Fundación : 1,920 Extensión
territorial : 339 kms² Límites Norte : Municipios
de El Jícaro y Murra. Sur : Municipios de San Sebastián de
Yalí y Santa María de Pantasma. Este : Municipio de Wiwilí.
Oeste : Municipio de San Juan del Río Coco. Población
22,987 habitantes. (Censo Nacional 1995). Urbana: 4,201 habitantes (18%)
Rural : 18,786 habitantes (82%) densidad poblacional es de: 68 hab/kms²
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SITIOS
TURISTICOS
Guambuco
(1.700) and Capire (1.550). 4.500 and 4.300 feet
Cerro
Flor Blanca,1,132 mts --Sangarro, 1,413 mts--Cerro La Picona, 1,869
mts.-- Cerro el Mogotón, 2,107 mts. Visite
el hermoso parque municipal de Ocotal una
obra ecológica digna de que otros municipios sigan el ejemplo: mucha
vistosidad, sus árboles, sus plantas, su kiosco y la estatua a Monseñor
Nicolás Antonio Madrigal y García.
Visite
el Majestuoso Río Coco por corre
por estas tierras, al igual que los ríos Jícaro, Quilalí,
Dipilto y Poteca, bañando Las Segovias.
Visite
2 sitios que revelan parte del escenario de lucha del General Sandino
El
cerro El Chipote (Quilalí)
Las
Minas de San Albino (Murra)
Monumentos
históricos
San
Francisco de La Paz,
Visite
el cerro La Pedregosa que se caracteriza por
sus
gigantes piedras de granito caladas con jeroglíficos, en San Fernando
"Parque
Mirador en el Cerro La Cruz" en Ocotal
Visite
la a
hermosa
cascada de El Rosario en Murra rodeada de una exuberante selva que la embellece
Visite
los vestigios del
monumento
al Cristo de Limpias
Y en
la cuesta del barrio Sandino, viste
La
Fortaleza, donde los españoles se atrincheraron
para defenderse de los ataques piratas.
"Ciudad
Vieja"
Fundada
en 1,500 por los españoles en lo que ahora conocemos como
Panalí (Quilalí);
Conozca
los vestigios de lo que en 1,531 se llamó El Pueblo del Espíritu
Santos, en Jalapa.
Además
visite , las ruinas de una villa tal vez una de las primeras fundadas
por los españoles- conocida como Santa María de la Buena
Esperanza en el Municipio de Santa María;
Conozca
lo que fue la primera reducción de Segovia en lo que ahora se conoce
como Ciudad Antigua y fundada en 1,611;
Visite
los túneles de las antiguas minas de oro en Macuelizo evidencia
viva de la explotación a la que fueron sometidos nuestros antepasados.
Montañas
del municipio: Guasapo,
Cerro
de La Cruz, El Cerro La Campana, Guásara
Cerro
Grande.
Rio
Dipilto
Rio
Macuelizo
Un
refrescante chapuzon frio en la Presa El Quebrantadero, ubicado 700 mts
snm y a un kilómetro al noroeste del
área
urbana del municipio de Ocotal.
Aqui
estan las famosas aguas termales en Las Brisas (Santa María)
Admire
el
Santuario
a La Virgen de La Piedra, en
el
pintoresco municipio de Dipilto
Visite
la
imagen
del Señor de Los Milagros, en Ciudad Antigua.
Visite
la Gruta de
Guadalupe,
en Mozonte.
Templos
de Ocotal:
El
templo Parroquial Ermita de San José,
La
Capilla de Jesús
Obrero,
Ermita
del Corazón de María
Discoteca
Star Light en Ocotal
Casa
de cultura se imparten cursos como: manualidades, danza moderna y folklórica,
teatro, música, clases de guitarra, pintura, dibujo y carpintería |
Jaimar Yomari, Reina
del Maíz
Orlando Valenzuela
En los últimos
tres años, Jaimar Yomari Meza López se ha ganado las cuatro
coronas de reina que han estado en disputa en certámenes de distinta
índole realizados en su natal comunidad de San Bartolo, Quilalí.
Jaimar Yomari tiene
17 años y estudia el cuarto año de secundaria en el Instituto
3 de Mayo, de San Bartolo, ubicado a una hora de camino de Quilalí.
La primera vez que
ganó una corona de reina fue el año antepasado, cuando resultó
ganadora del título de Reina del Maíz, pero no fue coronada
porque no llegó a su propia fiesta de coronación, ya que
era muy pequeña y sus padres no la dejaron ir al evento.
La otra vez que ganó,
fue el año pasado, cuando participó como candidata en el
certamen “Chica 22”. Recibió la corona el 19 de julio. Pero este
año le ha resultado más productivo que los otros, ya que
en marzo ganó la corona de reina de su Instituto, y hace apenas
unas semanas, volvió a ganar la de las Fiestas del Maíz.
Luciendo un ingenioso
traje elaborado con tusas, olotes, granos de maíz, mazorcas secas
y otros derivados, Jaimar Yomari no sólo logró impresionar
con su presencia, sino que también se ganó la aprobación
del público por sus amplios conocimientos del arte de cultivar esta
semilla, que es la base de la alimentación del campesino segoviano.
Cuando salga de su
secundaria, a ella le gustaría estudiar Medicina, pero si no se
puede, escogería Ingeniería en Sistemas. “La medicina sería
mejor, porque podría trabajar en mi comunidad, cerca de mi familia”,
dice con optimismo.
A pesar de su juventud,
a Jaimar no le gustan las telenovelas ni las películas, porque le
aburren y le causan dolor de cabeza. Pero sí le gusta bailar salsa
y escuchar las canciones románticas de Enrique Iglesias y las pop
de Shakira.
Un quinteto de talento
Orlando Valenzuela
Félix
Pedro González, Abel García, José Santos Centeno,
Erick y Alberto Rivera son los cinco integrantes del grupo musical de los
Campesinos de Vigía Norte, los que desde hace dos años intentan
darse a conocer mediante presentaciones que realizan en diferentes actividades
sociales y culturales efectuadas en su comunidad.
Félix es el
vocalista y a la vez director del grupo, mientras tanto Alberto se desempeña
como requinto, Abel toca el guitarrón, Erick ejecuta la vihuela
(instrumento musical de 5, 6 ó 7 cuerdas, antecedente de la guitarra),
y José Santos, la concertina (acordeón hexagonal u octagonal).
Además, el
grupo es acompañado en todas sus presentaciones por un dúo
de bailarines de su misma comunidad, los que por sí mismos llaman
mucho la atención por sus ocurrentes coreografías.
El grupo nació
a raíz de la ejecución de unos proyectos comunales en su
comarca, ocasión que sirvió para descubrir el talento artístico
que tenían oculto. A partir de entonces, sus integrantes se reúnen
para practicar y coordinar temas que surgen de su propia inspiración,
la mayoría de las veces, relacionados con sus propias vivencias
en el campo.
Don Félix
dijo que ellos tocan música folclórica nacional, pero también
hacen sus propias composiciones con ritmo y sabor muy a lo campesino. Aún
no han grabado ningún tema, pero ese es su sueño: “La idea
es grabar algunas canciones para pasarlas por la radio”, explica don Félix.
Ninguno ha recibido
clases de música, pero como ellos mismos dicen, “hemos aprendido
de oído”, escuchando y viendo tocar en las iglesias los domingos.
Por su misma condición
de agricultores, este quinteto actualmente realiza sus presentaciones artísticas
con instrumentos prestados, por lo que piden a las personas que puedan
ayudarlos a comprar sus propias guitarras y demás instrumentos,
que les envíen lo que puedan hasta la comunidad de Vigía
Norte, en Quilalí
El pan dulce de
Quilalí
Orlando Valenzuela
orlando.valenzuela@laprensa.com.ni
Redactor Viajero
Los pobladores de
Quilalí son muy hospitalarios, y parte de ese sentimiento de nobleza
lo expresan ofreciéndole al visitante una humeante taza de café
con rosquillas recién salidas del horno.
Por eso no es extraño
que en este pueblo existan muchas familias que se dediquen al negocio de
la elaboración artesanal de “hornado”, como es el caso de doña
Fidelina Siles, quien tiene 19 años de hacer riquísimas rosquillas,
hojaldras, empanadas y pan dulce de masa de maíz.
Doña Fidelina
dice que todos los viernes hornea pan dulce, el cual es vendido por sus
hijos en las calles del pueblo, aunque muchas personas prefieren llegar
a su casa a comprarle personalmente.
Dice que no sabe
cuándo aprendió a hornear, pues desde pequeña vio
cómo lo hacía su mamá, a quien le ayudaba, y un día
de tantos se puso a hacerlo por su propia cuenta. Pero de todas formas,
asegura que su horneado es igual o más rico que el de sus vecinas,
pues lo hace con mucho cariño |
Quilalí
resurge de la guerra
Orlando Valenzuela
Durante muchos años,
Quilalí vivió bajo el espectro de la guerra, hasta que se
firmó la paz en 1990. Desde entonces, la reconciliación ha
sido un proceso que ha tenido sus momentos de tensión, pero ya se
ha consolidado. Hoy Quilalí es un poblado en franco desarrollo,
con un pujante comercio en su casco urbano y un fuerte potencial agrícola
en el campo.
De no ser por el
general Sandino que durante su lucha nacionalista instaló su cuartel
general en el cerro El Chipote, el Ejército de los Estados Unidos,
que tenía intervenida militarmente Nicaragua, nunca hubiera construido
el campo de aterrizaje para sus aviones en la explanada del entonces caserío
de Quilalí, que distaba unos 25 kilómetros al Noreste del
campamento del jefe guerrillero, y este pueblo seguiría siendo un
punto sin importancia en la geografía política de nuestro
país.
Fue a partir de que
los norteamericanos llegaron a este lugar, que el poblado no sólo
tomó importancia militar, sino política y económica,
ya que para entonces muchas familias se afincaron en los alrededores de
la base castrense. Precisamente, la que hoy es la calle principal, era
en 1927, el largo campo de aviación que una vez que el Ejército
estadounidense abandonó Nicaragua, se convirtió en el centro
del casco urbano.
Pero la historia
del municipio de Quilalí no era tan intrascendente antes de la guerra
del 27, pues es importante recordar que en su territorio estuvo asentada
la primera ciudad de Nueva Segovia, que hoy se conoce como Valle de Panalí
de los cinco ríos. Esta ciudad fue fundada por el capitán
Diego de Castañeda en marzo de 1543, y abandonada en 1611 debido
a los constantes ataques de los caribes y de otras tribus de la región
Atlántica de Nicaragua. Otro factor que influyó en el abandono
fue lo inhóspito de su clima, y se presume que estos emigrantes
fueron parte de los primeros pobladores de lo que hoy es Quilalí.
Según don
Ernesto Morazán, cuando Anastasio Somoza García en 1954 ordenó
que se urbanizara este pueblo, a él y a Francisco Rodríguez,
ambos constructores, les correspondió hacer el trazado de las calles
y lotificar todo el terreno en medidas de 30 x 30 metros, los cuales eran
vendidos por la Alcaldía de entonces a trece córdobas cada
uno.
Durante muchos años,
primero contra la dictadura de los Somoza y después durante los
años ochenta, Quilalí vivió bajo el espectro de la
guerra, hasta que se firmó la paz en 1990. Desde entonces, la reconciliación
ha sido un proceso que ha tenido sus momentos de tensión, pero ya
se ha consolidado.
De la población
original ya casi no queda nada, pues actualmente la mayoría de sus
habitantes son inmigrantes casi en un ochenta por ciento, principalmente
llegados de Pueblo Nuevo, Estelí, La Concordia, Yalí, Jinotega
y otros poblados vecinos.
Quilalí goza
de algunos beneficios del desarrollo, como son sus calles adoquinadas,
agua potable, un hospitalito y un puente sobre el río Jícaro,
que comunica con Wiwilí. La mayoría de estas obras fueron
realizadas durante el gobierno de doña Violeta Chamorro.
Atrás quedaron
los tiempos en que los pobladores tenían que jalar el agua de la
quebrada en cojines de latas ensillados sobre el lomo de los burros, como
también ya casi nadie se acuerda de cuando las calles se alumbraban
con teas de ocote, y las casas con candiles de gas y carburo.
Hoy Quilalí
es un poblado en franco desarrollo, con un pujante comercio en su casco
urbano y un fuerte potencial agrícola en el campo, de donde cada
año sale una excelente producción de granos básicos,
especialmente maíz y frijoles. Cuenta con un regular servicio de
transporte hacia Ocotal, la cabecera departamental, así como algunos
lugares para pernoctar y conocer un poco de la tranquila vida que llevan
sus habitantes.
Para los que desean
estar en contacto con el mundo, existe TV por cable, con once canales a
su disposición. Y si lo que se quiere es divertirse bailando, para
eso está la discoteca “Segovia”, o si lo que desea es oír
música, allí están las tres radioemisoras: Stéreo
Quilalí, Stéreo Luz y Radio Chipote.
Ana Yancy, enamorada
de su terruño
Orlando
Valenzuela
Ana Yancy
Castro Rodríguez es la joven y alegre segoviana de 19 años
que el pasado 17 de marzo fue electa reina de las fiestas patronales en
honor a San José, patrono de Quilalí. Ella estudia el quinto
año de secundaria en el Instituto Nacional Autónomo de este
pueblo.
Su elección
fue realizada mediante competencias de carreras de cintas en las que participan
los mejores jinetes con sus corceles de la zona y que según el reglamento,
el que logra capturar mayor número de cintas, es el que tiene el
privilegio de escoger entre las candidatas, la que más le guste
para reina.
Ana Yancy es muy
optimista, pues piensa que su municipio es bastante progresista y que su
juventud es estudiosa y alegre como ella, quien sólo espera terminar
su secundaria para estudiar Administración de Empresas, carrera
que piensa desempeñar con mucha eficiencia.
Ella dice que el
mejor momento de la semana en Quilalí es el domingo, ocasión
en que casi todo el pueblo se traslada al estadio municipal para ir a ver
jugar béisbol.
Ana Yancy también
es una muchacha preocupada por el futuro de su municipio, por eso desde
hace dos años forma parte de una brigada ecológica que actualmente
está construyendo unos viveros para luego reforestar la cuenca del
río, y evitar que el problema de la escasez de agua se agudice.
Pero su preocupación
mayor es la juventud de su querido Quilalí, la que según
su opinión, después de largos años de guerra, ha empezado
a ser víctima del flagelo de la droga, lo que la motivó a
integrarse a la Red de Adolescentes, donde mediante talleres sobre drogadicción
y educación sexual, instan a los jóvenes a alejarse de las
drogas.
En Quilalí,
no sólo es admirada por ser la reina de las fiestas patronales y
ser buena estudiante, sino también por su alto espíritu deportivo,
ya que desde hace siete años practica voleibol, primero en el colegio
y ahora en el equipo de su instituto.
Pero quizás
lo que más la caracteriza es que es romántica y muy enamorada
de su terruño, por eso no duda en invitar a los turistas para que
visiten Quilalí: “Nosotros somos personas muy amables, aquí
a todo el que llega se le recibe muy bien”, afirmó con una hermosa
sonrisa a flor de labios.
La
rica montuca de Quilalí
Orlando Valenzuela
En la comunidad
de San Bartolo, ubicada a menos de diez kilómetros al sur de Quilalí,
doña María Magdalena Cano es la conocedora de uno de los
secretos culinarios mejor guardados, ya que ella es una de las pocas personas
que pueden elaborar la milenaria montuca, una especie de tamal con carne
de un sabor riquísimo.
Doña María
es originaria de Matagalpa, pero desde que llegó a Quilalí
sus familiares le enseñaron a preparar este manjar segoviano, el
mismo con el que ha participado en dos de las últimas ferias del
maíz realizadas en su comunidad.
Como nuestro personaje
culinario no es egoísta, con mucho gusto accedió a revelar
la receta para todas aquellas personas que quieran probar este tradicional
“aliño”.
MONTUCA
Ingredientes:
- Carne de cerdo
o gallina, según el gusto.
- Tusas de mazorca
de maíz tierno.
- Manteca de cerdo.
- Salsa inglesa.
- Achiote, ajo,
sal, margarina.
Preparación:
Se desgrana una
porción de maíz tierno, lechoso, y así crudo se manda
a moler fino al molino. Una vez molido, se prepara el mole rojo, que se
saca de majar el achiote, la salsa inglesa, sal, margarina y manteca.
Cuando ya están
listas las dos mezclas, se procede a preparar los envoltorios: se echa
en la tusa una porción de masa de maíz, a la cual se le agrega
una ración de carne; luego, sobre ésta, se echa un tanto
del mole preparado anteriormente, y se envuelven las tusas, que deben ser
amarradas con cabuya fina. La montuca da la impresión de ser un
tradicional tamal relleno, y también huele como ellos.
Después se
ponen a hervir como si fueran nacatamales, y se sacan hasta que la masa
está bien cocida. Normalmente se sirve caliente en un plato, pero
sin quitarle la tusa, que es la que le da ese saborcito a comida indígena
Un
constructor deportista
Orlando Valenzuela
El mayor orgullo
de don Danilo Antonio Balladares es ver la Iglesia y el Estadio Municipal
llenos de gente y decir para sus adentros: “Yo construí estas obras”.
Don Danilo dice que
nunca estudió arquitectura ni ingeniería, pero se graduó
con honores en la “universidad de la vida”, ya que desde los 14 años
abandonó el cuarto grado para trabajar como albañil, actividad
en la que acumuló experiencia, que le valió mucho cuando
a los 17 años empezó a trabajar en la mejor construcción
de la época: la Iglesia Católica del pueblo.
Antes de la construcción
de la iglesia, trabajó en la de muchas casas de adobe, taquezal
y madera. Ahora, don Danilo tiene 57 años, y sus 43 años
de experiencia en albañilería lo confirman como uno de los
mejores constructores de Quilalí y sus alrededores, a tal grado
que a él le dieron la responsabilidad de dirigir la construcción
del Estadio Olímpico Municipal, la mayor obra de arquitectura de
los últimos tiempos en el pueblo.
La misma necesidad
de entregar las casas que construía con todos los servicios internos,
hizo que don Danilo aprendiera en la práctica otros oficios afines,
como fontanería, electricidad y carpintería, por eso ahora
él mismo dice que las casas las hace con todo adentro, desde las
paredes, techo, piso, instalaciones de agua, luz y todos los muebles del
hogar. “Para que sólo llegue a meterse el propietario”, afirma.
Desde hace 30 años,
don Danilo tiene en su casa el taller de carpintería donde fabrica
puertas, ventanas, sillas, comedores, camas, roperos y muebles de oficina
y el hogar, así como también algunos implementos deportivos,
como bates de béisbol.
Es precisamente el
deporte su faceta más conocida, ya que desde hace 35 años
ha estado promoviendo las ligas campesinas de béisbol infantil y
juvenil en su municipio. Además, por muchos años jugó
este deporte en la categoría de mayor “A”.
Cuenta que jugó
béisbol en la época del “calzón chingo” y que recibió
entrenamiento del gran Stanley Cayasso y clínicas de Tony Castaño
cuando era jugador del equipo mayor de Quilalí, el mismo que logró
ganar tres campeonatos departamentales consecutivos y representó
a Nueva Segovia en tres campeonatos nacionales.
“En una ocasión,
cuando jugaba con el equipo en Matagalpa, nos enfrentamos a jugadores como
César Jarquín, Ernesto López, Antonio Herradora y
otros que después fueron grandes monstruos del béisbol.
“Recuerdo que en
el octavo inning, estábamos ganando, cuando a nuestro tercera base
se le fue un batazo fácil y allí perdimos el partido, pero
sentimos que fue una derrota con sabor a victoria”, dijo con orgullo don
Danilo, quien actualmente sigue promoviéndo el deporte a través
de la liga campesina de béisbol, en la que participan doce equipos
de las comunidades.
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