embargo, mucho debe haber sido el cansancio y el aturdimiento, cuano ya lejos el enemigo, los costarricenses permitieron la salida del Capitán Norvell Walker, hermano del filibustero, quien agotado por el cansancio se había quedado dormido en la torre de la iglesia, despertándose en la madrugada para encontrarse en una ciudad en poder del enemigo. El hecho es que el hermano del filibustero, habiéndose quedado solo en Rivas, pudo salir de la ciudad sin dificultad y unirse a los suyos horas más tarde”.
“La aparición de la peste del cólera en el mismo de la acción del 11 de abril de 1856, diezmó grandemente a las fuerzas vencedoras del Presidente Mora; y su retiro hacia su país no se hizo esperar muchos días, abandonando la plaza de Rivas que sufrió una nueva y ruinosa tragedia de su vida, después de dos estériles victorias de los ejércitos de Costa Rica”.
EL SITIO DE RIVAS EN EL VERANO DE 1857
En intento de obtener la mayor brevedad
posible al referir esta etapa final de la Guerra Nacional de Nicaragua,
que culminó con la rendición de Walker el 1o. de mayo de
1857, copiamos el relato de las jornadas finales de los ejércitos
vencedores de Nicaragua y Centroamérica en aquella tragedia, de
la obra antes citada del autor Dueñas Van Severen, por estimarla
sucinta y veraz:
“El enemigo se había establecido en Rivas, y Heningsen había organizado la defensa de la ciudad. Rivas había sido escogida por el filibustero, por considerarla inexpugnable. Recordaba que él mismo había tratado, sin éxito, de arrebatarla a los legitmistas”.
“La última escena de la Guerra Nacional estaba preparada. Rivas habría de ser la última ciudad nicaragüense ocupada por el invasor. . . . . . . . Los Aliados no se dieron mucha prisa en intentar la captura de Rivas . . . Este tiempo fue aprovechado por Walker para atrincherarse mejor y ponerse en condiciones de resistir un sitio prolongado”.
“En esta situación se llegó a los primeros días de enero del año 1857. El 26 de enero los Aliados avanzaron hacia la pequeña población de El Obraje (hoy Belén), situada como a una distancia de tres leguas de Rivas, y el 28 las tropas de Cañas ocuparon la población de San Jorge, en donde alzaron barricadas y se organizaron para defenderse de cualquier ataque”.
“Estas preparaciones se justificaron plenamente
cuando en la mañana del 29, San Jorge fue atacada por tropas filibusteras
al mando de Henningsen. El ataque fue rechazado con pérdidas
para ambas partes . . . . . Un nuevo y mejor organizado ataque sobre
San Jorge fue dirigido por el propio Walker. Las tropas aliadas fueron
sorprendidas por el enemigo en la madrugada del 4 de febrero, pero pronto
se repusieron de su sorpresa y a las ocho de la mañana las cosas
se habían decidido a favor de los Aliados, y Walker regresaba derrotado,
una vez más, a Rivas. . . . “
“Sin embargo, la actividad militar continuó con pequeñas escaramuzas, ataques y contra-ataques de una y otra parte hasta el 16 de marzo, fecha en que Walker inició una nueva marcha sobre San Jorge, con un efectivo de 400 hombres . . . El ataque comenzó a las dos de la madrugada y se prolongó durante muchas, hasta que el filibustero, viendo a sus soldados fuertemente impresionados por el valor y empuje de los centroamericanos, ordenó la retirada”.
“El desorden más completo reinó en las filas de los extranjeros, y Walker mismo tuvo que huir hacia Rivas, a caballo. Una descarga le hirió en el rostro y llegó a la ciudad en la más lamentable de las condiciones, sólo para ser informado de que Rivas había sido atacado en su ausencia, y que el hospital que se había organizado estaba lleno de heridos”.
“El sitio de Rivas se prolongó innecesariamente durante todo el mes de abril. El 11 de ese mes, aniversario de la segunda batalla de Rivas, los Aliados lanzaron un fuerte ataque contra la ciudad, pero ya Walker había previsto esa acción de los Aliados y se había preparado para rechazarla. Sin embargo ya la aventura filibustera estaba llegando a su fin . . . . El 23 de abril intervino en forma decidida y decisiva el Comandante Charles H. Davis, del buque norteamericano “Saint Mary” . . . . Todas las vías de comunicación con los Estados Unidos estaban cerradas para los filibusteros. No había absoutamente ninguna posibilidad de salvar la situación y Walker debía rendirse. Ante el lenguaje contunddente, el filibustero tuvo que ceder. . . “
Y el primero de mayo de 1857, Walker capituló definitivamente; y con ese acto concluyó la terrible Guerra Nacional de Nicaragua, después de casi tres años de iniciada lamentablemente, en mayo de 1854.
¡AQUI FUE RIVAS! . . . . EN MAYO
DE 1857
Debemos a la gentileza del joven talentoso
juris-consultor y Diputado al Congreso Nacional de Nicaragua Doctor Roberto
Argüello Hurtado, poseer copia auténtica de la carta que fechada
en la ciudad de Rivas el 24 de mayo de 1857, envió Don J. Miguel
Cárdenas a su hijo, el más tarde Presidente de la República
e insigne médico rivense Doctor Adán Cardenas, cuando estudiaba
su carrera de medicina en Italia.
Ningún historiador nicaragüense ha pintado mejor el cuadro doloroso que presentaba la ciudad de Rivas, después de concluida la Guerra Nacional de Nicaragua, que el patricio rivense Don J. Miguel Cárdenas en la referida carta a su hijo, cuando apenas habían transcurrido veintitres días de la firma de la capitulación y rendición de Walker ante el Capitán Davis, final de aquella tragedia nacional.
He aquí, en lo conducente a nuestra obra, el patético relato de Don J. Miguel Cárdenas:
Rivas, Mayo 24 de 1857.
Señor Don Adán W. Cárdenas.
Génova.
Adorado hijito:
“Existimos por voluntad de la Divina
Providencia. Han pasado terribles cosas sobre tu país; hemos
padecido graves infortunios, aflicciones y congojas; pero hoy contamos
ya con paz, y por su medio, con el inestimable bien de poderte dirigir
noticias nuestras, ya que por un milagro sobrevivimos a tan gran catástrofe…….
…… Fue un consuelo para nosotros de mucho
valor haber recibido el 24 de abril, con once meses de retrazo y demora
y cuando menos lo pensábamos tu apreciable carta del 23 de mayo
de 1856, conducida por Don César Castigliolo que nos la dirigió
de León a San Miguel”.
“Ella llegó en circunstancias tristes para nuestro querido Rivas, último refugio de los filibusteros sitiados a la sazón por las fuerzas de los Estados de Centroamérica. El estruendo del cañón y del rifle eran repetidos por una y otra parte, y nosotros aquí en la Capellanía, éramos testigos inmediatos de una calamidad sin ejemplo, viendo con pena la pérdida o mutilación de nuestros conciudadanos en tan cruda como santa lucha, y la destrucción indefinible de nuestra ciudad, con el saqueo, el incendio y la inmoralidad que nuestros fieros enemigos la vivía perpetuando en ella”.
“Pocos días después de este acontecimiento notable para nosotros, tuvo lugar el 1o. del corriente la rendición de la plaza y entrega de las armas de los sitiados, mediante un tratado o convenio con el Comandante Davis de la Corbeta de guerra “Santa María” de los Estados Unidos anclada en San Juan del Sur, en el cual se comprometió a tomar a bordo al bárbaro caudillo Walker y algunos de sus jefes generales . . . . . Nuestras fuerzas ocuparon la plaza; pero en que situación? Sólo treinta y cuatro casas quedaron paradas, de las tres manzanas del centro, a saber: de San Francisco hasta la cas vieja de Abarca, a la par de la Parroquia; y de la de Don Carlos Bolaños a la de nosotros; y de la de Don Pablo Torrez (ya finado) a la de las Zapatas, a la par de la Parroquia; todas maltratadas a cañonazos. El resto es consumido hasta los últimos extremos de la ciudad por el incendio filibustero, con excepción al poniente, de las solas casas de Paulino Reyna, Robelo, Santa Ursula y Maliaño. También se encuentran en esta excepción las casas de las Pinedas y Juan Cárdenas, al Sur”.
“Esta ligera reseña te dará idea de la desolación en que ha quedado este pueblo, contándonos por mejor librado respecto de Granada, donde como habrás sabido, se sebó la voracidad de los malvados filibusteros, salvándose solo las más retiradas y pobres casuchas. De Masaya sólo queda la mitad; esto es, de la plaza para San Jerónimo, porque Monimbó quedó en cenizas, y en los otros pueblos no dejaron de haber incendios particulares, amén de robos en las iglesias. . . “
“Todo el ve