| De
este pueblo se tienen noticias desde el siglo XVII cuando se le conoció
con el nombre de “San Juan de Tola” por ser su patrono religioso San Juan
Bautista, según escribió el historiador Julián
N. Guerrero, en su Diccionario Geográfico de Nicaragua.
Guerrero afirmó que cuando Tola fue visitada en 1751 por el Obispo
de Nicaragua, Fray Agustín Morel de Santa Cruz, este poblado
solamente tenía 25 casas y aproximadamente unas 150 personas,
en su mayoría descendientes de las antiguas tribus que poblaron
todo el istmo de Rivas.
19 DE NOVIEMBRE DEL 2000 / La Prensa MOSAICO
Un vistazo por Tola, la Tierra del Tule
Noelia
Sánchez Ricarte y Orlando Valenzuela
El
nombre de Tola es de origen mejicano y significa “Tierra del Tule o tierra
de los tultecas o toltecas”, pero también tiene su significado en
idioma asiático sánscrito: “Tierra sagrada o tierra
incomparable”.
La
apacible vida del pueblo Tola se caracteriza por ser una zona rica en producción
de guineos y plátanos.
Tola ocupa el primer lugar en estado de pobreza.
Sin
embargo, este municipio, que es el más extenso de Rivas, en los
últimos años ha visto llegar un poco de progreso con la construcción
de más de 30 escuelas de primaria, 3 institutos de secundaria, 7
centros de salud, luminarias en varias comarcas y lo más importante,
una comunicación más fluida con la construcción de
la moderna carretera Tola-Rivas.
Un amplio parque luce frondoso, frente a la parroquia San Juan Bautista,
que forman el centro de este pueblo donde aún se conservan muchas
casas construidas de taquezal y algunas de amplios corredores que dan hacia
la calle.
Aunque el pueblo no cuenta con salas de cine, video ni centro de recreación
para los jóvenes, la juventud en este lugar es muy sana y en su
mayoría se dedican a actividades deportivas como el béisbol,
básquetbol o el fútbol, aunque hay algunos que prefieren
ir a Rivas a bailar a las discotecas.
Nancimí
Quizás
lo más acertado y por las mismas palabras de sus habitantes, este
lugar es considerado indígena porque aquí existe un gran
apego por el suelo, por la tierra, que era un sentimiento de nuestros antepasados.
Nohemí Bustos Palma es miembro de la junta directiva de la Comunidad
Indígena de Nancimí, la labor de este grupo que aquí
funciona como una especie de “jurado” es velar para que todos tengan su
pedazo de tierra, sin necesitar un título.
Ellos se reúnen cada sábado para plantear los problemas de
la comunidad, como por ejemplo si ocurrió algún altercado
entre vecinos.
“Es una especie de autoridad para que cada uno tenga su tierra y que se
viva en tranquilidad mientras tenemos vida, pues muertos no la podemos
llevar. Ella se queda”, dijo refiriéndose a la tierra.
La
producción de sal en ‘Las Salinas’
Mencionar un lugar conocido como “Las Salinas” quizás no refiere
algo particular, pero durante el verano luego de un proceso que implica
tiempo, paciencia y quizás ingratos resultados, aquí se produce
ese pequeño granito que acompaña los alimentos de su comida:
la sal.
En “Las Salinas” se encontraba don Roberto Bustos preparando un camión
que transportaba grandes cantidades de sal en “bruto”; que según
él anda por los cinco córdobas cada saco.
En vista de que en este lugar toleño no existen las condiciones
necesarias para obtener un producto acabado, los salineros no tienen
más que vender en bruto.
Para llegar a obtenerla pasa por todo un proceso que implica una inversión
por montones y escasas recompensas.
Y es que según este salinero, ese producto, muchas veces no tiene
salida inmediata y los impuestos siempre los pagan, asegurando que “son
muy altos”.
En
un primer momento se “bombea” el agua del mar hasta llevarla a unas pilas,
en este lugar permanece durante ocho días hasta que se evapora o
se “cuaja”, como dicen los lugareños; el paso final es sacarla
de las pilas y finalmente en muchos de los casos, embodegarla.
El único período en el que se puede producir sal es en verano,
pues en invierno obviamente el sol no evapora lo suficiente el agua
almacenada en las piletas.
Don Roberto refiere que en esta bodega hace tiempo existió un equipo
que permitía moler y yodar la sal, pero por falta de mantenimiento
y atención dejó de funcionar.
Después del verano, la desocupación aquí no existe,
pues según don Roberto la mayoría aprovecha para dedicarse
a la agricultura.
Tola
mensualmente exporta a Costa Rica unos 3,200 quintales de sal cruda a un
precio average de 1.20 dólar cada uno
la
comunidad de Managüita
Se ubica entre pequeños riachuelos y abundante vegetación.
Aqui
todavía se conserva la tradición de hacer los útiles
y milenarios comales y tinajas de barro.
Doña Clara Arcia Ruiz es habitante de la comunidad Managüita,
ubicada en el Municipio de Tola. Ella tiene ahora 87 años
y aprendió a elaborar ollas, comales y tinajas de barro por
herencia de su madre, este oficio lo practicó sin descanso
por un espacio aproximado de unos treinta años, asegurando que esta
labor le permitió mantener a sus cinco hijos.
Ahora en su vejez ella descansa y de su trabajo sólo le quedan buenos
recuerdos y ya no lo practica, pero esta herencia de antaño sólo
la comparte con una de sus hijas, ella es la única que aprendió
a realizar trabajos de barro y al parecer la tradición llegó
a su final, pues en la familia no hay nadie más interesado en conocerla.
LOS FAMOSOS JARRONES
El trabajo de barro se realiza de forma artesanal durante el verano y aunque
es una labor sacrificada, los ingresos económicos no son muy buenos,
pues el precio de éstos anda entre 6 y 8 córdobas.
El primer paso para elaborar ollas o jarrones, consiste en mojar el barro
“y amasarlo con arena, luego al día siguiente se hace una
tortilla, se palmea y se coloca en la parte de afuera de un molde”, comenta
doña Clara.
El molde elegido debe ser igual al de la figura que se quiere realizar
y sólo se cubre la parte de abajo para que después se pueda
sacarlo.
Ahora el paso siguiente es darle forma hacia arriba, eso se hace con el
dedo gordo, hasta darle la forma deseada, finalmente se coloca en el horno
por una media hora y listo el producto final.
Pero así como no se cumplió aquel presagio que reza “de generación
en generación” en cuanto a la realización de estos trabajos
de barro, también la demanda que hoy existe de los mismos ya no
es igual a la de años anteriores, pues ha disminuido.
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